13 de septiembre de 2018
13.09.2018
Tierra de Campos

Siglos de historia en miniatura

Villanueva del Campo inaugura un Museo Etnográfico que alberga 90 carros tallados en madera por Martín Legido Abril, con una muestra que refleja todos los oficios tradicionales del campo


13.09.2018 | 00:12

Algunas personas ven realizado el sueño de su vida cuando ya lo contemplan desde el cielo. Esa es la satisfacción que seguro sintió ayer Martín Legido Abril, "el carretero de Villanueva del Campo", que dejó en este mundo una valiosa colección de miniaturas de madera, piezas que ahora podrán ser contempladas por todo el mundo en el museo que se acaba de inaugurar en su pueblo natal.

La obra de Martín Legido sorprende tanto por su atractivo artístico como por su valor etnográfico. Está compuesta por reproducciones a escala de carros tradicionales que recrean los distintos oficios del campo ya desaparecidos, como el lechero, el cubero o el labrador, y también de carros de pasajeros propios de distintos periodos históricos, todos ellos creados con un detallismo y realismo que permite apreciar las horas de trabajo dedicadas por el artista.

Martín nació en una familia de carpinteros, el oficio corría por sus venas y en su alma albergaba la vocación de carretero desde bien joven. Cuando solo era un niño aprendió de la mano de su padre, Juan Manuel Legido, a construir carros de verdad, de los grandes. Hoy no le podemos preguntar qué le enamoraba tanto de ese trabajo, pero afortunadamente ya lo hicieron en 1991 José González Torices y Germán Díez Barrio, que plasmaron las palabras del "carretero de Villanueva" en su libro "Aperos de madera", editado por la Junta de Castilla y León. Martín Legido Abril contaba que "era un goce para este cuerpo mío ir montando las piezas grandes del carro y verlas hechas arte y figura. Cuando el carro rodaba de tu taller al amo, zapatillaba detrás de él algo tuyo, quizás las manos, los pulmones y mucho corazón. Te quedabas, eso sí, con las cuatro mil pesetas que me pagaron por el primer carro contratado. Eso no era nada comparado con la felicidad que sentías ante la obra. Ver cómo la rueda, la parte más difícil del carro, se deslizaba limpia sobre los cantos de la calle".

Pero la vida del campo cambió, los vehículos de motor fueron sustituyendo a los carros y a Martín no le dio de comer el oficio familiar, sino que emigró a Barcelona donde trabajaría como portero. Aun así, nunca dejó la sierra de cortar madera, ni el pincel de barnizar ni el resto de utensilios propios de la carpintería. Lo hacía en un sótano, construyendo los mismos carros, pero en miniatura, con una dedicación y un talento que llamó la atención de la prensa y de la sociedad catalana. El diario La Vanguardia le dedicó un extenso reportaje en su dominical del 4 de agosto de 1974, titulado "La artesanía, un mundo que se nos va", también apareció en distintas revistas especializadas y expuso en multitud ferias de artesanía de toda la geografía española hasta llegar a la Feria Internacional de Muestras de Barcelona de 1984.

El valor de las creaciones de Martín Legido es mayor, si cabe, si se tiene en cuenta que el artesano tenía un importante problema de visión que no le impedía tallar los detalles más pequeños de sus carros, como los asientos, puertas o yugos. Su historia y su arte cautivaron a Juan Antonio Samaranch, el que fuera presidente de la Diputación de Barcelona, embajador de España ante la Unión Soviética y presidente del Comité Olímpico Internacional, que dejó escrita y firmada de su puño y letra una carta en la que constataba su aprecio a la obra del villanovense.

Sus carros llegaron a estar bien cotizados económicamente, pero dejó al menos 90 sin vender, con la ilusión de que fueran expuestos en la provincia de Zamora. Un sueño que se ha hecho realidad gracias a su viuda, Julia Chimeno de Anta, que los ha dejado en depósito al Ayuntamiento de Villanueva del Campo, y también gracias al esfuerzo de este municipio y de su alcalde, Manuel Febrero López, que han destinado 70.000 euros de las arcas consistoriales para habilitar un museo digno de esta colección.

El nuevo Museo Etnográfico Martín Legido ocupa las aulas femeninas de las antiguas escuelas de Villanueva del Campo, en la calle Federico Arrazola, a pocos metros de la Plaza Mayor, y abrirá al público todos los sábados de 12 a 14 horas. El joven Juan Manuel Hernández, doctorando en Historia, gestionará el museo y se encargará de documentar cada una de las piezas, catalogando la época de la que data cada uno de los carros, su región de procedencia y el oficio al que representan.

Además, el museo podrá acoger en el futuro otras exposiciones temporales de artistas locales. Un nuevo atractivo turístico para Villanueva del Campo, gracias a Martín Legido Abril. Decenas de vecinos conocían ayer por primera vez la sala tras la inauguración presidida por el alcalde y por la viuda del artesano, que contó además con la presencia del párroco, Ángel Carretero, que bendijo el espacio, y la animación del coro local Sendas y Surcos.

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