El TSJCyL confirma 25 años de prisión para un abuelo de Salamanca que agredió sexualmente a sus dos nietas cuando eran menores
El hombre, que recurrió sin éxito, está condenado por la Audiencia Provincial a 12 años y seis meses por dos delitos continuados de agresión sexual a menor con abuso de situación de vulnerabilidad

Fachada del Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León. / Ical
Ical
El Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León confirmó la condena impuesta por la Audiencia Provincial de Salamanca, de un total de 25 años de prisión, a un abuelo por agredir sexualmente a sus dos nietas cuando aún eran menores. El alto tribunal valida la apreciación de sendos delitos continuados de agresión sexual a menor con abuso de situación de vulnerabilidad y ratifica las penas de 12 años y seis meses por cada uno de ellos tras los hechos cometidos a lo largo de seis años a las niñas, primas entre sí, nacidas en 2002 y 2003, respectivamente.
El hombre suma a su condena la prohibición de aproximarse a menos de 250 metros de sus nietas, de su domicilio y de cualquier lugar frecuentado por las mismas, así como comunicarse con ellas por cualquier medio durante un período de ocho años. Miso tiempo de libertad vigilada que deberá cumplir al salir de la cárcel. Además, deberá indemnizar a cada de sus nietas con 15.000 euros por las secuelas psicológicas documentadas durante el proceso.
Defensa
Su representación legal impugnó la sentencia de la Audiencia Provincial de Salamanca por un presunto error en la valoración de la prueba, referente la testifical de las víctimas, que, desde su punto de vista, no podría desvirtuar la presunción de inocencia del condenado. Sin embargo, los magistrados del alto tribunal, con sede en Burgos, descartaron su tesis y validaron íntegramente la sentencia condenatoria en primera instancia.
Según recoge el documento judicial de hechos probados, al que tuvo acceso Ical, los hechos se produjeron entre los años 2011 y 2017, aprovechando las estancias del condenado con sus nietas, nacidas en 2002 y 2003, respectivamente, y por lo tanto, menores de edad cuando se cometieron las agresiones.
A la mayor, le pagaba clases de hípica y, cuando tenía que acudir, iba más asiduamente de visita a casa de sus abuelos y a menudo pernoctaba allí. En algunas ocasiones, aprovechando que se sentaba en su regazo mirando hacia la tele, cuando se quedaba a solas con él, le tocaba por la espalda, brazos y distintas partes del cuerpo, metiendo la mano por debajo de la camiseta hasta llegar a tocarle ambos pechos con la disculpa de que tenía un bulto en uno de ellos.
Esa conducta se repitió en varias ocasiones en que estaban solos en el domicilio, ya que le decía que era para comprobar si le había crecido el bulto. A partir de que la niña tenía ocho o diez años, el hombre también le metía la mano por debajo de la ropa interior, tocándole la zona genital y llegó a introducirle dos dedos en la vagina. Cuando la menor tenía unos 15 años, conoció a un chico que le acompañaba a equitación y dejó de ir a pernoctar en casa de sus abuelos, así que a partir de entonces cesaron los tocamientos.
En sus rodillas
Respecto a la otra nieta, la menor de ambas por solo un año, la sentencia recoge que iba a visitar a sus abuelos desde que tenía aproximadamente ocho años durante los fines de semana y, más reiteradamente desde que empezó a residir con ellos después de que su madre se fuese a vivir a Madrid, lo que tuvo lugar cuando la menor hacía los primeros cursos de la ESO.
Igualmente, el condenado la sentaba encima de sus rodillas, estando ella de espaldas hacia él mirando a la televisión y, aprovechando las salidas de la abuela del domicilio, le tocaba la espalda y por arriba, llegando a tocarle los pechos con la disculpa de comprobar si le había crecido el bulto que, al igual que su prima, decía que tenía en uno de ellos. Además, le tocaba también la zona genital y, en alguna ocasión, llegó a introducirle los dedos en la vagina sin poder precisar el número de veces.
Un día en que la niña había ido a pescar con su abuelo, tras regresar al domicilio y mientras se estaba duchando, el hombre entró en el cuarto de baño y se la quedó mirando, así que la menor cerró la mampara. En otra ocasión, estando con sus abuelos en una parcela en la que tenían una caseta y una caravana, se fue a dormir a este vehículo y su abuelo fue detrás, se tumbó con ella en la cama, se bajó el pantalón y el calzoncillo y le cogió la mano, poniéndosela sobre su pene, moviéndola de arriba abajo hasta que ella se lo apretó fuerte y el hombre salió de la caravana.
A veces, según la sentencia, el abuelo también le daba besos “de tornillo” a su nieta introduciéndole la lengua en la boca. La joven, debajo de un tatuaje que se hizo en el brazo tiene diversos cortes que se hacía cuando su abuelo le realizaba estos actos. Ambas víctimas, como consecuencia de estos hechos, presentan trastorno por estrés postraumático complejo grave. El abuelo estuvo en prisión preventiva por esta causa desde el 9 de mayo de 2023, hasta el 17 de octubre del mismo año.
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