Morales

«Se gana tiempo y tranquilidad. Este tipo de infraestructuras son absolutamente imprescindibles. Pero como todo tiene su haz y su envés, su cara y su cruz». La ansiada entrada en funcionamiento del tramo de autovía Zamora Salamanca y el desdoblamiento de la carretera de Zamora a Morales del Vino ha dejado paso, una semana después de la inauguración, a la cruda realidad que ha aportada esta infraestructura que ha borrado de repente millares de vehículos que a diario atravesaban el pueblo por la carretera. Cierto temor se ha instalado ya en algunos sectores, sobre todo los más directamente vinculados con el tránsito de forasteros (gasolinera y bares), si bien todo el mundo, incluso los más perjudicados, coinciden en señalar que la mejora de la red viaria es imprescindible para la provincia, como la llegada del AVE.

Con la entrada en funcionamiento del desdoblamiento el sector servicios todavía sigue pendiente de la reclamación del anuncio que indique en la autovía la existencia de un área de servicio en la localidad, con gasolinera y restaurantes. La misma señalización «que ya tienen Corrales y El Cubo y que yo he solicitado hace dos años, sin que se haya colocado todavía». Quien así se expresa es uno de los propietarios de la gasolinera del pueblo quien reconoce haber notado la merma de caja, porque aunque muchos clientes son locales, su óptima posición en el entramado de la antigua nacional 630 proporcionaba ese plus de viajeros de tránsito que ahora pretende compensar ampliando el negocio con una zona más comercial que permita «equilibrar los ingresos y mantener los puestos de trabajo».

En los linde de la carretera es donde se instala precisamente el grueso de la hostelería de Morales, hasta media docena de bares y restaurantes, que se han resentido de la falta de tráfico. «Ha bajado mucho, entre semana y los fines de semana», confiesa Nena Feli, que atendía la otra tarde uno de los bares del pueblo. Y el temor aparece en el futuro cuando escucha cómo los clientes corroboran su afirmación y además expresan sus opiniones: «Está claro que a los pueblos pequeños cercanos a la capital son los grandes perjudicados de las autovías, pues la gente si quiere tomar un café o comer para directamente en la ciudad». Los mismos parroquianos, agricultores, aprovechan para quejarse por enésima vez del mal estado de los caminos por las obras.

En la calle, dos vecinos de Entrala trabajadores en Morales del Vino aprovechaban para hacer sus compras en el bien dotado comercio. «A Morales le han metido una leche...», es lo primero que se le ocurre a Francisco García. Amparo Vizán corrobora, aunque no cree que el descenso de clientela en hostelería y otros sectores sea sólo culpa de la autovía y lo enlaza también a la crisis económica.

No cabe duda que los más beneficiados son los residentes que trabajan en Zamora capital, a donde acuden a diario, ya que la comunicación es infinitamente más rápida y sobre todo cómoda, teniendo en cuenta además «el calvario que venimos sufriendo con las obras. Ahora te encuentras un camión lento y no tienes ningún problema», afirma Asunción Alonso. En la misma dirección, Inmaculada Marqués reconoce la ventaja de la infraestructura aunque no comprende «cómo no se trabajó por un acceso directo de Morales con la autovía, sin necesidad de ir a Cazurra o salir hasta el enlace de Pontejos».

En la parada de autobús un grupo de viajeros esperaba el coche de línea. «Hoy llega con retraso, pues se supone que la mejora viaria también va ser positiva para notros, usuarios de este servicio, pero a menudo se retrasa» . Los responsables de la empresa, eso sí, indicaron a este diario que en cuanto entre en funcionamiento el tramo que queda por concluir entre La Vellés y Topas de cerca de 12 kilómetros, que estará en previsiblemente concluido en junio, se potenciarán los servicios exprés, que cubren las plazas con funcionarios y estudiantes, aunque se mantendrán los servicios normales en los pueblos.