01 de septiembre de 2019
01.09.2019

Bermillo, del pueblo a la villa de servicios

Situado en el corazón geográfico de la comarca, el municipio mantiene su dinamismo como centro administrativo y capital regional del ovino

31.08.2019 | 21:10

Asentado en el centro geográfico de Sayago, Bermillo es la referencia administrativa y de servicios de la comarca. También la cabecera de un municipio con siete pueblos más –Fadón, Fresnadillo, Gáname, Piñuel, Torrefrades, Villamor de Cadozos y Villamor de la Ladre– que en su conjunto suman 1.087 habitantes, de los cuales 526 viven en Bermillo.

Un territorio secularmente agropecuario, capital regional del ovino con más de 20.000 cabezas en todo el término (alrededor de 6.000 en Bermillo) y unas 2.500 vacas ahora en manos de un puñado de ganaderos. En Bermillo se cuentan diez de ovino y tres de vacuno. "Conocí a la generación de mi padre y serían unos 60 solo en Bermillo" evoca Alejandro Escalero. Con 52 años y padre de dos hijos, este productor representa la continuidad del oficio heredado de sus ancestros. ¿El futuro?, "ya veremos, creo que esto se acaba conmigo". Es la sensación general. No hay relevo y los que se han quedado en el campo son contados entre una generación que buscó el pan en la ciudad.

Pero más allá de la ganadería, Bermillo es también epicentro comercial donde operan 4 bancos y en todo el municipio 8 bares, 10 tiendas de alimentación, 12 de construcción y otros 25 negocios repartidos entre zapatería, ferretería, panaderías, peluquería, electricidad, productos típicos, piedra, carnicerías, veterinaria, asesoría, farmacia, muebles, despacho de abogados o estudio de arquitectura. Ninguno asentado en un polígono industrial inaugurado hace una década entre grandes expectativas y hoy solo poblado por el Parque de Bomberos y la Mancomunidad Sayagua.

Bermillo es además punto de referencia administrativa y de servicios públicos, con el colegio, instituto, centro de salud, unidad veterinaria, guardería medioambiental, Ceas, Correos, Guardia Civil, Parque de Bomberos, Notaría o Registro. Un dinamismo que resiste el declive demográfico del que no se ha librado el municipio, hoy con la mitad de la población que hace cuatro décadas. Como advierte Carmen Mateos, memoria viva de Bermillo a sus 92 primaveras, "el pueblo ha cambiado muchísmo; antes estaba el Juzgado, la cárcel, vivían todos los funcionarios aquí, el juez, el notario, dos abogados, dos procuradores, las maestras, estaban los guardias con el capitán, el teniente y el sargento. Eran tantos y tenían tantos hijos que algunos vivían en casas particulares".

En Bermillo se puede hablar de dos pueblos. El dinámico de la mañana, con unos 120 funcionarios desplazados para dar cobertura a los servicios públicos y sayagueses de toda la comarca realizando gestiones o abasteciéndose en los establecimientos. Y el Bermillo puro de los vecinos que están los 365 días del año. Medio millar de personas, muchas jubiladas –entre ellos un buen puñado de nonagenarios–, pero también prometedores ejemplos de matrimonios jóvenes con hijos que han apostado por el pueblo.

Ahí están Gemma Armada y Marcelo Mozo, ella empresaria, él ganadero de vacuno. Ella hija de sayaguesa, nacida y criada en Barcelona; él natural de Bermillo y retornado después de una incursión de siete años en el Ejército. "Salí fuera, comparé y vi que aquí se vivía mejor; puede que con menos dinero y menos tiempo libre pero más agradecido" cuenta Marcelo mientras echa de comer a las vacas. "Mis hijos tienen una libertad y una calidad de vida que no la cambio por nada" asevera Gemma.

Esta joven emprendedora o también Isabel Bernardo, propietaria de una ferretería, como otros encomiables ejemplos, tuvieron agallas para montar sus negocios en el pueblo y romper ese tono victimista que tanto daño hace al mundo rural. Gemma se rebela contra esa "mentalidad extendida que me ha hecho enfadar mucho de que lo ideal es: 'hijo, tú estudia y vete'. No, 'hijo estudia, haz lo que quieras pero te puedes quedar aquí'. Es una pena, educativamente nunca se ha potenciado que alguien emprenda" lamenta.

"La gente es muy cómoda, prefiere ir a trabajar para otro que poner un negocio. Es verdad que son muchos dolores de cabeza y hay que arriesgar, pero no puedes estar en casa esperando que te llamen". Isabel cambió Zamora por Bermillo, aprovechando la jubilación del ferretero, para montar su propio negocio. Lo que empezó siendo "un cuadradito", por si las cosas no salían bien y había que convertirlo en un garaje, es hoy un magnífico establecimiento donde se puede encontrar de todo. "Al principio nos decían, con cuatro palas y cuatro tornillos lo haces. Pero no, hay que arriesgar; el producto se tiene que ver sino la gente se cree que solo hay tuercas".

Estas dos mujeres saben lo que es emprender en el medio rural. "El mayor problema es que económicamente nadie apuesta por ti; o tienes avales o no haces nada" cuenta Gemma desde su herbolario y establecimiento de terapias naturales que montó a los 23 años gracias a "la base económica" de sus padres. Se dan paradojas como que el grupo de acción local "te financie una parte mínima, pero tienes que adelantar el dinero. Es complicado e injusto porque si pido es porque no lo tengo, no me puedes pedir que lo adelante y luego me lo das". Quince años después Gemma está "contenta" con el paso dado, "hemos podido ir mejorando el negocio y ampliando horizontes".

Hay "chinitas en el camino", como unas comunicaciones terrestres y tecnológicas más que cuestionables. Es el sempiterno caballo de batalla de los empresarios sayagueses, cansados de denunciar la desigualdad que genera la brecha digital y unos servicios deficientes. "El mundo está globalizado y hay emprendedores que podrían trabajar desde aquí, pero con Internet a pedales es imposible" denuncia Gemma. "No podemos esperar más a la banda ancha", clamaba ayer el presidente de los empresarios, Isaac Macías, en el Día de la Comarca.

Se apuntan también desventajas en los negocios asentados en zonas golpeadas por la despoblación y el envejecimiento. "El comercio rural tendría que estar algo subvencionado porque damos servicio a la gente todo el año. Cuando llegan los veraneantes están encantados, encuentran de todo, luego se van y aquí nos quedamos. Hay meses que no llegas, pero tienes que estar" reflexiona Isabel Bernardo.

Si el comercio garantiza el servicio de cercanía a la población en la comarca, la ganadería es vector económico fundamental y base del asentamiento de familias jóvenes. Sin embargo no se libra de la maraña administrativa que trae de cabeza a los ganaderos "La burocracia nos mata. Hay gente que se quiere instalar, pero desde que solicitas una explotación hasta que te la conceden, se te pasan los plazos. La gente joven se cansa, necesita un futuro y aquí no se lo están dando. Todo son problemas" denuncia Marcelo Mozo. El puntal de Sayago atraviesa momentos delicados. "Ni ponemos el precio del material cuando lo compramos ni de los terneros cuando los vendemos, es una cosa surrealista. La gente se piensa que vivimos de la PAC y que es una limosna, pero no se dan cuenta de que esa ayuda repercute en el consumidor final, para que puedan comprar a un precio asequible" argumenta Marcelo.

¿Llorones?. "Yo solo doy datos; cuando empezó el euro la cerveza pasó de valer 100 pesetas a 166, un 66% más, y nuestro producto vale más barato que cuando yo empecé hace 19 años. Un kilo de escabeche vale más que un kilo de chuletas. Queremos precios justos y la PAC lo único que hace es compensar esa diferencia".

Es una impresión común en un sector muy devaluado. "El producto que vendemos (los corderos, la leche) lleva estancado 30 años mientras los costes de producción se han elevado mucho; así cómo se va a animar la gente a coger las explotaciones. Somos un sector en peligro de extinción" opina Alejandro Escalero. Pese a ser la despensa de la sociedad, los ganaderos se sienten muchas veces incomprendidos. "La gente no se da cuenta de que la PAC permite al ciudadano comprar los productos a un precio más asequible, sino la cesta de la compra estaría disparada" defiende este ganadero de ovino. Y hay agravios como la importación de corderos en Navidad, desde Francia, cuando se dispara la demanda; "esas cosas nos hacen mucho daño. Sin precios competitivos es imposible seguir funcionando" reflexiona Alejandro.

Grandes desafíos en un municipio donde el dinamismo administrativo no frena la pérdida de población. Es el sino del medio rural. Si a finales del siglo XIX muchos sayagueses buscaron futuro al otro lado del océano, principalmente en Argentina, a mediados del siglo XX la emigración se centró en Alemania, Francia o Suiza. "Las familias eran muy largas y todos no se podían quedar en el pueblo" apunta Jesús Santiago, maestro jubilado y retornado desde Barcelona.

Eran otros tiempos. "Teníamos menos que ahora y éramos más felices" evoca la nonagenaria Carmen Mateos. Estas memorias vivas de Bermillo echan especialmente en falta "la sociabilidad del pueblo". "Cuando la gente acababa los trabajos del campo se hacían fajinas para todo. Eso se ha olvidado" lamenta Jesús Santiago. Eran otros tiempos en un Bermillo que resiste y defiende su posición como corazón y cabecera de Sayago.

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