Un zangarrón incansable, que terminó exhausto y que brindó carreras y espectáculo por el pueblo durante toda la mañana del 1 de enero. Ese fue David Lunghi, protagonista de la mascarada de Año Nuevo en Montamarta, un pueblo que recibió el 2019 con temperaturas bajo cero y que se animó con el sol de mediodía y el calor de su tradición.

No escatimó esfuerzos el quinto, un chico espigado, veloz y que siguió paso a paso las directrices que marca la herencia cultural y popular. De la salida con las luces del alba, los primeros correteos y el acto religioso hasta el descenso final desde la ermita hasta el pueblo, donde la asistencia se multiplicó y donde llamó la atención la implicación de los más pequeños, más curiosos que atemorizados ante la presencia de la máscara.

Los mozos más atrevidos y más resistentes aguantaron el tirón nocturno y se acabaron llevando algún que otro golpe del tridente que porta el zangarrón. También una porción de la longaniza y un trocito de una fiesta que regresará el 6 de enero con la máscara roja.

Zangarrón de Montamarta (1 de enero del 2019)