Cien días son los que, a modo de cortesía política, suelen darse a los gobernantes cuando inician una nueva etapa y cien días son los que se cumplieron ayer desde que Castilla y León tiene un Gobierno en funciones, a raíz de su primer adelanto electoral decidido por el presidente Alfonso Fernández Mañueco (PP), quien aún desconoce la fecha de su investidura tras llegar a un acuerdo de cogobierno con Vox, ahora con nuevas exigencias.

La investidura está parada. Pese a que el PP y Vox firmaron el pasado 10 de marzo lo que denominaron “Acuerdo de Legislatura” y parecía que todo estaba engrasado para que Castilla y León tuviera pronto un nuevo Gobierno de coalición, lo cierto es que han pasado 19 días sin que Mañueco tenga aún fecha cierta para ser investido de nuevo como presidente.

De hecho, la situación de crisis económica vinculada ahora a la invasión rusa de Ucrania y sus derivadas sobre los costes energéticos son piedras en el camino de cualquier Ejecutivo en Europa y, en el caso de Castilla y León, los actores políticos son conscientes de que esta dilación en la formación de gobierno no ayuda a que los ciudadanos vean soluciones en la política.

Precisamente sobre la gestión de los tiempos, se da una circunstancia relevante con el hecho de que Vox haya alargado el momento en el que se convocará la previsible investidura de Mañueco como presidente y haya impedido así uno de los objetivos del PP, que era llegar a su Congreso Extraordinario de los próximos 1 y 2 de abril con todo resuelto en Castilla y León, donde se formará el primer gobierno de coalición con Vox en España.