23 de febrero de 2020
23.02.2020
Entrevista
Maximiliano García | Empresario y mecenas ambiental

"El coronavirus se prueba en países con mucha población para ver cómo se desarrolla"

"Chinos residentes en España han mandado máscaras a sus familias porque se han agotado"

22.02.2020 | 21:02
Max García al lado del fuego en Formariz.

Maximiliano García, "por todos llamado Max", nació en Suiza, país al que emigraron sus padres españoles. Hace casi 30 años se instaló en China y, con dominio de ocho idiomas, es un filón de palabras y de gestos. Ha pasado unos días en Sayago, en Formariz, compartiendo proyectos y estancia con Miguel Herberg, hermano de la mujer de Justo Alejo, un humanista "precursor" de la defensa del medio rural. El cornavirus le retiene en España en tanto que su compañera Ningna vive enclaustrada, por la misma causa, en su casa de Chongqing. Sus pasiones son el té y contribuir, como mecenas, a un planeta saludable

¿Nos puede dar unas referencias de sus orígenes?

–Toda mi vida he estado en el extranjero porque nací en Suiza, donde mis padres llegaron como emigrantes, y luego me instalé en China, donde desarrollé mi actividad ligado a la farmacéutica.

Qué motivos le llevaron a instalarse en China?

–No me gustaba la mentalidad suiza. Era muy limitada. Sufría. Mi padre pensó que me daba algo increíble con el pasaporte suizo. El país tiene dinero, pero nosotros no, dije. El pasaporte suizo tiene validez porque hace pasar como país neutral. China me gustaba porque era el país más lejos que uno se podía imaginar. Allí fui. Habían abierto puertas y permitían ascender, tener un vehículo, independencia familiar. Se pasó de vivir agrupados a vivir en diferentes apartamentos y se permitía un retorno económico que ha sido el desarrollo de China.

¿Cómo consiguió salir adelante y prosperar en el país asiático?

–En el sector farmacéutico, mandando embalajes e inyectables, participando en el desarrollo de la distribución de la aspirina que, junto con la coca cola, son los productos más conocidos. Para mi hay cuatro negocios en el mundo donde se gana mucho dinero: la prostitución, la droga y el fármaco, el gas y el petróleo, y las armas. Son negocios enormes.

El farmacéutico es un verdadero campo de investigación y de negocio porque toca a la salud y a la vida de las personas.

–Para desarrollar productos farmacéuticos hace falta muchísimos años de estudios, de pruebas con ratitas, que son las que genéticamente más se parecen a nosotros, con resultados que luego se trasladan al sector humano. En Suiza me he metido en ascensores que bajan 12 pisos, al subsuelo, donde se hacen pruebas. Es todo un negocio porque son muchos años de estudio para aprovechar la invención y vender la exclusividad del fármaco en unos años, ya que, luego está libre y lo pueden producir otras empresas, si dan con el quid, que bastantes llegan. Es un meganegocio. Se juega con la esperanza de la gente, dando un placebo que hay que tomar tantas veces y todos los días. Es algo que viene de muy alto, y no es Dios, son los pocos que gestionan el mundo.

¿Qué opinión tiene sobre la aparición del coronavirus?

–El coronavirus es una prueba. Aquí lo digo y aquí lo niego. Está registrado en EEUU como invención, producido por una empresa inglesa. El Brexit es para mí una mayor unión de Inglaterra a los americanos. Lo entiendo como una política para afectar a China, que ha subido mucho y se está comiendo económicamente a los EEUU. Y está desesperados.

Pero el origen del virus no es algo conocido, que si un animal...

–Está estudiado. Tuvimos el Shas en el 2003 y, en 17 años, al coronavirus. Qué sitio mejor para probar que China, con grandes masas de población. Tengo un vídeo de ciudades que parecen de ciencia ficción. No hay coches, no hay gente, no se mueve nada porque el gobierno dijo: ¡ahora, nadie se mueve! Y todos en casa. Y ocurre durante el Año Nuevo chino. ¿Cómo se logra esto? A la fuerza. En España si el gobierno dice que todos en casa la gente hace un corte de mangas y sale a la calle. En China ahora vienen de puerta en puerta, abren y, con un láser, te miden la temperatura. El coronavirus es otra prueba más. Se hace en países de mucha masa para ver cuánto de rápido se expande, cómo se desarrolla, cuanta gente se infecta y cómo se distribuye en el mundo.

¿Ha notado si el virus de personaliza con la gente de rasgos chinos?

–No es un virus chino, pero hay temor psicológico cuando se ve a un chino.

¿Son fiables los datos ofrecidos por China sobre virus? ¿Cómo es el comportamiento de la sociedad?

–Las máscaras se han agotado porque la gente con solo ver el mediático y el visual se acojona. Muchos chinos residentes en España han comprado máscaras y las han mandado a la familia. En el año 2002-2003, con el Sars (Síndrome respiratorio agudo grave), a los enfermos, para evitar las inspecciones internacionales, les metían en ambulancias, les daban una vuelta a la ciudad y, cuando venían los extranjeros, aquí todo perfecto. Pero ahora China controla, por provincias, cuántos mueren, cuántos se recuperan. Al menos hacen algo. Ver es creer y ahí están los hospitales montados en una semana, el seguimiento que se hace a la población y los controles. Los japoneses son peores en esconder problemas y fugas.

¿Hay motivos para apostar por este país?

–China dice: necesitamos al mundo y el mundo nos necesita. Ahora estamos en un momento histórico donde China pasa por arriba. Poco a poco se han metido en todos los sectores. China es el único país en el mundo donde el comunismo le ha dado la vuelta. Los que estaban en la cabeza a la tierra y los de la tierra arriba. Tuve la suerte, junto con Miguel Herberg, de vivir las consecuencias del cambio de la revolución cultural, que ha sido un cambio atroz. Han hecho en 60 años lo que aquí no haremos en 500. Dicen las redes sociales que si quieren acabar la Sagrada Familia que vengan los chinos.Ya no están solo en tiendas de todo a cien, están en primera línea. Los chinos no arman follón, hacen negocio por debajo de la tierra.

Muchas empresas miran a China como mercado de presente o de futuro. ¿ Es acertado comerciar con China?

– Hay que tratar con el país más grande del mundo. Creo que para las futuras generaciones es imprescindible tratar con ellos. Es un mercado positivo para ambos lados y no lo frena nadie. Doy gracias al país por lo que he aprendido.

¿Qué productos serían los más aceptados? ¿Hay otras oportunidades?

–Los Chinos tienen mucha cultura. Arte, música, arquitectura, restauración, agricultura, intercambio de los cultivos...el mismo vino. Lo que faltan son los puentes que permiten ese comercio o son los límites de los hispanos (lingüísticos, el puro miedo o el no saber hacer internacionalmente). Hay españoles que se han ido a China porque aquí no hay trabajo ni empleo. Han ido a montar negocio. Venden producto español. Se las han apañado solos, sin subvenciones porque no hay. Venden producto que los chinos vienen a saborear, a degustar y a comprar. Algunos llevan al cliente porque si no viene hay que llevarlo. Ahora funciona la logística y se puede pedir cerdo, naranjas, alimentación... Allí no funcionan los lujos -mándame para pintarme las uñas- pero la alimentación funciona. Hay que adaptarse a las circunstancias.

¿Cómo ve el fenómeno de la emigración y los episodios que se viven en las fronteras?

–Soy hijo de emigrantes que se fueron de España, que nos hacían hacer lo que no querían. Pero no era: ¡ahógate, porque aquí no te queremos! Algunos quieren poner barreras porque lo ven como una invasión. Si traen dinero...vale. Los que no traen dinero están dispuestos a trabajar la tierra. No es esclavismo, es hacer un proyecto de desarrollo para tu propio país y verás como ayudan. Hacerles hacer algo, que aprendan. Vienen de la miseria y se verá que levantan los territorios. Ahora el único país que ayuda a África son los chinos porque tienen mucho interés de materias primas. Es una posición sabia. Muchos africanos estudian en China, en las universidades; les acogen para estudiar. Algún día volverán a su país.

Está implicado en el proyecto Ningna, Salvar el Planeta, con tu compañera y Miguel Herberg. Un compromiso medioambiental que engloba un trabajo cinematográfico y de editorial.

–Salvar el planeta es bilingüe, con libros y animación porque ayuda más rápidamente a la adaptación. El libro tiene que ser interactivo. Queremos que los hijos aprendan a luchar y a defenderse. Igual es el modo de controlar el mundo porque la masa es enorme. Los animales, el mar, el agua, el ecosistema... son muchos más asuntos que el calentamiento. Es un remedio que se afronta a través de la educación y de llegar a acuerdos.

¿Qué le parece Sayago?

–Aprecio su paisaje, con puestas de luz increíbles. El medio rural se pierde porque está yendo hacia lo artificial.

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