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¿Sabías que existe en Castilla y León un pequeño museo dedicado a la mantequilla?

Los verdes prados de la zona donde pastan las vacas propician la elaboración de este producto lácteo

Mantequilla.

Mantequilla. / Shutterstock

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Comer es un placer y los alimentos merecen un monumento... y un museo. Por eso, los hay para todos los gustos y paladares: el museo del helado en Italia, el de las patatas fritas en Bélgica o el del ramen en Japón. Y en Castilla y León contamos con el Centro de Interpretación de la mantequilla. Se encuentra en Soria, en el Valle del Razón.

Esta comarca, según explican desde el propio centro, se extiende a ambas orillas del truchero Razón y en el regazo de la sierra Cebollera y la más pequeña Carcaña, y se caracteriza por su estampa en el que "paisaje y paisanaje se funden". Las lluvias y la rica vega del río dan lugar a los verdes prados donde pastan las vacas, con cuya leche se elabora la mantequilla desde tiempos pasados.

Así, por ejemplo, en el periódico 'El Noticiero de Soria' de 1899 aparecía un anuncio de la confitería La Azucena con este producto como parte de su oferta, como proveedor de la misma de la Casa Real y como confitería premiada en la exposición regional de Logroño. Desde el 15 de junio de 2004, la mantequilla de Soria cuenta con el marchamo de calidad de Denominación de Origen.

Hay tres tipos de mantequilla en Soria: natural, salada y dulce. En el museo explican el proceso de elaboración de este producto lácteo, las herramientas empleadas para ellos, su evolución así como las distintas razas de vacas de las que se obtiene la leche.

¿Cómo se elabora la mantequilla de Soria?

La elaboración artesanal se hace con un 50% de manteca de vaca, un

25% de azúcar y un 15% de agua. Se pone a derretir al azúcar con agua en el

fuego y cuando rompe a hervir, se separa el recipiente del calor y se deja

enfriar, añadiéndolo poco a poco a la nata. La mezcla se bate enérgicamente y

con paciencia, antaño con el manzadero, cilindro de madera preferentemente

de sauce con una especie de émbolo llamado rolda que apretaba la nata abajo

mientras que la leche subía arriba por sus orificios y por supuesto más adelante

con batidoras eléctricas. Una vez batida, la mantequilla se pone en una manga

pastelera con boquilla y sobre un papel parafinado se forman con ella bloques

que deberán guardarse en lugares frescos. Su color recién hecha es blanco, de

suave sensación al paladar y dulce gusto, esponjosa, con la forma de crema

que da la manga pastelera. Se suele presentar con adornos de color rosa que

no son sino mantequilla con colorante en unos envases con la tapa

transparente de diferentes tamaños.

El mismo proceso pero sin el azúcar como ingrediente sigue la

mantequilla natural, de alta calidad, buen aroma y sabor, presentada en

bloques de 1´4 y 14 kilogramos. Igual se fabrica la salada pero añadiendo ese

producto, aumentando se periodo de conservación y presentándose esta en

rollos y latas de 240 gramos y 500 gramos. Aún recuerdan los más mayores

como se producía la mantequilla en los pueblos del Valle y a primera hora de

mañana, a lomos de mulas, se llevaba a la capital para ser vendida.

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