Huellas imborrables

Huellas imborrables

Los versos del poema “Eclesiastés” del abulense José Jiménez Lozano y un escrupuloso minuto de silencio en recuerdo de las víctimas, que solo fue roto a su término por una cálida ovación, pusieron ayer en el Jardín de los Zuloaga de Segovia el punto y final al sobrio y emotivo acto de homenaje organizado por Castilla y León para honrar la memoria de las miles de personas que han fallecido en la comunidad a causa del COVID-19 desde marzo.

Un cuarteto de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León abrió el acto, mientras que en el centro del escenario una placa en homenaje a los fallecidos por la pandemia COVID-19 rezaba: “Hay huellas imborrables, vuestro testimonio de vida permanecerá siempre en nuestra memoria”. Esa lámina será instalada en un enclave “importante” aún por determinar del edificio de Presidencia del Gobierno regional y placas con idéntico mensaje se instalarán en todos los hospitales de Castilla y León y alguno de los centros de salud de la comunidad será rebautizado con el nombre de profesionales sanitarios fallecidos durante la lucha contra el coronavirus.

En la ceremonia el encargado de representar a los familiares de fallecidos por la COVID-19 fue el salmantino Eduardo Estévez, quien perdió a sus padres con solo tres días de diferencia. “No os olvidaremos, a ninguno, porque habéis dejado huella, porque tanto habéis amado y habéis sido queridos. 3.793 castellanos y leoneses nos han dejado a causa de la COVID-19. No son simples números, cada uno con su historia, su familia, su sueño...”, subrayó antes de apuntar que “nos han dejado tanta huella como para recordarles cada segundo, porque siguen vivos, más que nunca, entre nosotros”. Estévez destacó que “hemos perdido una generación de personas valiosas” y pidió “que se recuerde su aportación a lo que Castilla y León es hoy”.

A continuación, en representación de los profesionales de la sanidad y otros colectivos profesionales que han estado y están en primera línea, intervino la médico internista del Hospital de Segovia Eva Ferreira. “Pensemos que el camino es largo y hay que recorrerlo juntos para llegar la meta. La solución y el futuro están en manos de todos. De los poderes públicos, los sanitarios y servicios de primera línea con nuestro trabajo, y de la población con su respeto y buen uso de los recursos. Esto no ha acabado todavía, no olvidemos lo pasado y las lecciones aprendidas”, rogó.

El último testimonio corrió a cargo de Fernando Gil Llorente. Con la voz entrecortada, él habló en nombre de las casi 27.000 personas que han superado la enfermedad en Castilla y León, y sus primeras palabras fueron para “recordar a cuantos no pudieron superarlo”, que “han dejado un vacío difícil de llenar”. “Cada uno ha vivido su enfermedad de manera diferente. En mi caso al dolor físico se unía la incertidumbre. Ha sido una experiencia penosa y desagradable, que me ha servido para aprender mucho. He aprendido a valorar la vida como nunca” y “el virus aún está aquí, entre nosotros. Los que lo padecimos sabemos que no podemos olvidarlo como si solo hubiera sido un mal sueño. La vigilancia, cautela y responsabilidad de todos son imprescindibles. Cada imprudencia la sufren muchos, la sufrimos todos”.Las víctimas y los profesionales que han trabajado en primera línea durante el confinamiento para hacerle frente a la pandemia recibieron el reconocimiento y el cariño de la sociedad castellana y leonesa ayer en el Jardín de los Zuloaga de Segovia en un acto sobrio, marcado por el sofocante calor, que estuvo presidido por el presidente de la Junta, Alfonso Fernández Mañueco, acompañado por todo su equipo de Gobierno, y al que asistieron alrededor de 200 invitados en representación de todos los estamentos de la sociedad.