01 de agosto de 2017
01.08.2017

Los héroes del incendio en Pino del Oro

Más de 300 personas lucharon para salvar de las llamas a los pueblos - contra un fuego que se extendía de forma impredecible empujado por el viento

01.08.2017 | 11:43
Trabajadores del operativo de extinción de incendios se adentran en el frente, en Castro de Alcañices.

De Pino del Oro a Castillo de Alba han desaparecido las llamas, el riesgo de que el fuego se reavive es cada vez menor y eso se ha conseguido gracias al esfuerzo de más de 300 héroes que trabajaron a destajo durante todo el fin de semana luchando contra el fuego y contra el viento para detener un frente que en ocasiones llegaba a parecer imparable, y lo más importante, defendiendo pueblos como Pino o Bermillo de Alba para evitar lo peor.

Con el cuerpo ya recuperado de los intensos turnos de trabajo de hasta 12 horas, o incluso más en el caso de algunos mandos, los miembros de distintas cuadrillas que participaron en el operativo de extinción comparten un sentimiento de "impotencia" al observar los efectos del fuego sobre el patrimonio natural de la provincia y coinciden en señalar "la irresponsabilidad de quienes queman el monte y ponen en peligro la vida de muchas personas". Las llamas llegaron a menos de un kilómetro de Pino del Oro, a menos de un kilómetro de Videmala y cercaron Bermillo de Alba, que solo se salvó gracias al efectivo trabajo del dispositivo dirigido por la Delegación Territorial de la Junta de Castilla y León en Zamora, en el que colaboraron de forma coordinada efectivos de todas las Administraciones públicas.

Fue un trabajo titánico contra un viento racheado que en pocos segundos pasaba de la calma a ráfagas de 50 kilómetros por hora. "En 15 años apagando incendios nunca había visto algo así", se atreve a afirmar José Luis Gutiérrez, el técnico de medio ambiente que estuvo al frente de los equipos desplegados en Pino. El mayor problema estaba en que las ráfagas de aire esparcían pavesas, trozos de materia vegetal candente que generaban focos secundarios, "esto supone que mientras intentas apagar una parte del frente surge fuego detrás de ti, y de pronto te ves rodeado por las llamas", explica Gutiérrez. Para mayor complicación, el calor del incendio generaba sus propios vientos de convección y a ratos la ingente cantidad de humo impedía a los medios aéreos descargar agua donde se había planeado, "era una situación muy frustrante", reconoce el técnico.

La tensión y el riesgo que se viven en todo momento suscitan, por otro lado, sentimientos de solidaridad y fraternidad incluso entre desconocidos. "Cuando llegaron los compañeros de La Iglesuela, en Toledo, que no nos conocen de nada, nos traían preparada agua y comida, ese tipo de cosas son las que te dan energías para seguir luchando en unas condiciones tan difíciles", relata un veterano miembro de una cuadrilla helitransportada. Las mismas muestras de solidaridad surgían de los pueblos amenazados por el fuego, otro joven que trabajaba en la defensa de Pino del Oro cuenta cómo los vecinos estaban pendientes de que no les faltara agua fresca para beber, y muchos incluso se arriesgaban a participar en las tareas de extinción. El propio delegado de la Junta, Alberto Castro, ayer agradecía públicamente la colaboración de los vecinos de esta localidad durante todo el sábado, "fueron muchos los que utilizaron su propia maquinaria haciendo una labor, junto a nuestros medios, que hay que reconocer y alabar".

El peligro no desapareció al caer el sol, cuando los aviones y helicópteros se ven obligados a volver a sus bases y dejan a los medios terrestres solos en las tareas de extinción. "Hasta las siete de la mañana no empezamos a ver la luz", expresa Gutiérrez, al amanecer el descenso de la temperatura y el natural incremento de la humedad contribuyen a enfriar el incendio. Con las primeras luces los medios aéreos -menos que el sábado- volvían para apagar los últimos focos y enfriar las zonas más calientes del perímetro de más de 30 kilómetros que se extendía desde los Arribes del río Duero hasta la desembocadura del río Aliste en el embalse de Ricobayo.

Muchos trabajadores del operativo consultados por este diario aprovechaban para insistir, una vez más, en la conveniencia de contar con más cuadrillas estables que a lo largo de todo el año realicen labores de prevención, que también ayudan a apagar los incendios, pero tampoco pierden de vista que este desastre lo ha causado una mano criminal con la peor de los intenciones.

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