04 de febrero de 2017
04.02.2017

La Pueblica al desnudo

El pueblo inundado por el embalse del Esla, al igual que parte de San Pedro de la Nave, muestran sus restos estos días debido a los bajos niveles del pantano

04.02.2017 | 03:14
Vista de los restos de La Pueblica, cuyos habitantes fueron trasladados a un nuevo pueblo tras la ocupación por las aguas del embalse del Esla.

La aparición a la superficie del viejo poblado de La Pueblica, y también parte de San Pedro de la Nave, ambos en el cuenco del embalse del Esla, evidencia la sed reinante en pleno invierno, así como el agotamiento de los pantanales destinados a la generación hidroeléctrica, al regadío y a los abastecimientos humanos. Pero asimismo evidencian un fenómeno desgarrador: el éxodo humano.

Resulta hasta chocante que a principios de febrero aparezca ante los ojos las ruinas al completo del pueblo de La Pueblica. Los restos de las destartaladas viviendas yacen en la costanera de un promontorio completamente desvegetado y arenoso tras llevar casi 84 años anegado por las aguas del embalse del Esla. También toman el aire ciertas lindes de las fincas y asoman sobre la lámina de agua algunas paredes del pueblo de San Pedro de la Nave, situado aguas debajo de La Pueblica.

Las piedras de ambos núcleos son un testimonio del desalojo humano que conllevó la conquista hidroeléctrica zamorana, ejemplificada con la presa de Ricobayo, realizada por Saltos del Duero y cuya obra asombró al mundo por sus audacias y dimensiones. Atrevimientos solo concebibles entonces por un hombre "de la luz" como José Orbegozo. Por su mayúscula y productiva concepción atrajo el interés de lo más granado del país. Entre otros, al rey Alfonso XIII, que no pudo menos que quitarse el sombrero en el salto encajado en el Esla.

Pueblica y San Pedro de la Nave fueron dos asentamientos humanos que pagaron con el destierro la apuesta por la electrificación realizada por los hombres del voltio y del Estado, regido o presidido por equipos que aventuraban el despegue industrial y social con el milagro eléctrico.

Las corrientes y el oleaje han conseguido con el paso de los años que la arquitectura de La Pueblica, trabajada en piedra viva, perdiera su composición pero sin desfigurarse completamente. Los derrumbes han creado un escenario atípico, y diseminado el material de las casas por el callejero y toda la superficie de lo que fuera el casco urbano. Esta imagen también representa la visión de un éxodo que, en este caso, repartió a la población, formada "por una decena de matrimonio y siete viudas", por otros lugares. La práctica totalidad al nuevo pueblo enclavado en la dehesa de Campeán, que pasó a llamarse Pueblica de Campeán.

Igual sensación provocan los restos aflorados de San Pedro de la Nave, cuya iglesia visigótica fue recuperada y trasladada al pueblo de El Campillo. Sobre el terreno despejado por las aguas muestran su faz los cierres pétreos de las fincas y lo que fuera el camino de acceso, perfectamente delimitado por las lanchas y las piedras. El agua ha despejado el suelo de toda vida y dejado sobre el territorio del vaso un firme recomido y pizarroso. Los supervivientes de ambas localidades miran estas apariciones con nostalgia y tristeza.

Las lluvias sumergirán de nuevo los restos de ambos pueblos al reino de los peces.

La llegada de la nieve y de las precipitaciones -menos copiosas todavía de lo deseado- es esperada con ansiedad, entre otros, por ganaderos, agricultores, alcaldías y el sector eléctrico, con grandes embalses en la provincia de Zamora. Todos imploraban por el final de una pertinaz sequía que afectaba a los campos, a los ríos y escenarios fluviales. La falta de agua a estas alturas invernales repercute en mayores gastos y consumos, entre otros, el del precio de la luz, justificado en la escasez de agua, y también de viento, que ayer sopló con ganas; y también en el descenso del número de acuáticas en espacios ornitológicos tan ligados al agua como las Lagunas de Villafáfila.

El alcalde y ganadero de Moral de Sayago, Emilio Jorge mira con buenos ojos las nubes. "El agua viene fenomenal. Si llega marzo y no llueve habría que sacar los santos. Es necesaria para que la cosecha empiece a crecer y haya pastos porque este año viene todo muy retrasado y seco. Aunque los ganaderos preferimos inviernos secos, por razón de las enfermedades, tiene que llover para la recuperación de charcas y abrevaderos, y para manantiales tiene que llover bastante más" expresó ayer el regidor.

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