El policía municipal de Puebla de Sanabria, José Antonio Losada, se ha ganado el aplauso de los vecinos de la villa y especialmente de sus anejos: Castellanos, Robledo y Ungilde. En estos 50 días ha hecho jornadas de mañana y tarde visitando a los vecinos, casi todos personas mayores, residentes en los pueblos del municipio. El Ayuntamiento de Puebla estableció este servicio de ayuda a mayores y vulnerables, a través de la Policía local. Es el único municipio, entre los 28 ayuntamientos de la comarca de Sanabria y Carballeda, que tiene policía local.

Su jornada de trabajo en estado de alarma comienza por la mañana con un recorrido por los diferentes pueblos interesándose por la salud y el estado de ánimo de los residentes. A veces las personas confinadas lo cumplen por decreto y otras por sus propias limitaciones físicas o de transporte. A menudo es la primera conversación del día que rompe la soledad y la monotonía de personas que en muchos casos viven solas o son matrimonios de edad avanzada.

En este recorrido no se desatienden otras necesidades, como hacer compra en el supermercado o llevar los medicamentos. Los vecinos que lo necesitan llaman por teléfono para hacer los encargos a la tienda o el comercio. Una vez preparados los pedidos se les hace llegar con el coche patrulla.

El bienestar de los mayores es prioritario hasta el punto de que en alguna ocasión ha sido José Antonio Losada quien ha avisado al Centro de Salud de Puebla para comunicar el empeoramiento de alguna persona. Alguno de estos casos se ha recomendado la cuarentena si los síntomas eran compatibles con COVID-19 y bajo control médico, a falta de los test que no se han practicado en el medio rural y tan solo se han realizado al personal sanitario con síntomas. Su aproximación a los domicilios se efectúa con todas las medidas sanitarias previstas.

Los cometidos para este agente local han sido de lo más diversos, desde repartir material sanitario hasta felicitar los cumpleaños a niños y mayores. También ha tenido que ejercer su competencia sancionadora -casi testimonial- ante los incumplimientos de confinamiento aunque en este caso ha sido por personas procedentes de otros puntos que no respetaron la prohibición de trasladarse a segundas residencias.

La benevolencia se ha impuesto cuando alguien ha tenido que salir a por leña o a dar de comer a las gallinas. A lo largo del confinamiento lo que más preocupaba era saber cuándo podrían volver a trabajar los huertos, un antídoto de los mayores contra el aburrimiento y la falta de actividad física.