18 de febrero de 2020
18.02.2020

Perseguida y "misteriosa"

Seo/BirdLife elige a la codorniz Ave del Año 2020 | Es una de las especies apetecidas por los predadores y cazadores | En la temporada 2018-2019 se abatieron en Zamora 30.815 ejemplares

17.02.2020 | 18:55
Una hembra de codorniz acurrucada sobre el nido resguardado en un cultivo.

La codorniz común ha sido elegida Ave del Año 2020 en la votación popular organizada por la Sociedad Española de Ornitología (Seo/BirdLife), en esta ocasión con integración de su socio la Sociedad Portuguesa para el Estudio de las Aves (Spea), logrando así una lógica dimensión peninsular.

Ave veraniega (migradora), anuncia su retorno a los campos castellanos e ibéricos con solo pronunciarse, sin dejarse ver siquiera. Es tan característico su canto, y lo entona con tanta pasión, que los amantes de la naturaleza y los habitantes de los pueblos conocen que está ahí porque da un plus de alegría a la vida salvaje con sus llamadas y gorgojeos. 

Otras especies como golondrinas, vencejos o cigüeñas anuncian su llegada mostrándose físicamente e integrándose de pleno en el medio urbano; además, acomodándose en las mismas viviendas o edificios que las personas sin temor a que las vean, y sumándose sin recatos y con sus vuelos a la convivencia.

La codorniz prefiere mantener su morada en la naturaleza a escondidas de todos los ojos, e incluso viste un ropaje que la mimetiza con la vegetación para evitar riesgos y peligros. Sabe que es una presa apetecida por rapaces y un serial de predadores de pelo o pluma, con el cazador y su perro en la cúspide, y que la buscan desde cielo y tierra para cortar su vida de un solo tajo. "El águila no caza moscas" dice el refrán.

Vulnerable como una rosa, la "Coturnix coturnix" se mueve silenciosa y solo parece hallar seguridad en la intimidad y fuera de la exposición. Llega a estas tierras para poner e incubar notables "huevadas", que llenan su nido con hasta más de una docena, y para tratar de criar familias numerosas. 

Anida con tal secretismo que casi se deja pisar o segar la cabeza con la guadaña antes de alzar el vuelo y descubrir su casa. Esta quietud extrema fue aprovechada en el medio rural para capturarla saltando sobre ella sin más equipaje que una chaqueta o una gorra, y felino sigilo en el acercamiento. Se hacía una vez descubierto el nido y respetada la hierba que lo encubría para ganar su confianza. Luego, al regresar al prado para dar una vuelta a la hierba, al fin de acarrearla sin humedad alguna, se ejecutaba la gatuna operación. Así fueron muchas almas a parar a las jaulas y a llenar de emoción a la rapacería, que solo quería oír su voz y contemplar un ave silvestre, ejemplar madre de grandes proles, y sin un ápice de maldad.

La apacible cordorniz salvaje cría a sus polladas sin gritos y con suaves llamadas, y lo hace en tierra firme y en el camuflaje para no delatarse y sobrevivir a tanto enemigo letal como la acecha, sin ser, para colmo, un ser una visitante dañina ni de mal agüero. 

Las circustancias la son desfavorables porque, sin necesidad alguna de guisarla y de servirla en la mesa en tiempos de tanto alimento, como especie cinegética tiene un cupo de capturas tan tolerante que, de cumplirse, significa la masacre de su población en muchos escenarios. Solo multiplicar el número de cazadores por las 25 piezas fijadas por cazador y día dan licencia para abatir, en los primeros pisteos, las existentes. Quien practica la caza fotográfica nota el antes y el después de las temporadas de rifle. Y cuando falla una foto o un disparo solo hay que regresar a la querencia para atinar. Con licencia, pues, para matarlas todas, solo queda la esperanza de que los armados refrenen el gatillo y dejen volar a estas hermosas y vulnerables aves. Queda el que no se cumpla el "si no las mato yo las mata otro", que anida en la sesera de los escopeteros. Queda el que avergüence lucir a los costados dos racimos de una docena de cadáveres y se inhiban de derrumbar ejemplares. Queda la siembra por el campo de pollinos desenjaulados de una granja que tanto desgracian la impronta salvaje.

Las cifras oficiales de la Junta de Castilla y León referidas a la temporada 2018-2019 anotan 465.869 codornices abatidas en la región, 30.815 en Zamora.

"La codorniz es, de entre las aves cinegéticas, una de las más importantes, atractivas y misteriosas que podemos encontrar en nuestros campos. En la actualidad, su población sigue tendencias muy irregulares, ligadas profundamente a los usos y aprovechamientos del campo. Claro exponente en el mundo natural de la estrategia de selección "r", (alta natalidad-mortalidad) y cada vez está más presente en nuestros campos durante la invernada, hecho que merece especial atención y planificación de cara al futuro de la misma" expresan, sobre la codorniz, gestores de caza, e instan a alejarse del principio que expresa que "todo lo que vuela a la cazuela", y a ejercer unos comportamientos de sostenibilidad.

Esta pequeña ave, que no abunda, está supeditada a que los cultivos la proporcionen hábitat, albergue y alimento -y al agua, naturalmente- antes de que las cuchillas la dejen sin casa, sin refugio y sin despensa. Desahuciada.

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