04 de noviembre de 2016
04.11.2016
Ángel Francisco Simón Piorno | Obispo de Chimbote (Perú), natural de Carbellino

"La curia tiene mucho poder, al papa a veces le tocará remar contracorriente"

"En mi diócesis los prelados somos bisagra entre tendencias políticas, entre instituciones; continuamente soy llamado para intervenir, mediar, denunciar..."

05.11.2016 | 04:59
Ángel Francisco Simón Piorno durante la entrevista.

Aunque lleva más de media vida en Perú, Ángel Francisco Piorno gusta de volver a su tierra y evocar los recuerdos, ya lejanos, de su Carbellino natal. De allí partió muy joven al Seminario de Toro en lo que sería un vuelo definitivo llevado por la vocación sacerdotal. Su vida está ahora en Chimbote, cuyo puerto pesquero llegó a ser el de mayor producción en el mundo. Tan directo como cercano, este obispo hispano-peruano, y desde luego sayagués, habla en la entrevista de los desafíos de la Iglesia y también del papa Francisco, con quien convivió durante un mes en un encuentro apostolar siendo el ahora pontífice arzobispo de Buenos Aires. El propio papa le acaba de enviar una emotiva carta con motivo de sus 25 años de episcopado. "Has trabajado, lleno de solicitud, con sabiduría y firmeza para dar la sólida doctrina cristiana, estableciendo estrechas relaciones de amistad y trabajo con los sacerdotes, con los religiosos, tanto varones como mujeres, y con los laicos, respetando, dialogando y ayudando a las autoridades civiles a buscar el bien común", le ha dicho el pontífice.

-Nació en Carbellino y allí pasó los primeros años de su vida, ¿qué le viene a la memoria de aquella infancia en el pueblo?

-A medida que va pasando el tiempo se hacen más nítidos los recuerdos de niño. Las calles, la gente, recuerdo a las personas con las cuales conviví cuando era niño. Ahora a muchas personas no las conozco porque llevo muchos años fuera de Carbellino.

-Salió muy joven de allí.

-Sí, primero me fui al Seminario de Toro, luego al de Zamora y después hice el bienio para la licenciatura en Filosofía en Comillas. Al terminar allí, a los 21 años, hice una experiencia misionera en Perú con los padres jesuitas y a partir de ahí cambió mi vida totalmente. Y en el año 1969, fui a estudiar a Roma hasta 1975.

-¿Ese paso por Perú le marcó tanto como para desempeñar allí su misión eclesial?

-Cuando terminé la licenciatura en Filosofía en Comillas se estaba trasladando la Universidad a Madrid y el rector, el padre Solano, me pidió que fuese a apoyar a un obispo jesuita en el Perú y me fui junto a otros tres compañeros. Un joven inteligentísimo, Domiciano García, de La Bóveda de Toro, y otros dos chicos que terminábamos Filosofía nos fuimos al vicariato apostólico por dos años. Al terminar me fui a hacer Teología a la Universidad Gregoriana de Roma; a partir de ahí cambió mi vida. Después monseñor Buxarrais me tuvo unos meses con él en Zamora, en la Casa de Retiro.

-En esa época también pasó por San José Obrero.

-Allí hice unos meses de diaconado y pasé otros meses con monseñor Buxarrais. Era un hombre muy activo y me pidió que aprovechase mi tiempo leyendo a los teólogos de moda de entonces: la teología política de Metz, la teología de la liberación de Gustavo Gutiérrez... Quería que le hiciera resúmenes para estar él al tanto de las novedades. Al terminar me ordenó presbítero y me dio permiso para ir a Perú por tiempo indefinido.

-¿Cómo fue el aterrizaje en aquel país?

-Estuve 16 años de tirón como párroco en la ciudad de Jaén y con 45 fui nombrado obispo de Chachapoyas, en Amazonas, donde estuve 4 años. Terminado el primero fui nombrado administrador apostólico de Cajamarca donde permanecí 12 años. Después a Chimbote, donde llevo otros doce.

-Ha cumplido ya 25 años de obispo en Perú. ¿No le ha tentado nunca la idea de volver?

-Cuando me nombraron obispo ya había tomado la decisión de continuar unos años más. Me dije, voy a esperar hasta los 50 y después me retiro a Zamora. Pero para mi ha sido un problema porque llevo mucho tiempo desvinculado de la diócesis y realmente no tienes apenas gente conocida, amigos. Aunque he mantenido buena relación con todos los obispos, he hecho mi vida en Perú y allí está mi historia personal.

-Nadie como usted para percibir las diferencias entre aquella iglesia comprometida de América Latina y la de aquí, puede que más acomodada.

-Allí hemos tenido momentos de gran dificultad, pero al mismo tiempo fortaleza suficiente para superarlos. Concretamente la época de Sendero Luminoso fue para nosotros durísima porque estaba nuestra vida en peligro.

-De hecho tienen sacerdotes mártires por ese compromiso contra la violencia.

-Efectivamente. El pasado mes de diciembre proclamamos beatos mártires a tres sacerdotes, dos polacos y un italiano. Fue un momento de especial gozo ver cómo la Iglesia ha reconocido que fue una muerte martirial.

-Un ejemplo más de ese compromiso social que siempre ha caracterizado a la iglesia sudamericana.

-Siempre he dicho que la Iglesia de Chimbote es samaritana. Tenemos muchas obras de apoyo y en la época de la gran crisis económica que vivió Perú la Iglesia fue cauce para que muchas familias tuvieran por lo menos un pan todos los días. Eso es lo que hizo que fuéramos objetivo de Sendero Luminoso al final de su trayectoria, porque veían que la acción social de la Iglesia detenía el avance revolucionario.

-¿Cómo podían cuestionar la acción social si era en beneficio del pueblo, de los pobres?

-Ellos querían provocar una gran crisis para que el pueblo se levantase en armas. Esa era su idea y entonces los sacerdotes, que ayudaron muchísimo a la gente con comedores populares, fueron blanco de la insanía de Sendero Luminoso.

-Usted estuvo en el punto de mira de la organización.

-En algún momento sí. Fui una vez amenazado, me daban 24 horas para desaparecer. Un amigo mío, monseñor Urkiza, me dijo, si hubieran querido matarte lo habrían hecho. Así que valiente, a pasear sin escolta por las calles y si te quieren matar que lo hagan a plena luz.

-Pero las amenazas no han cesado, ahora desde las organizaciones mafiosas que contratan a sicarios ¿Tiene miedo?

-Recientemente en mi diócesis he tenido problemas porque apareció un fenómeno gravísimo que es el sicariato, las mafias. Yo denuncié de una manera contundente las muertes porque todos los días había asesinatos en Chimbote, una ciudad que tiene 600.000 almas y hay una gran corrupción. El ministro del Interior me exigió tener guardaespaldas durante año y medio aproximadamente, ahora estoy más tranquilo.

-Lejos de mirar para un lado la Iglesia encara las situaciones de violencia con valentía, casi a cara de perro.

-Allí todos los días hay muertes. Han aparecido estos grupos que son contratados por gente de una maldad tremenda, utilizan sobre todo a menores de edad. La vida a sueldo, son sicarios contratados para matar a la gente.

-Con ese grado de implicación se supone que la Iglesia será una institución con más prestigio que en España.

-La ola secularizante va arrinconando a la Iglesia, sin dura. Pero así y todo, allí es la institución más valorada socialmente. Y concretamente la experiencia que yo vivo es que el obispo es bisagra entre tendencias políticas, entre instituciones, continuamente soy llamado para intervenir, mediar, actuar, denunciar...

-Bien diferente a lo que se vive aquí. Es difícil imaginarse a un obispo de aquí involucrándose a esos niveles.

-Allí tenemos que meternos, queramos o no. Es la experiencia que yo vivo continuamente; tenemos que estar dando la cara. Chimbote es una ciudad portuaria, fue el primer puerto pesquero del mundo, allí se depredó el mar de Grau y la gente, que estaba acostumbrada a ganar muchísimo dinero, ha pasado momentos muy difíciles. La Caja del Pescador, que era una especie de seguro de los pescadores, la despilfarraron y a mi me ha tocado actuar de mediador entre las grandes empresas pesqueras y el mundo de los pescadores. Hemos tenido que trabajar muchísimo.

-Habla de las mafias, de la utilización de los jóvenes, ¿acaso no ha dado frutos ese trabajo eclesial con la juventud?

-Creo que sí. Tenemos una juventud que no es ajena a la Iglesia, que está muy vinculada a los movimientos eclesiales y a las parroquias. Y si bien es cierto que también hay jóvenes que se han desenganchado de la vida eclesial, no es el fenómeno que vemos en España ni mucho menos. Yo puedo confirmar cada año a unos 8.000-9.000 jóvenes.

-Muy diferente a la realidad de aquí, con los seminarios vacíos por un desierto vocacional que ha creado una crisis sin precedentes.

-Allí empezamos a tener esa ausencia de vocaciones, pero así y todo este año ingresan cuatro al seminario, uno de ellos es ingeniero, otro ha terminado medicina y dos magisterio.

-Mencionó al principio la Teología de la Liberación, con gran influencia en América Latina, aunque muy cuestionada desde altas esferas ¿qué ha aportado a la Iglesia?

-La Teología de la Liberación creo que tiene muy pocos puntos controversiales y en su debido momento fueron rectificados por Gustavo Gutiérrez. El problema no fue el elemento teórico académico sino la praxis pastoral de gente que muchas veces desconocía los principios elementales de teología para saber contrastar. Y a unos los lanzó a una praxis liberadora muy conflictiva, creando muchos problemas después a la institución. Tanto es así que algunos, sobre todo gente joven, que empezaron a militar socialmente dentro de grupos eclesiales, al ver que el evangelio ponía cortapisas y que no todo era moralmente lícito, entonces desembocaron en Sendero Luminoso.

-Imposible en estos momentos hablar de la Iglesia y no mencionar al papa Francisco, un ciclón que ha removido cimientos que se creían intocables ¿qué opinión tiene de él?

-Lo he conocido personalmente porque fui uno de los obispos que participó en la V Conferencia de Aparecida. El papa Francisco, entonces arzobispo de Buenos Aires, fue uno de los responsables de la edición del documento. Y vivíamos juntos durante el mes que estuvimos allí. Después fui presidente varios años de la comisión episcopal de clero, durante ese periodo organizamos el congreso nacional de clero y lo invité siendo arzobispo de Buenos Aires. Ahora acabo de recibir una carta bellísima de él con motivo de los 25 años de episcopado.

-¿Pensaba que Jorge Bergoglio podía llegar tan lejos?

-Pues no. Más bien era un jesuita clásico y serio. No hace mucho yo estaba en una reunión de los consejos permanentes de Bolivia, Chile y Perú, y comentando con los obispos las actitudes que está teniendo el papa yo les decía que me extraña que tan seco como era en Aparecida ahora se mostrara tan abierto. El arzobispo de Santiago de Chile, me dice yo acabo de estar con él y le he hecho el mismo comentario, y me ha dicho ¿sabes qué?, me gusta ser papa, estoy contento de ser papa. Yo creo que el optimismo con que vive le hace ser sumamente entrañable con los pobres, con los marginados y la reforma que está haciendo dentro de la Iglesia es de gran calado. Sin duda.

-¿Qué consecuencias tendrá en la institución los pasos que está dando?

-De cara al futuro espero que el próximo papa siga la misma línea de acercarse al mundo y de tender puentes con la sociedad.

-¿Sin marcha atrás?

-No creo que tenga una marcha atrás lo que está haciendo el papa Francisco.

-Ha llegado a plantar cara a una institución con mucho poder, ¿ganará la batalla?

-Cuando uno conoce la curia romana? Bueno creo que ha tenido y tiene dificultades porque es mucho el poder que tiene la curia romana y sin duda hay gente que no comulga, pero el papa tendrá que remar muchas veces contracorriente y tal vez quedarse en incómoda minoría, me da la impresión. Pero en general, yo acabo de estar en Estados Unidos y la opinión pública es sumamente favorable en un país como ese.

-Ha hecho frente a temas tabú como los abusos sexuales, intocables hasta ahora, que por cierto usted ha vivido también en su diócesis.

-Es muy duro tener que enjuiciar canónicamente a un sacerdote y después dejarlo en manos de los tribunales civiles. Pero creo que era necesario. La praxis de la iglesia durante muchos años era que el sacerdote que tiene problemas en una parroquia se le traslade a otra y darle siempre una nueva oportunidad. Pero ha generado tal conflicto en el interior de la sociedad y de la iglesia...

-Es que además de ser un delito es algo moralmente deplorable, era incomprensible tal tibieza y hasta ocultismo.

-El papa ha dicho: si hay un lugar donde deben sentirse seguros los niños y los jóvenes es en una parroquia. Y por lo tanto los obispos tenemos obligaciones sumamente duras en relación a los casos de pederastia. Ante cualquier denuncia, inmediatamente hay que abrir un proceso preliminar y si hay visos de que se ha producido un abuso inmediatamente proceder a un proceso canónico formal.

-Lo que ha hecho el papa es admitir que hasta ahora las cosas no se han hecho bien, que se ha tapado un problema gravísimo y conocido dentro de la Iglesia.

-Efectivamente. Muchas veces el temor al escándalo o a que perdiera prestigio la Iglesia aconsejaban tapar todo. Yo creo que la actitud valiente del papa Francisco, ya iniciada con Benedicto, a la larga es una cirugía que había que hacer al interior de la Iglesia y que será sumamente beneficiosa.

-La mujer es otra asignatura pendiente ¿ve posible la igualdad en el estamento eclesiástico?

-El papa Francisco ha ordenado que se estudie el tema de las diaconisas en la iglesia primitiva.

-Es un paso pero ¿usted qué opina?

-Yo he trabajado muchos años como sacerdote y como obispo con comunidades religiosas y con laicos, tanto varones como mujeres, y puedo decir que probablemente muchos laicos lo harían mucho mejor que algunos curas.

-Pero le insisto, ¿veremos a una mujer obispa?

-Hay una declaración del papa Juan Pablo II donde en un texto muy breve vuelve a reafirmar la doctrina de la iglesia en el sentido de que la ordenación sacerdotal está reservada a varones. De acuerdo al estilo que tiene pareciera una declaración ex cátedra. Vamos a ver, otros dicen que no fue una definición dogmática. Estamos a ver qué dicen los teólogos y expertos en torno al tema de las diaconisas en la iglesia primitiva.

-Se echa de menos en este asunto la contundencia que sí muestra en otras cuestiones.

-Si fuera una cuestión dogmática, tenemos que respetar la doctrina de la Iglesia. La última declaración a la cual deberíamos atenernos es la de Juan Pablo II, donde dice que la ordenación sacerdotal está reservada a los varones.

-¿Qué futuro adivina a la Iglesia viendo la crisis por la que está atravesando?

-La Iglesia española pasa por un momento sumamente delicado, sin prestigio social, sin presencia en la sociedad, cuestionada por su doctrina moral, por tantas cosas. Creo que no es el mejor momento de la Iglesia en España, pero al mismo tiempo descubro que hay grupos que son toda una promesa. Hay piel nueva en medio de tanta lepra. Es la impresión que tengo.

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