Las peñas de Bermillo marcaron en la tarde de ayer el inicio de las fiestas patronales de su pueblo con el tradicional chupinazo en la Plaza Mayor.

En torno a las ocho de la tarde iban llegando a la plaza central de la capital sayaguesa algunos peñistas uniformados, que se mezclaban entre ellos esperando el chupinazo. La asistencia fue ligeramente menor que en años anteriores, pero las calles se fueron llenando más tarde de peñistas, a medida que refrescaba el tiempo.

Arriba, en el balcón, tras un breve saludo del alcalde, los representantes de los peñistas prendieron el cohete que marca el comienzo de la semana grande en honor de la Virgen de la Asunción. Abajo, explotó el ambiente festivo. Entre vivas a Bermillo, a la virgen, a Sayago y a las peñas, los vecinos descorchaban botellas de espumoso. Los más jóvenes aprovechaban la ocasión para mojarse entre ellos y embadurnarse de los efluvios de Baco la cabeza y sus camisetas de peñistas.

Baile y disfraces

El sol caía pero la diversión iba en aumento. Los vecinos de Bermillo estrenaron las fiestas del 2014 bailando hasta la madrugada con una discoteca móvil que comenzó después del chupinazo.

Algunos jóvenes, sin embargo, se ausentaron por un momento para cambiar el uniforme de peñista por otros mucho más extravagantes, pues a las doce y media de la noche estaba programado un concurso de disfraces en el que podían competir por diferentes premios haciendo gala de originalidad.

Bermillo de Sayago cuenta en la actualidad con una docena de peñas. Su papel es imprescindible en las fiestas. Colaboran en la organización de los encierros y de otras muchas actividades, y contribuyen a llenar las calles de alegría y color. "Ser peñista es una forma de disfrutar las fiestas en grupo, con los amigos", relata uno de los jóvenes presentes en la plaza, "pero supone un desembolso, aquí ponemos unos 100 euros para comprar alcohol y algo de comida para la media noche".