20 de febrero de 2019
20.02.2019
Sanabria-La Carballeda

"Mis mejores vacaciones eran cuidar ovejas"

Daniel García Crespo, joven ganadero de vacas de Codesal, vive con pasión un oficio que mamó desde niño aunque sufre con preocupación los sobresaltos del lobo, que le ha matado varias reses

20.02.2019 | 01:00

"Cuando era pequeño las mejores vacaciones, para mí, no eran que mandaran a la playa sino que me mandaran con mi abuelo a Barrio (de Lomba) a la hierba, a vacunar a las ovejas, a sanearlas, a curarlas". Daniel García Crespo vive en Codesal y desde hace 5 años atiende su propia ganadería que no llega a la veintena de animales. Actualmente son 16 reses de bovino tras las dos bajas por ataques de lobo en enero.

La ganadería ha sido más que una profesión. Con 15 años empezó a ayudar a un vecino de Villardeciervos, que siendo un adolescente, le decía "sabes que vales para esto, que entiendes". Los primeros años trabajó para este ganadero y pastoreando en la Sierra Segundera y en los valles de la Sierra de la Culebra. A lomos de un caballo "soy capaz de cuidar a un centenar de vacas". Diez años lleva en el oficio, el último lustro con animales propios.

Un domingo a la una de la tarde está a punto de recoger las vacas para el cercado para poder ir a comer a casa. Es el día a día en jornadas de mañana, tarde y noche. La casi media docena de terneros recién nacidos, de entre una semana y 15 días, se despegan poco de sus madres que comen el poco pasto que queda en los terrenos alrededor de las fincas donde encierra la vacada.

"Ves esto –señala la pradera- pues antes era un escobal, mira la limpieza que han hecho las vacas. Y los vecinos están contentos porque si hay un fuego de aquí no pasa". Los animales rañan la poca hierba que hay porque llevan días y días pastando cerca de casa por miedo a un nuevo ataque de lobos "yo prefiero que pasten fuera pero ahora tenemos que echarles comida, pienso, la paja, hierba seca porque no me atrevo a sacarlas más lejos. Solo echábamos comida cuando había nieve o estaba muy mal tiempo".

"El año pasado a Antonio le mataron 25 terneros algunos estando nosotros delante y no podíamos hacer nada". Este año lleva dos animales, uno de ellos un semental del que todavía no tiene el informe de Medio Ambiente, no lo han querido hacer "porque los restos, una semana después, están secos y después de 48 horas no te lo certifican".

Daniel García explica que puede demostrar que los lobos acosaron al toro porque dejaron todas las escobas tumbadas, signo de lucha y defensa, y porque aparecieron heces de lobo con pelo rojo del toro. Sin el certificado no puede reclamar a nadie, sabiendo que en este caso y dado que no es dentro de la Reserva Regional de Caza de la Sierra de la Culebra, la administración no se hace cargo de los daños.

Este ganadero, uno de los pocos jóvenes en el oficio, tiene se rias dudas de ampliar la explotación de carácter familiar, dados los problemas que hay con el lobo. Como el resto de ganaderos han firmado y remitido un montón de papeles a través de los Ayuntamientos, en este caso el de Manzanal de Arriba, para que se controle la expansión de las manadas de lobos en los perímetros de los cascos urbanos y las explotaciones ganaderas.

"Estoy un poco harto de oír a la gente hablar de que aquí siempre hemos convivido con el lobo. Sí, se ha convivido toda la vida, pero también hemos oído a los mayores contar que cuando un lobo entraba a matar ovejas alrededor del pueblo se hacía una batida, salían todos los vecinos del pueblo, batían todo el monte hasta el alto del El Sierro, y se mataba ese lobo o los que hubiera". Cuando no eran los vecinos eran los guardas forestales los que hacían la faena, algunos tan legendarios y defensores del lobo como "Manolín", Manuel Gallego.

Es hora de terminar la faena, las vacas y sus crías beben agua en el caño de agua, van al recinto cercado de 2 metros de altura. Daniel García cuenta, en la jornada dominical con la ayuda de su padre y su hermana que vive en Valladolid. "Dice que ver comer a las vacas le relaja".

La mastina se mantiene a distancia, al igual que una cachorra de mastín nuevo que repondrá al ejemplar que mataron los lobos hace unas semanas. La perra carea y otro cachorro –de raza incierta- son cariñosos y juguetones con amos y extraños pero no se alejan de las vacas cuando la familia se retira a casa, en un domingo de trabajo que es parecido a un lunes, un martes, un miércoles.

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