Siglo tras siglo manteniendo la tradición, Moveros de Aliste y Constantim volvieron a ser ayer, último domingo de abril, fieles a la costumbre de recibir con los brazos abiertos a los miles de romeros llegados desde Castilla y León y desde los concelhos de Miranda do Douro, Vimioso y Braganza, para venerar a nuestra Señora la Virgen de la Luz convertida en protectora de la vista desde aquella lejana noche de los tiempos en que la tormenta arreció y la Madre de Jesús apareció presta para el desorientado alistano que a ella se había encomendado entre robles y urces cuando regresaba de ver a su amada moza portuguesa.

La fe rompe fronteras y alistanos y trasmontanos se arrodillaron ante su amada Virgen de la Luz, le rezaron, le lloraron y le suplicaron sus gracias, y le mostraron gratitud, que de bien nacidos es ser agradecidos. Las puertas del santuario abiertas de par en par para el peregrino y el romero. Atrás quedan aquellas épocas en que los excombatientes de la Guerra de Cuba, alistanos, y de Madeira, trasmontanos, acudían a cumplir su promesa por volver vivos a sus aldeas, procesionando con la Virgen de la Luz unos de rodillas otros llevando acuestas un saco de tierra o arena. Pasado el medio día la santa misa rebosó con fieles y devotos.

Muchos atraídos por la devoción, otros por la curiosidad o la práctica del turismo rural de interior y verde que permite conocer y disfrutar de folclore y tradiciones culturales en este caso con el añadido del gran mercado donde de casi todo se puede comprar, cafés Palmeira, ropas, calzado y herramientas, muebles y menaje para el hogar. El tradicional mercadillo volvió a congregar a un público variopinto de los dos lados de "La Raya". El mercadillo más puro y duro se vive en terrenos fronterizos, sobre altonazos y laderas de España y Portugal acostumbradas a hablar idiomas diferentes y a compartir creencias y costumbres similares, quizás tan idénticas e inseparables como dos gotas de agua.

El día acompaño, sol y calor, y eso propició que cientos de familias aprovecharan la jornada para disfrutar de la comida campera a base de las mejores viandas de cada casa, vino, chorizos y salchichones, del tradicional hornazo o de los pollos asados en pleno campo.

Miles de euros cambiaron de mano y de país pues prácticamente nadie regresa sin haberse comprado algo allí, en La Luz.