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La villa perfecta para conocer los Arribes del Duero: una escapada entre piedra, vino y naturaleza

Este enclave en la frontera con Portugal concita Historia, cultura y gastronomía

La villa perfecta para conocer los Arribes del Duero: una escapada entre piedra, vino y naturaleza

La villa perfecta para conocer los Arribes del Duero: una escapada entre piedra, vino y naturaleza / J. L. F. (Archivo)

El Parque Natural de los Arribes del Duero alberga joyas naturales que bien merecen una o varias visitas, como su cañón navegable, la flora y fauna autóctonas, su gastronomía o sus vinos, con denominación de origen propia, pero también tiene enclaves imprescindibles como la localidad zamorana de Fermoselle.

Ubicado en el corazón de los Arribes del Duero, Fermoselle es el punto de partida perfecto para explorar esta joya del turismo natural de Castilla y León. Esta escapada imprescindible te permitirá descubrir su cultura, la gastronomía y algunos de sus municipios y parajes más destacados, incluyendo territorio portugués.

Dos personas en el mirador del Castillo de Fermoselle

Dos personas en el mirador del Castillo de Fermoselle / Y. R.

El origen de Fermoselle se remonta a la Edad del Bronce, cuando surgieron los primeros asentamientos. Desde entonces han pasado distintos pobladores que han dejado su huella en la localidad. La villa también fue el hogar de una reina destronada, presenció luchas de poder entre el clero y la Corona y fue el último bastión de los Comuneros en su huida a Portugal, entre otras efemérides.

Este pueblo es un lugar mágico repleto de calles estrechas que rebosan autenticidad. Delimitado por los ríos Tormes, al sur, y Duero, al oeste, Fermoselle se sitúa sobre un cerro donde destaca su castillo y su casco urbano, que se ha podido preservar con el paso de las épocas y que fue declarado Conjunto histórico-artístico en 1974.

GALERÍA | Último encierro mixto de Fermoselle

Encierro mixto de Fermoselle / Alba Prieto

En lo tocante a la cultura, Fermoselle es un pueblo muy activo durante todo el año. Sus fiestas patronales, en honor a San Agustín, se celebran en la segunda quincena de agosto, con importantes encierros urbanos. La Semana Santa también es una fecha marcada en el calendario fermosellano, al igual que la romería de San Albín, el martes de Pascua, o la romería de Santa Cruz, el lunes de Pentecostés. El 8 de septiembre tiene lugar el día de la Virgen de la Bandera, patrona de la localidad.

El vino y el aceite son los puntales de su destacada gastronomía. La Denominación de Origen Arribes reconoce la adecuación de los parámetros de calidad de los vinos de Fermoselle, que se llevan elaborando desde tiempos inmemoriales. Por su parte, el suave clima continental de la tierra ha favorecido la producción de aceite desde hace más de 300 años.

Aceite de Fermoselle elaborado en la almazara

Aceite de Fermoselle elaborado en la almazara / JOSÉ LUIS FERNÁNDEZ

Los platos típicos de la gastronomía fermosellana son el arroz a la zamorana, que nace del aprovechamiento del cocido; el bacalao a la tranca, gracias al comercio con Portugal; los embutidos y el queso; el chirri, un aderezo realizado a base de vinagre, aceite, orégano, ajo y guindilla; el hornazo; los periquillos, un dulce que se parece a las rosquillas de anís; o el licor café. Otros platos destacados son las patatas a la importancia, el cabrito al chilindrón, el pulpo, las rosquillas de limón o los cangrillos en escabeche.

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