27 de enero de 2019
27.01.2019
La Opinión de Zamora
Aliste

Valer honra a sus mártires

La tradición emula cuando los cofrades iban el 20 de enero con capa parda y sin armas, y le hacían la siega, trilla y sementera a los hermanos enfermos

26.01.2019 | 20:07

Valer de Aliste honraba ayer sábado a "Los Mártires" en una de las celebraciones tradicionales y religiosas en honor a San Fabián y San Sebastián que cuentan con más historia en la antigua Vicaria de Aliste pues ya se celebraba hace alrededor de 500 años en la ermita original que primero estuvo situada en "Las Eras", pradera colindante al casco urbano y junto al río Frío. Posteriormente el santuario se trasladada a "Las Peñas" (Casa luego de la familia Río Fernández).

Antaño había misa y procesión de mañana y bendición y subasta del ramo y ofrendas hechas por los devotos por la tarde. Ahora se hace todo conjuntamente. Cada año se nombra un mayordomo que es el encargado de organizar "La Función" y portar la vara.

La nueva ermita (tercera) comenzaba a construirse hace 217 años. Vecinos y devotos trabajaron con ahínco durante el otoño de 1801, tras finalizar la sementera, para finalizar el santuario antes de la llegada de "Los Mártires". El día 20 de enero de 1802 fue bendecida por el cura de Valer, Vicente Zapatero, con la asistencia de un presbítero natural del pueblo, Rafael Gallego, y del entonces cura de Bercianos Lorenzo Mezquita.

Para su construcción se utilizaron materiales nobles y autóctonos. El coste ascendió a 6.504 reales. La piedra de las paredes y la pizarra se extrajeron de las canteras de "Las Horretinas" y el barro de "La Portilla", con un gasto de 345 reales para la extracción y otros 373 para convidar a los vecinos a vino y a pan de Carbajales durante las tareas de sacar la piedras y el barro. El transporte se hizo por el sistema de "Carruna" y a prestación personal (sin cobrar) poniendo los vecinos sus propias vacas, bueyes y carros para ello.

Los trabajos de albañilería los realizaron varios canteros gallegos, "consumados expertos en ermitas y casas", que emplearon en levantar el santuario un total de 167 jornales. Se les pagó el jornal (día) a 8 reales, lo cual supuso una inversión económica de 1.314 reales. Finalizada la estructura se emplearon 325 reales para el retejo y el planeo con barro. A los carpinteros se les abonaron 736 reales por los techos y las puertas. Las tejas fueron adquiridas en Domez de Alba por 437 reales. Se completó la inversión con 246 reales por las baldosas del suelo y mil reales por el Altar Mayor y el atril.

Las ordenanzas originales de la hermandad de Valer databan de 1559 (pero ya llevaba funcionando medio siglo) y 246 años después, en 1805, fueron remodeladas y se incluyó que para ser cofrade habían de cumplirse unos requisitos y conductas imprescindibles: "Tener buenas costumbres, ser pacífico, cortés, templado en el vino y abstenido de palabras soeces y blasfemias".

La hermandad tenia un fuerte carácter religiosos pero a la vez social y humano: así lo delatan los manuscritos de 1601 donde se esgrime que los cofrades estaban obligados a ayudar a cualquier hermano que lo estuviese pasando mal, muy en concreto en épocas como el verano cuando había que recoger la cosecha "dándole su jera" al enfermo. Esto es ir a trabajar para el enfermo un día de manera altruista ya fuese en la siega de la hierba y cereal, acarreo y trilla de julio, agosto y septiembre o en la sementera de octubre y noviembre.

Ayuda a los pobres

Además entre los fines de la hermandad de san Fabián y san Sebastián estaba la "atender las necesidades de los pobres, huérfanos y necesitados sin remedio", una valoración justa que hacían "dos hombres buenos del Cabildo". La asistencia, en lo material, iba destinada a los enfermos graves que no disponían de personas allegadas (familiares directos) que les pudieran socorrer, así como a los transeúntes.

Hay que tener en cuenta que antaño la ermita de Valer era un paso obligado de los peregrinos que se dirigían desde Andalucía, Extremadura y Zamora a Compostela por la "vereda de Galicia" procedentes de las barcas que cruzaban el río Esla por Manzanal del Barco y San Vicente del Barco.

Con vistas a que el resto de hermanos le encomendarán a dios cuando un cofrade fallecía había de dejar testamentados 25 maravedíes. Lo mismo se pagaba por abandonar la cofradía.

En el transcurso de la comida de hermandad del 20 de enero de cada año se les leía a los hermanos las ordenanzas en voz alta con vistas a recordarles las obligaciones contraídas "estando los cofrades con mucha compostura sin meter ruido, ni las capas caídas o torcidas". Lo cofrades acudían a la misa, la procesión y a la comida siempre portando la capa parda alistana de honras y Respeto «y los que no la tenía llevando la de pastor" (más sencilla).

Tenían prohibido acudir portando armas a la comida, si acompañados de criados o personas que no fueran cofrades". Las sobras eran para los pobres.

Varios cofradías de san Fabián y san Sebastián de pueblos alistanos como Valer y Riomanzanas recibieron indulgencias del papa Clemente VIII en 1603.

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