Moraleja.- La fiesta de las Candelas que se celebraba ayer en Moraleja del Vino tenía especial significado para los socios del Club de Jubilados ´El Bienestar´, debido a la inauguración de la ampliación de su sede, situada en un edificio municipal a la entrada del pueblo. «Que este local represente un lugar de concordia y de reunión para todos vosotros», deseaba el párroco, Manuel Bolaños, durante el acto de bendición que tenía lugar después de los actos religiosos.

Ha sido el grupo de acción local Torguvi quien ha financiado casi el ochenta por ciento de la actuación, que ha consistido en la creación de una amplia sala de estar y una oficina independientes del bar. «Hemos peleado mucho por este espacio, porque el bar está abierto al público y a nosotros, los mayores, nos molesta mucho el humo. Así quedarán separadas perfectamente la sala de fumadores de la de no fumadores», subrayaba el presidente del Club de Jubilados, Argimiro González Gómez. Una agrupación de la tercera edad, que cuenta actualmente con 112 socios registrados, y que como en ediciones anteriores se trasladaban ayer a la capital para comer en clave de hermandad y regresar más tarde a disfrutar de la verbena popular junto a los demás vecinos de la localidad.

Fue en esta misma fiesta también y dentro del primer acto del día, la homilía, cuando el sacerdote recordaba a los fieles la particularidad de la fecha, «que según explica la Ley de Moisés, es la presentación en el templo de Jesús a los cuarenta días de su nacimiento». Bolaños hizo referencia igualmente al nuevo reloj donado por los hermanos Norberto y Javier Avedillo y José Ramos, los tres presentes en la ceremonia. «Es un momento histórico para este pueblo. El reloj nos recuerda las horas para ser gente de bien durante los 365 días del año».

Hoy, día de San Blas, las fiestas continúan en otros pueblos de la comarca como es el caso de El Perdigón, Gema o Villalazán, municipio éste último donde José Antonio Alonso ha sido nombrado hermano mayor de la cofradía. El rito típico de esta celebración es la bendición de las cintas de colores que luego se colocan sobre el cuello a modo de amuleto con el que sentir los benéficos poderes del santo protector de los males de garganta. En Villalazán es también costumbre degustar los exquisitos bollos de San Blas y participar en el condumio popular que se celebra el día después, San Blasico y que este año tiene como plato fuerte las patatas con chichas.

El colofón a este periplo lo marcan el día 5 los numerosos grupos de águedas que llenarán las calles de colorido, con los ricos trajes típicos y la música de flauta y tamboril, mientras piden la miaja o amenizan con sus bailes las calles y plazas.