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Ocho años de prisión para un psicólogo de Salamanca que abusó sexualmente de una paciente con depresión

La Audiencia Provincial, que le obliga a indemnizar con 25.000 euros a la víctima, considera que la manipuló en su consulta para mantener relaciones sexuales

Juzgado, juicio, sentencia

Juzgado, juicio, sentencia / Pexels

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ICAL

La Audiencia Provincial de Salamanca condenó a un psicólogo a ocho años de prisión como autor de un delito de agresión sexual cometido contra una paciente en estado de depresión por la grave enfermedad de su hermana. Además, deberá indemnizar a la víctima, a la que no podrá acercarse a menos de 250 metros durante una década, con 25.000 euros por los daños y perjuicios ocasionados. Tampoco podrá ejercer su profesión, para la que queda inhabilitado durante seis años.

Según recoge la sentencia, a la que tuvo acceso Ical, los hechos se remontan al año 2022, cuando la víctima comenzó a recibir atención psicológica por parte de la Asociación Española Contra el Cáncer, enfermedad con la que su hermana había sido diagnosticada. Tras la baja de su primera terapeuta, siguió siendo atendida por otro profesional durante cinco meses que, a su vez, le acabó derivando a un colega del sector privado.

Contactó con él en marzo de 2023, pero no acudió a su consulta a julio de ese mismo año, cuando su estado psicológico se agravó con ideas de suicidio porque su hermana había entrado en fase terminal. Tras la consulta, el ahora condenado le manifestó que continuarían hablando por WhatsApp y más adelante fijarían una nueva cita. El 4 de agosto de 2023, tras otra consulta, el condenado dio un abrazo muy intenso a la joven, que le resultó incómodo, pero no le atribuyó un contenido sexual.

Entre el 10 de agosto de 2023 y el 26 de febrero de 2024, mantuvieron conversaciones por WhatsApp en las que la víctima refería que tenía un problema con la comida e ideas de suicidio por el empeoramiento de la situación de su hermana. Así, el 13 de octubre le confesó que se estaba dando frecuentes atracones de comida y empezaba a verse gorda, y él le contestó que era “preciosa”, que su cuerpo “le encantaba”, que era “muy sexy”. Ante la reticencia de que opinara sobre su físico, le pidió perdón, pero insistió en que la veía “muy atractiva” y que “le encantaría estar con ella”. En otra conversación de WhatsApp del día 15 de octubre de 2023, el condenado escribió “me gusta mucho darte palmaditas en el culo”.

Continuando con estas conversaciones, durante el mes de noviembre, la paciente manifestó su voluntad de acabar con su vida y el dolor que sentía. Al principio pagaba sus sesiones, pero la relación cambió y dejó de hacerlo. En otra ocasión, le hizo manifestaciones por mensaje como “te beso”, “me gustaría abrazarte en cucharita, los dos en la cama, acariciarte enterita”, a lo que contestó que le gustaría que lo hiciera pero que debía tener mucha paciencia, que no se aguantaba ni ella y era muy complicado.

En enero de 2024 las conversaciones adquirieron unas connotaciones sexuales más explicitas. El psicólogo le pidió a su paciente que se tocara en sus partes íntimas mientras estaba en la cama. El le manifestó que no podían continuar la relación psicólogo-paciente dado el cariz sexual que habían adquirido sus conversaciones, pero él afirmó que podían continuar porque solo habían fantaseado. Durante este mes el procesado no contestó a la joven durante varios días causando una situación de ansiedad derivada de la dependencia que sentía por él.

El día 6 de febrero de 2024, la mujer fue a la consulta y, aprovechando su frágil estado psicológico y la dependencia emocional que sentía respecto de él, con ánimo de satisfacer sus deseos sexuales, introdujo sus dedos en la vagina, luego en el ano, a lo que ella respondió que le parecía una guarrada y posteriormente se los volvió a introducir en la vagina. Le preguntó si tenía preservativo y le dejó claro que no quería que la penetrara. A partir de entonces se negó a volver a la consulta y le culpó de haber contraído una infección de orina y acabó denunciando por haberla manipulado para mantener relaciones.

La víctima se encuentra en tratamiento psicológico desde que su hermana mayor enfermó y psiquiátrico desde noviembre de 2022. Padece un trastorno depresivo de larga evolución con seguimiento en psiquiatría, que se ha visto agravado tras la agresión sexual, de tal forma que tiene pánico a salir de casa, necesita la asistencia de terceras personas, ha adelgazado mucho, y tiene asco de su cuerpo. La sentencia recoge que no quiere seguir viviendo y solicita su eutanasia.

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