15 de diciembre de 2019
15.12.2019
La Opinión de Zamora
Aliste

Una promesa que ya dura 60 años

Andrés Rivas y Manuela Fernández conmemoran sus "bodas de diamante", toda una vida de amor juntos marcada por la emigración y el apego a sus raíces alistanas

14.12.2019 | 18:43
La pareja, en el centro, durante la celebración de sus bodas de diamante en la iglesia de San Vitero.

Chany Sebastián

La iglesia parroquial de San Víctor Bracarense de San Vitero acogió las bodas de diamante de dos alistanos de pura sangre a los que la vida ha llevado a recorrer medio mundo para vivir y sobrevivir unidos por una peculiar historia de amor de sesenta años en Europa y América.

Andrés Rivas Esteban (hijo de Paulino y Felipa) nació en San Cristóbal de Aliste el día 29 de noviembre de 1923 y Manuela Enedina Fernández Mezquita (hija de Lázaro y Vicenta) en el vecino San Vitero el 3 de agosto de 1937. Catorce años de diferencia para una pareja que se casó 9 de noviembre de 1959.

Tras su vida en América junto a ellos estuvieron sus familiares y sus vecinos seis décadas después: "Andrés y Manuela son dos bellísimas personas a las que siempre les hemos recordado y querido en esta que siempre fue, es y será su tierra: la alistana".

En la homilía el párroco Teo Nieto recordó que "no hay diamante sin que dos átomos de carbono se fundan para siempre" en una "bella gráfica de lo que ha sido la feliz pareja que ha sabido surfear mares agitados en una Argentina cuya instabilidad les supuso un permanente desafío del que han sabido salir indemnes y en la que han criado a sus dos hijos, Dora y Miguel".

Andrés y Manuela han sabido agradecer a quienes los recibieron en Buenos Aires, Dominga e Isidro Vaquero de San Cristóbal y también expresan la felicidad y el reconocimiento al ver como el pueblo de San Vitero los acogió tras un regreso motivado en acompañar a Félix y Vicenta, honrando lo que todo alistano tiene a bien hacer: cuidar a su mayores y, especialmente, a quienes como abuelos, nos preceden en el camino de la vida".

La Guerra Civil marcó el inicio de una historia de amor donde los primeros protagonistas directos e indirectos fueron dos jóvenes alistanos, Félix Artemio Rivas Esteban de San Cristóbal, y Lázaro Fernández, de San Vitero. El 18 de julio de 1936 estalló la guerra y ellos fueron llamados a filas para formar parte del bando nacional de Francisco Franco Bahamonde.

Nadie les preguntó por sus ideas ni por su deseos y así fue como se vieron formado parte de la Guerra Civil en Extremadura. Salieron de Aliste siendo conscientes que aquello podía ser, –y de hecho para uno de ellos lo fue–, un camino sin retorno. En enero de 1939 ambos resultaron heridos en el "frente de la Serena" y tras un día de agonía, en Monterrubio, pueblo de Badajoz próximo a Córdoba, Lázaro vio que llegaba su fin y tomando de la mano a su amigo Félix le pidió que cuando terminara la Guerra Civil regresara a San Vitero y cuidara de su familia, –casándose con su mujer Vicente Mezquita– y de su hija Manuela Endina Fernández Mezquita. Félix prometió a su paisano alistano y amigo Lázaro cumplir su dictado y así lo hizo al regresar a Aliste.

Félix Rivas Esteban era el segundo de ocho hermanos y fue, a la fuerza, que no por voluntad propia, el soldado de la familia, siendo llamado a filas ya a una edad más bien tardía: con 26 años. Su formación militar, "de prisa y corriendo" tuvo lugar en la población de Malpartida (Cáceres). Un hombre que vio cambiar su vida de pastor y concejal, por la de militar, la cayata de negrillo por el fusil. La paz de las tierras alistanas por la guerra de campos teñidos de sangre.

Andrés Rivas Esteban, más conocido como "Zuelo", era el hijo varón menor de la familia y el que más acusó la orfandad . La posguerra era un sin vivir y más aún si le añadías la falta de madre Felipa. La benjamina Lucía cuidaba de él haciendo de madre y él le daba a ella los consejos que su padre por falta de tiempo no podía. Así descubrieron que la única solución era emigrar.

La pareja que les ayudaría en la misión había vivido a su vez un historia de amor digna de Romero y Julieta. Dominga, así se llamaba ella, de San Cristóbal, su tía materna, se enamoró de Isidro, de una familia más rica que la suya y ello les trajo el rechazo social y la condena personal. Ello llevo a los dos enamorados alistanos a elaborar un plan que les debería dar y les dio la felicidad. Tras un pacto amoroso oral, los dos se escaparon del pueblo cada uno por su lado, para no desatar suspicacias, camino de América del Sur, para cumplir su plan preestablecido de encontrarse en Argentina y casarse en Buenos Aires, donde como deseaban formaron una feliz familia.

Andrés Rivas escribió su primera carta dirigida a su tía Dominga y su esposo Isidro solicitándole alojamiento temporal para iniciar su aventura hacia la Argentina. Uno tras otro pasaban los días y el cartero y la carta de respuesta nunca llegó. Hasta que a finales de primavera llegó al pueblo el "señor Calvo", un emigrado que se hacia llamar "Marques de Alcañices" (sin serlo) y allí en la plaza de San Cristóbal se encontró con Andrés y le confirmó que su petición había sido aceptada por Dominga e Isidro. Solucionado el primer problema surgía el segundo si cabe aún mayor: ¿Quien nos pagará el viaje?. Fue entonces cuando el patriarca, viudo, el señor Paulino, a pesar la época de penurias y estrecheces y de la escasez de recursos en la posguerra llegó con un sobre donde estaban todos sus ahorros y con lágrimas en los ojos se los dio para que se buscarán lejos una vida mejor.

Así fue como los hermanos Andrés y Lucía se fueron a hacer las américas en 1948. Finalmente se desechó la idea inicial de viajar en un barco de la compañía vasca Ybarra desde Vigo a Buenos Aires. Ellos, acostumbrados a viajar a lomos de una burra "zamorano-leonesa" por su campos alistanos se subieron, no sin miedo, a un bimotor turbo hélice DC-4 de Iberia, fabricado por Mc Donnell Douglas, que les llevó durante 36 horas, desde Madrid por Sevilla, Sahara Occidental, Natal y Río Grande en Brasil, Montevideo & Carrasco (Uruguay) hasta Buenos Aires & Morón (Argentina).

En España su hermano Félix, como veterano de la Guerra Civil se convirtió en "Requeté", sin saber muy bien lo que era, pues tuvieron que explicárselo tras ponerle la boina roja. Llegada la paz y la miseria cumplió su palabra y en 1946 contrajo matrimonio con Vicenta, la viuda de su amigo fallecido Lázaro. Su hijastra e hija biológica de su mejor amigo iba camino de la adolescencia y del amor. Félix tenía una obsesión que era casarla con su hermano menor Andrés asumiendo, literalmente, la petición de su camarada de que le sustituyera en sus deberes y obligaciones. Pero uno propone y Dios dispone. Ella se enamoró, pero de otro.

Once años después, 1959, Andrés regresó en barco de Buenos Aires a Vigo y en tren hasta Puebla de Sanabria a donde su hermano mayor acudió a recogerle en taxi. De regreso su hermano le susurro al oído: "Ya lo conseguí. No me lo puedo creer. Manuela rompió con el sobrino del cura". El Hijo Pródigo con su traje de "lujo" y su zapatos de blanco charol no captó la indirecta de Félix que se había convertido en "Celestina" hasta conseguir que su hijastra diera calabazas al sobrino del párroco para así poder casarse con Félix. Y se casaron. Nada mas llegar Félix presento a su hijastra (23 años) a su hermano (36). El primer acercamiento tuvo lugar con un baile en la tarde del día 25 de julio de 1959, fiesta patronal de San Cristóbal, acompañándola luego a su casa. Así surgió el amor correspondido y luego el compromiso.

El día 9 de noviembre de 1959 tenia lugar la boda dando lugar a una auténtica amalgama de parentescos. De esta manera Félix Rivas se convirtió a la vez en padrino, padrastro y cuñado de Manuela y suegro de su propio hermano Andrés Rivas.

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