Ribadelago.- Los habitantes de Ribadelago, parte de ellos supervivientes de la tragedia que envolvió el pueblo tras venirse abajo la mitad de la presa de Vega de Tera en la noche del 8 al 9 de enero de 1959, asistieron ayer a la tradicional misa celebrada en memoria de todos los fallecidos en la magna catástrofe. El brutal desembalse de ocho millones de litros se llevó por delante la vida de 144 personas - entre ellas catorce familias enteras- y conmocionó al país y al mundo.

El acto religioso de ayer sirvió como un claro exponente de la despoblación que pesa sobre los pueblos por cuanto que no llegaron siquiera a medio centenar los fieles congregados en el templo.

Por su parte, el presidente del Partido Regionalista del País Leonés (Prepal), Iglesias Carreño, pidió ayer «una revisión de las ayudas entregadas a los afectados por la tragedia», al entender que los habitantes de Ribadelago no percibieron lo realmente aportado por la gran solidaridad desplegada en todo el país y en otros puntos del orbe. El Gobierno Civil de Zamora canalizó entonces una cuenta corriente de "Ayuda a Ribadelago", existiendo además, como centros de recepción, la Jefatura Provincial del Movimiento, Auxilio Social, Sección Femenina y Radio Zamora. Al margen del dinero, decenas de colectivos y gremios colaboraron con el envio de bienes, productos y materiales: sastres, conventos, futbolistas, toreros, compañías eléctricas, diócesis, artistas, pintores y una larga relación de personas llevadas por el humanismo.

Según los cómputos finales, desaparecieron entre otros bienes, 130 viviendas, 50 pajares, dos hornos, casi un millar de ovejas y cabras, más de 40 carros y más de 2.000 quintales de patatas. Hidroeléctrica, Moncabril, S.A. valoró sus pérdidas empresariales por encima de toda indemnización a los afectados por la muerte de personas y el destrozos de bienes. El importe de la indemnización a favor de los herederos de las víctimas y desaparecidos sumó 66.441,8 euros, y 74.053 euros el importe de la indemnización de daños y perjuicios en sus patrimonios. Moncabril valoró sus pérdidas en más de 150.000 euros.

Veinte años después del suceso todavía seguían algunas personas afectadas pendientes de cobrar la indemnización. En medio, un engorroso proceso judicial que dio pie a todo tipo de presiones y vueltas atrás.

El Prepal pide, además, una revisión del pueblo de Ribadelago de Franco, por considerar que fue hecho de forma inadecuada al utilizar un proyecto del sur del país para un enclave montañoso.

Hoy el viejo Ribadelago emerge con una fuerza sorprendente, superando con creces al «idílico» núcleo construido para acoger a una población que quedó sumida en la desgracia, y que ya había vivido un anterior traslado.