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Las fascinantes construcciones de barro que dejaron como herencia los romanos

Estas estructuras tradicionales, que algunos historiadores sitúan en época romana, forman parte esencial del paisaje y la identidad rural de Tierra de Campos

PALOMARES PALOMAR DE VILLRRIN DE CAMPOS

PALOMARES PALOMAR DE VILLRRIN DE CAMPOS / L. O. Z.

En plena comarca de Tierra de Campos, el municipio de Villarrín de Campos conserva uno de los conjuntos de palomares más representativos de la provincia. Estas construcciones de barro, integradas en el paisaje cerealista, constituyen un símbolo de la arquitectura popular zamorana y, según algunos historiadores, podrían tener su origen en época del Imperio Romano.

Levantados con adobe, tapial y cubiertas de teja árabe, los palomares destacan por su sencillez estructural y su perfecta adaptación al entorno. De planta circular, cuadrada o rectangular, estas edificaciones estaban destinadas a la cría de palomas, actividad que durante siglos tuvo un importante valor económico en el medio rural. La carne de pichón y la palomina, utilizada como abono natural, eran recursos muy apreciados en una economía agrícola de subsistencia.

Más allá de su función práctica, los palomares forman parte de la identidad cultural de la provincia de Zamora. Su silueta redondeada y sus muros de tierra compactada dibujan un perfil inconfundible en el horizonte de Campos. En Villarrín, muchos de ellos aún se mantienen en pie, algunos restaurados y otros como ruinas evocadoras que hablan del pasado agrícola de la zona.

Aunque no existe consenso absoluto sobre su datación, diversos estudios apuntan a que este tipo de construcciones ya existían en época romana, vinculadas a explotaciones agrarias organizadas. Con el paso de los siglos, la tradición constructiva se mantuvo, transmitiéndose de generación en generación y adaptándose a las necesidades de cada época.

Luchan por su mantenimiento

Hoy, estos palomares son considerados un valioso patrimonio etnográfico. Asociaciones y vecinos trabajan para su conservación, conscientes de que representan mucho más que simples edificaciones rurales: son vestigios de una forma de vida ligada a la tierra y al aprovechamiento sostenible de los recursos.

Villarrín de Campos se erige así como uno de los mejores escaparates de esta arquitectura de barro, donde historia y tradición se funden en un paisaje que mantiene viva la memoria del campo zamorano.

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