04 de febrero de 2019
04.02.2019
Albert Solé | Director del documental "Examen de conciencia", sobre la pederastia en la Iglesia

Albert Solé: "En el caso de La Bañeza me ha emocionado el mensaje de que "todos fuimos abusados"

"Me parece indispensable que España se enfrente al problema de las agresiones a menores en el seno del clero, con unas dimensiones muy superiores a las que podíamos imaginar"

03.02.2019 | 20:29
Albert Solé, director del documental "Examen de conciencia".

Cuenta Albert Solé que lleva en la sangre lo de "nadar a contracorriente". Su historia personal – marcada por un progenitor, Jordi Solé Tura, cuya filiación comunista igual que le llevó al exilio le convirtió en uno de los redactores de la Constitución–, inoculó en este periodista y documentalista un inconformismo y compromiso personal con historias humanas duras y complicadas. La última, "Examen de conciencia", documental sobre el alcance de los abusos en la Iglesia española. Entre los relatos, el "caso Ramos Gordón" y las revelaciones en el seminario de La Bañeza. Meses de trabajo donde igual toca la fibra más sensible de unas víctimas sumamente vulnerables y traumatizadas, que arranca testimonios impactantes como el de un cura pederasta.

–¿Cómo llegó a plantearse este documental sobre los abusos sexuales en el seno de la Iglesia?

–Como periodista siempre he sabido que es uno de los grandes monstruos que tenemos en el armario en este país. Si en Estados Unidos o en Australia, donde la iglesia católica no tiene el peso que en España, se han revelado tantos casos, pues la intuición te lleva a pensar cómo será en España, en Italia o en países donde su poder es omnímodo. Ese convencimiento siempre ha estado y es verdad que la película Spotlight nos iluminó a todos; esa idea de dejar de ver los árboles y mirar el bosque desde arriba y verlo como un sistema. Además se produjo una conjunción de probabilidades: El Periódico acababa de cubrir el "caso Maristas", y me planteó hacer algo más general; apareció Netflix y todos los ingredientes lo hicieron posible. Porque efectivamente involucra a mucha gente durante mucho tiempo.

–Miguel Ángel Hurtado, una víctima, dirige el hilo argumental que lleva a profundizar en varios escándalos que han sacudido a la iglesia, ¿ha sido complicado llegar a tantos casos?

–La verdad es que de entrada tuvimos algunas reacciones muy positivas que nos animaron. Hicimos una primera "tourné" y cuando pasamos por La Bañeza y Astorga conocimos a las dos víctimas principales, Javier y Emiliano, y vimos que efectivamente había un tema que se podía contar. Es una madeja que se va desplegando con personajes a los que vas siguiendo, con los cuales tienes que establecer una relación casi de intimidad porque te acabas convirtiendo en confidente, en amigo, a veces en psicólogo. Y a partir de esa relación personal van surgiendo muchas más cosas, con lo cual la parte básica de toda obra y más de este tipo de trabajos que hago yo siempre es el personaje. Si tienes suerte, encuentras a la gente adecuada y estableces un buen vínculo ya hay mucho conseguido. Luego lo demás es ir siguiendo.

–Entrevista a chicos, hoy hombres, que han pasado por una experiencia muy traumática que arrastran las secuelas de los abusos a pesar de los años transcurridos ¿le ha sorprendido su situación?

–Lo más complicado es que, aunque la teoría me la sabía, hasta que no la ves en la práctica. Te cuentan que un trauma de este tipo te acompaña para toda la vida y de entrada te cuesta entenderlo, pero cuando conoces a víctimas efectivamente compruebas que es una historia recurrente, está ahí siempre. Sabemos que el trauma suele tardar en aparecer más de 20 años y luego te acompaña toda la vida. Y solo en la medida en que puedes hacer un trabajo y socializar el tema como pasa con otros grandes dramas, como por ejemplo la violencia de género en el ámbito familiar, de pronto la gente se da cuenta de que hay un problema, entonces existe una posibilidad de superar el trauma. Pero sino es complicadísimo, es un drama complejísimo.

–Ha hablado de uno de sus retos más complicados, usted que tiene experiencia periodística y documental con otros dramas humanos. ¿Qué hace distinto a este documental?

–Sin duda es complicadísimo porque nunca se ejerce una violencia en sí, lo que se ejerce es una gran manipulación de una persona que tiene una superioridad moral y espiritual sobre ti, un ascendente que te acaba involucrando y convenciendo. Ahí es donde está la complejidad de la madeja, ocurrió hace muchos años y a ver si te acuerdas de esa experiencia porque hay gente que hay hecho una amnesia. Y si te acuerdas lo vives como un momento en que, de alguna forma, también te sientes culpable. Ahí está la complejidad; no eres culpable, tú eras un menor, la víctima de un gran manipulador que abusó de tu confianza y que supo crear las circunstancias para que te sintieras intimidado y acabaras participando en el juego.

–Entre los testimonios aparece el de un religioso pederasta, ¿cómo se enfrenta el periodista a alguien que reconoce los hechos hasta con cierta frialdad, sin un aparente sentimiento de culpa?

–De los varios pederastas con los que he estado hablando tengo que decir que éste que aparece en el documental es el único que ha tenido la decencia de sentarse delante de una cámara. Por los motivos que sea, por una cierta capacidad de redención o porque necesitaba exculparse, ha accedido y yo se lo reconozco. A partir de ahí obviamente para mí es un personaje, ya no lo veo como alguien criminal sino como un personaje y le tratas con respeto. Costó convencerle porque, obviamente, qué tiene que ganar poniéndose delante de una cámara, sabiendo que le va a ver todo el mundo y se va a convertir en una cara del mal. No le justifico para nada, pero ha habido otros más bestias.

–¿Emocionalmente afecta el contacto con esos personajes?

–También hice cosas en las cárceles, he entrevistado a criminales y es un reto profesional, estás ante un personaje y lo tratas como tal. En ese sentido me ha costado mucho más encontrar la distancia emocional con otras personas, con víctimas que me estaban contando historias muy duras y es imposible no empatizar. Porque dices, madre mía, me podría haber pasado a mí, a mi hija o a quien fuera.

–¿Cómo reaccionó la jerarquía eclesiástica, se ha mostrado colaboradora?

–No quisieron colaborar en el Obispado de Astorga. Estuvimos en la casa de Ramos Gordón y no quiso ponerse tampoco. En cambio en otros lugares, concretamente en los Maristas de Barcelona, accedieron a colaborar y la escuela San Viator se mostró dispuesta, pero con unas condiciones que no nos interesaron. En todo caso el trato fue cordial, en cambio el Obispado de Astorga directamente nos dijo que no lo intentáramos.

–Ramos Gordón está apartado en un monasterio, pero en general ¿donde se encuentran los pederastas, qué es de sus vidas por lo que ha podido indagar para el documental?

–A diferencia de lo que se ve en la película argentina El Club, de Pablo Larraín, con los abusadores aislados en una casa de un rincón perdido de la Patagonia, aquí en casi todas las ciudades españolas hay una casa donde las órdenes apartan a sus presuntos pederastas. Porque obviamente no están condenados, pero como hay evidencias de que han cometido esos delitos pues los apartan en casas que pueden estar en el centro de Barcelona, Madrid o la casa sacerdotal de Astorga como ocurrió durante un tiempo con Ramos Gordón, hasta que apareció una segunda condena.

–Usted ha hablado del documental "como síntoma", de la necesidad de hacer este tipo de trabajos, ¿por qué esa defensa?

–Yo llevo en la sangre lo de nadar a contracorriente, mi historia familiar es una historia de exilio y de resistencia antifranquista. En este momento me parece casi indispensable que España se enfrente a esta problemática con unas dimensiones muy superiores a las que podíamos imaginar

–Se ha manejado la cifra de un 7% de sacerdotes pederastas ¿hasta qué punto es fiable?

–Que se reconozca ese 7% ya es para poner los pelos de punta porque significa que hay más de mil sacerdotes pederastas en este momento en activo por España. Uno se imaginaba que estaban dos en La Bañeza, tres en Maristas y dos en Granada, pero no, el tema adquiere una dimensión muy bestia.

–¿Qué destacaría del caso de La Bañeza?

–Para mí es un ejemplo que me ha emocionado de solidaridad entre los seminaristas que fueron abusados y los que, aunque no sufrieron abusos, de alguna forma fueron testigos. Esa idea de que todos fuimos abusados es un mensaje que me emociona y que la sociedad en su conjunto debería entender, es decir, aunque tú no lo hayas sufrido alguien a tu alrededor sí y todos de alguna forma al final hemos sido abusados.

–De hecho esos seminaristas protagonizaron dos manifestaciones inéditas en la historia.

–Sí, el caso de La Bañeza me parece una demostración de todo lo más noble que te puedes encontrar en una situación de sufrimiento; tengo una veneración absoluta a toda la gente que está enfrentándose al tema.

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