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Las tres claves para diferenciar una ola de calor de un episodio de altas temperaturas

No todos los días con temperaturas extremas pueden considerarse una ola de calor. La duración, la extensión y lo anómalo de los valores registrados son factores decisivos

Las tres claves para diferenciar una ola de calor de un episodio de altas temperaturas.

Las tres claves para diferenciar una ola de calor de un episodio de altas temperaturas. / Pexels

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A.B.G.

Zamora

Llega el verano, los termómetros se disparan, las noches apenas refrescan, las ventanas de las casas se abren al atardecer en busca de una pequeña corriente de aire y el calor se impregna en la calzada. Es entonces cuando empieza a escucharse en la boca de la gente que "viene una ola de calor". Sin embargo, que una ciudad alcance los 40 grados durante una tarde no significa necesariamente que se esté viviendo una ola de calor (fenómeno meteorológico que puede tener consecuencias importantes para la salud, los ecosistemas y el riesgo de incendios).

Para que un episodio reciba esta denominación, las temperaturas deben ser excepcionalmente altas para esa zona, afectar a un territorio amplio y mantenerse durante varios días consecutivos.

No existe una temperatura única

Uno de los primeros factores que hay que tener en cuenta a la hora de hablar de una ola de calor es que no comienza automáticamente al alcanzar los 35, 40 o 42 grados. El umbral depende del clima habitual de cada lugar.

Una temperatura que puede ser relativamente frecuente durante el verano en el valle del Guadalquivir sería extraordinaria en una zona del norte peninsular. Por eso, los especialistas comparan los valores previstos con las temperaturas históricas de cada región.

Lo importante no es solo cuánto marca el termómetro, sino cuánto se aleja ese registro de lo normal para la época y el lugar.

Las tres claves de una ola de calor

La intensidad. Las temperaturas deben alcanzar valores excepcionalmente elevados en comparación con los registros habituales.

La duración. El calor extremo debe mantenerse durante varios días. Un pico aislado de temperatura suele considerarse un episodio cálido, pero no necesariamente una ola de calor.

La extensión. El fenómeno debe afectar a una superficie significativa. Si el calor extremo se limita a una localidad concreta, normalmente no se clasifica como una ola de calor generalizada.

¿Por qué se producen?

Las olas de calor suelen aparecer cuando se instala una situación atmosférica estable que impide la llegada de aire más fresco y favorece los cielos despejados. Las altas presiones pueden permanecer durante varios días sobre una misma zona. La fuerte insolación del verano calienta progresivamente el suelo y el aire, mientras que la ausencia de nubes permite que las temperaturas sigan subiendo. En algunos episodios también interviene la llegada de masas de aire muy cálido procedentes del norte de África.

En lo que al contexto actual se refiere, según la Agencia Estatal de Meteorología, la nueva ola de calor que afectará durante los próximos días a la Península Ibérica se debe a la combinación de varios factores atmosféricos, como son el paso sucesivo de varias dorsales anticiclónicas (zonas de altas presiones situadas en niveles medios y altos de la atmósfera). En estas condiciones, el aire desciende, se comprime y se calienta, un proceso que además dificulta la formación de nubes y mantiene los cielos despejados.

A esta situación se sumará el dominio de las altas presiones sobre el Mediterráneo occidental, que reducirá la circulación y renovación de las masas de aire. La fuerte radiación solar propia de finales de julio calentará intensamente el terreno y hará que el calor se acumule jornada tras jornada.

El viento de componente sur también contribuirá al episodio, al transportar aire muy cálido y seco procedente del norte de África y de zonas interiores recalentadas.

El problema no termina cuando se pone el sol

Uno de los aspectos más peligrosos de una ola de calor son las temperaturas nocturnas.

Cuando las mínimas se mantienen muy elevadas, el cuerpo tiene más dificultades para recuperarse del calor acumulado durante el día. El descanso empeora y aumenta el estrés térmico, especialmente entre las personas mayores, los bebés, quienes padecen enfermedades crónicas y quienes viven en viviendas mal ventiladas.

Las grandes ciudades pueden sufrir todavía más este efecto debido a la denominada isla de calor urbana. El asfalto, el hormigón y los edificios almacenan energía durante el día y la liberan lentamente durante la noche.

¿Por qué puede ser peligrosa para la salud?

El cuerpo humano regula su temperatura principalmente mediante el sudor. Pero cuando el calor es extremo o se mantiene durante mucho tiempo, este mecanismo puede resultar insuficiente.

La deshidratación, el agotamiento, los mareos, los calambres y los golpes de calor son algunos de los principales riesgos. También pueden agravarse enfermedades cardiovasculares, respiratorias o renales.

El peligro aumenta cuando se realiza ejercicio o se trabaja al aire libre durante las horas centrales del día. También es mayor si existe mucha humedad, ya que el sudor se evapora con más dificultad y el organismo pierde capacidad para enfriarse.

Más calor, más peligro de incendios

Las olas de calor también secan la vegetación y reducen la humedad del suelo. Estas condiciones facilitan que un incendio se inicie y se propague con rapidez.

De hecho, tras conocerse que la Meseta de Zamora entrará en aviso amarillo desde el martes 28 de julio, por temperaturas máximas de 36 grados, la Consejería de Medio Ambiente y Energía de la Junta de Castilla y León declaró la situación de alerta por riesgo meteorológico de incendios forestales en toda la comunidad para los días 28, 29, 30 y 31 de julio de 2026, entrando en vigor a las 00.00 horas del martes 28 de julio y permaneciendo activa hasta las 23.59 horas del viernes 31 de julio de 2026.

Otro ejemplo de gran peligro son las tormentas secas, que pueden producir rayos sin apenas lluvia y son capaces de provocar incendios en zonas forestales muy secas.

¿Cuánto puede durar una ola de calor?

La duración de una ola de calor dependerá de la evolución de la atmósfera y de la llegada de frentes, vientos más frescos o cambios en la posición de las altas presiones, por lo que algunas se mantienen durante pocos días, mientras que otras pueden prolongarse más de una semana.

En ocasiones, las temperaturas bajan temporalmente en una región mientras continúan siendo extremas en otras. Por eso, el final de una ola de calor no siempre se produce al mismo tiempo en todo el territorio.

Cómo protegerse durante un episodio extremo

Durante los días de más calor conviene beber agua con frecuencia, aunque no se tenga sed, evitar el ejercicio intenso en las horas centrales y permanecer en espacios frescos o ventilados. Recomendaciones que prácticamente todo el mundo conoce pero que a la hora de la verdad son muchos los que no las aplican.

También es recomendable utilizar ropa ligera, protegerse del sol y evitar dejar a personas o animales dentro de vehículos estacionados, incluso durante periodos breves.

La atención debe centrarse especialmente en las personas mayores, los niños pequeños, quienes viven solos y quienes padecen enfermedades crónicas. Ante síntomas como confusión, pérdida de conocimiento, piel muy caliente o temperatura corporal elevada, es necesario solicitar ayuda sanitaria urgente.

Una ola de calor no es simplemente una sucesión de días incómodos. Se trata de un fenómeno extremo cuyo impacto depende de la intensidad de las temperaturas, el tiempo que permanecen y la capacidad de la población para protegerse.

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