01 de abril de 2020
01.04.2020
La Opinión de Zamora
Crisis sanitaria global | El impacto de la pandemia en el mundo rural

"Emociona la respuesta de la gente"

Sanitarios de la ZBS Guareña adaptan su trabajo a la emergencia, compatibilizando las consultas con el seguimiento de casos, unos 70 entre diagnosticados y sospechosos

31.03.2020 | 19:15

"Esto nos ha pillado con el pie cambiado a todos, tenemos que ir resolviendo los problemas día a día e intentar organizarnos de la mejor manera". La emergencia sanitaria provocada por el coronavirus trastoca también el funcionamiento de la sanidad rural, cuyos profesionales deben ahora armonizar la atención a los pacientes de los pueblos con la gestión de los casos de infectados o sospechosos que van saliendo.

Como establece el protocolo, en el Centro de Salud de Fuentesaúco se ha organizado un sistema de atención con un equipo para urgencias normales, otro para urgencias respiratorias y otro para cubrir las demandas telefónicas. En eset último caso, para no colapsar el teléfono del centro y a la vez evitar el contacto entre los sanitarios, han decidido ir cada uno a su consulta, sin atender presencialmente a la gente pero sí por teléfono. "Así logramos el doble objetivo de resolver los problemas cada uno a sus pacientes y no estar tan expuestos entre nosotros; cuanto más separados mejor para evitar riesgos" explican desde el Centro de Salud de Fuentesaúco.

Es el mantra que impone el coronavirus: distanciamiento físico. "Toda la vida hemos estado acostumbrados a "mirar" a la gente y que ahora no lo puedas hacer te mete en una incertidumbre terrible". La reflexión del doctor José Manuel García Dominguez, coordinador en funciones de la Z. B. S. Guareña, define el obligado cambio de hábitos. Se acabó, al menos hasta que termine la emergencia sanitaria, lo de abrir los consultorios en los pueblos y la atención directa a las personas. Para evitar en la medida de lo posible los contactos, los médicos deben resolver muchos avisos por teléfono; "eso tiene mucho riesgo y para nosotros es una angustia" reconocen.

Si bien las consultas ordinarias se han reducido considerablemente, cuando se ve conveniente la exploración al paciente hay que acudir casi como un astronauta de la Nasa; otra cosa es que resulte ser un cuadro banal. "Hay que mirar mucho lo que es importante y lo que no, no sabes si el paciente es posible contagiado y nos tenemos que proteger de arriba abajo", con equipos que componen los propios sanitarios "con lo que nos da la gente". La falta de medios ha agudizado el ingenio y generado una ola de generosidad muy agradecida por los sanitarios.

En la Zona Básica de Salud Guareña (que agrupa a trece pueblos de la comarca) se están controlando en estos momentos entre 60 y 70 pacientes, aislados o diagnosticados con COVID19, a los que hay que hacer un seguimiento telefónico diario. "Cuando estamos todos los médicos es más llevadero porque te lo repartes, pero los fines de semana que nos quedamos dos es tremendo". El protocolo establece que a todas las personas que tienen síntomas se les hace una llamada diaria durante los primeros siete días para controlar la evolución y si van mejorando, los contactos se van espaciando.

La pandemia ha conseguido romper todos los esquemas y provocado una empatía con los sanitarios que ayuda en estos momentos tan duros. En el Centro de Salud de Fuentesaúco se suceden los gestos generosos, tanto de los ayuntamientos y empresas privadas donando material de protección, como de particulares y vecinas que se están organizando para realizar mascarillas, gorros o batas o las aportaciones económicas.

Todo resultado poco para asegurar los medios a quienes velan por nuestra salud. "Vinieron unas señoras de Fuentesaúco con unos gorros hechos de hule, unas chaquetillas y unas batas de plástico, trajeron varios diseños para ver cuál nos venía mejor, les hemos dicho y ya están trabajando" cuentan desde el Centro de Salud. "Emociona la respuesta de la gente" certifica el enfermero Jacinto de la Vega, que ha vivido en primera persona, por ejemplo la respuesta del Ayuntamiento de La Bóveda disponiento de caretas, monos o termómetros infrarrojos. O el bar Saúco ofreciendo comida durante las guardias. O los mandiles del matadero Rebollo y la quesería La Antigua, las batas y calzas de la fábrica de embutidos. "Viene gente que nos trae guantes, ganaderos con mandiles, agricultores con pantalones impermeables. Se ha respondido muy bien, comprenden que es una situación grave y se nota también en las consultas, solo van a lo imprescindible. Todos tenemos que poner de nuestra parte".

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