El panorama del ámbito rural zamorano es desalentador. La historia se repite y cada vez con tintes más dramáticos. Los padrones municipales que se dan a conocer a principio de año son inexorables: cada anualidad la provincia pierde una media de 1.500 habitantes. Esta merma afecta, sobre todo, a los pueblos porque las ciudades -Zamora, Benavente y Toro- , aunque a cuentagotas, van ganando residentes. En esta vasta, insólita y rara geografía de pistola estábamos censados a finales del año pasado 198.000 personas. Ahora ya somos menos. Calculen una media de cuatro habitantes "desaparecidos" por día. Eso es lo que hay.

Hace unos meses se dio la noticia en este periódico: Escuredo cerraba sus puertas durante el invierno, se quedaba sin gente, sin alma, sin recuerdos. Es un caso, pero vendrán muchos más en los próximos años. Hay pueblos que ya no tienen bar, ni tiendas donde comprar, ni un salón social para que se reúnan los vecinos. Irán cayendo de maduros. ¿Quién va a vivir en un sitio donde hay que llevar de fuera lo necesario para abastecerse? Nadie.

Hace muchos meses, las Cortes de Castilla y León eligieron un "comité de sabios" para sacar a la luz ideas encaminadas a fijar población en el mundo rural. Como tantas veces ha ocurrido, cuando por medio se mezcla la política, el diagnóstico y las soluciones se llenaron de barro y se atascaron antes de echar a rodar. De momento, que uno sepa, nada se ha hecho.

Zamora está pagando de forma especialmente lacerante esta crisis, que está siendo alimentada por los permanentes cambios en la Política Agrícola Común (PAC). Cada vez que en Bruselas se modifica una organización común de mercado (OCM), o sea la normativa que regula producciones agropecuarias, esta provincia tiembla y se dispone a morir un poco. El último cambio registrado en el mercado del azúcar es un ejemplo. La próxima modificación es la del vino. Uff qué miedo.

Ni las instituciones ni los colectivos zamoranos ni los ciudadanos de a pie podemos seguir esperando con los brazos cruzados que alguien decida nuestro destino por nosotros. Sobre todo, porque si no hacemos algo este será el último siglo de existencia de esta provincia. Creo que va siendo hora de que nuestros representantes públicos tomen una decisión y se planteen, en serio, lo que está pasando aquí y se pregunten por qué somos el territorio español que más porcentaje de población ha perdido en las últimas décadas.

En una reciente reunión de representantes del sector agrario celebrada en Zamora, alguien planteó la necesidad de crear una plataforma rural provincial, un foro de donde salga un mensaje que tenga eco a nivel nacional: Zamora es la provincia más rural de España y no está dispuesta a desaparecer. Es tiempo de tomar medidas. La sociedad debe ser consciente de que lo que está en juego es la supervivencia de una forma de vivir, de una cultura. Esa plataforma debería actuar más que con fines ejecutivos, que para eso ya están otros colectivos como "Zamora Exige", con ánimo de convertirse en caja de resonancia, en órgano de defensa frente a ataques exteriores, por ejemplo los de todos aquellos que, desde medios de comunicación nacionales, abogan por la desaparición de las ayudas al campo y por tanto por la extinción del sector en Europa en aras de una cínica defensa de los países subdesarrollados. No saben lo que hay detrás de esta decisión: la muerte del ámbito rural y el control salvaje de los alimentos por las multinacionales. Ese es el futuro. ¿Lo queremos?