23 de febrero de 2018
23.02.2018
XXXV Aniversario del Estatuto de Autonomía

Madrid y Villa reivindican el liderazgo de la región contra las autonomías disgregadoras

Los ponentes vivos que dieron forma al texto defienden que el Estado de las Autonomías es acertado

25.02.2018 | 01:57
Rodolfo Martín Villa y Demetrio Madrid, durante el coloquio con motivo del 35 aniversario del Estatuto de Autonomía.

Treinta y cinco años después de que alumbraran con su voto el Estatuto de Autonomía de Castilla y León, el socialista Demetrio Madrid, y el ucedista Rodolfo Martín Villa hacen un balance positivo de la andadura autonómica, aunque le ponen un gran «pero»: la falta de liderazgo en la creación de un discurso nacional desde una comunidad central que contraponer a los territorios con afán disgregador. Esta idea explica, según Martín Villa, los esfuerzos por integrar a León para la creación de una comunidad más fuerte, que pudiera equilibrar las tentaciones separatistas.

Con motivo de la celebración de trigésimo quinto aniversario del Estatuto, la Agencia Ical quiso reunir a los diputados que intervinieron en el debate final del texto fundacional de la comunidad que aún viven. Son tres: el exvicepresidente del Gobierno durante la transición Rodolfo Martín Villa, leonés y destacado miembro de UCD; el primer presidente de la Junta, el zamorano Demetrio Madrid, y el también leonés José Álvarez de Paz, por el PSOE. Los dos primeros accedieron a la invitación de compartir una mañana de conversación en el Congreso de los Diputados sobre el camino recorrido desde entonces; Álvarez de Paz, convaleciente aún de una enfermedad, quiso estar presente a través de un escrito en el que reivindica la decisión de los socialistas leoneses de apostar por la integración en el proyecto común de Castilla y León. El resto de intervinientes en aquel debate, José María Suárez y José María Ruíz Gallardón, de AP, y Horacio Fernández Inguanzo, de PCE, ya han fallecido.

Al calor de una complicidad forjada en mil conversaciones, Demetrio Madrid (Zamora, 1936) y Rodolfo Martín Villa (León, 1934) revivieron para «Ical» el «difícil parto» que alumbró el último de los Estatutos aprobados, el de Castilla y León, en el que participaron como ponentes, la consolidación de la comunidad tras 35 años o el futuro del modelo territorial, en este momento marcado por el debate soberanista en Cataluña y la financiación.

El leonés Martín Villa, uno de los hacedores del actual estado autonómico como miembro del Gobierno del presidente Adolfo Suárez y de la actual configuración de Castilla y León -caballo de batalla en la confección del Estatuto de Autonomía y de la futura comunidad autónoma- considera que la autonomía está consolidada y que los presidentes -seis hasta ahora- «han cumplido muy bien» en la labor institucional, aunque recalca a lo largo de la conversación que «ha faltado una tarea nacional, española, la construcción de un mensaje de lo nacional pero no hecho desde Madrid».
«Que las autoridades autonómicas hicieran un discurso nacional desde la periferia me parece interesante porque si ese equilibrio se defiende desde Madrid se acusa al Gobierno de centralismo», reflexiona el exministro, que mira, en esa argumentación, a los socialistas Juan Carlos Rodríguez Ibarra y Francisco Vázquez, que fueron presidente de Extremadura y alcalde de Coruña, respectivamente. «Ha faltado, y sigue faltando, ese equilibrio entre las comunidades sin tendencias disgregadoras y las comunidades con tendencias disgregadoras», lamenta, donde insiste en que ahí Castilla y León podía haber tenido una mayor presencia nacional.

Demetrio Madrid, que tuvo la responsabilidad entre mayo de 1983 y octubre de 1986 de poner en marcha una autonomía que solo estaba en el papel, está de acuerdo en que Castilla y León tenga una voz más reivindicativa en el mensaje de lo nacional, pero Martín Villa introduce otro elemento: un mayor liderazgo cuando «hay excesos de los llamados nacionalismos periféricos». Confiesa el exministro su «tentación», que finalmente no cumplió, de haber sido presidente de Castilla y León, además de para una labor de gobierno, para «tener el ojo puesto respecto a los excesos del nacionalismo catalán y vasco». «Te hubiera votado antes que a Aznar», bromea quien sí fue presidente de la comunidad.

Se detiene Madrid en los orígenes y las tensiones territoriales iniciales -comenzó el mandato con cuatro recursos ante el Tribunal Constitucional que cuestionaban la comunidad- , en particular en León, Segovia y Burgos, y en el tiempo dedicado a recorrer las provincias para «convencer» de que la autonomía «no iba a ser en detrimento de nadie», unido a que «nunca hubo una fiesta en paz hasta hace muy poco», pero admite que ya resuelto eso Castilla y León podía haber tenido «un liderazgo, no digo el centro de atención, pero sí de llamada de atención al resto de autonomías».
«Quería que en el equilibrio territorial político, Castilla y León tenía que ser una comunidad fuerte y, sin León, la debilidad estaba asegurada», dice Martín Villa, que rápidamente precisa que el entonces «separatismo» de León «nada tiene que ver y está en las antípodas» de lo que sucede en Cataluña, en un argumento compartido por Demetrio Madrid, quien reconoce el papel del entonces ministro para que la provincia leonesa formará parte de la actual autonomía, junto con el también socialista leonés José Álvarez de Paz, quien en su escrito señala: «Optamos, no sin dificultades internas, por la unión con Castilla, descartando la autonomía uniprovincial, sabiendo que la provincia viene a ser, como su nombre indica, un territorio urdido por Roma para controlar a los vencidos». Asimismo, justifica esta decisión en las similitudes sociales, económicas e institucionales de ambas regiones y en que «su deterioro y declive» obedecían a idénticas causas.

Junto al pacto de estado de julio de 1981 entre UCD y PSOE sobre el mapa autonómico, en el que se incluye a León y a Segovia en Castilla y León, Martín Villa, que lo vivió en primera persona, considera que el «mensaje de igualdad» fue el referéndum sobre el Estatuto de Autonomía de Andalucía. «Aquello fue una batalla horrible, creo que fue el punto de partida de la desaparición de UCD», recuerda, para añadir que, a partir de ahí, «la generalización del proceso era absolutamente obligada por la urgencia del momento», aunque la diferencia de cinco años en el acceso de las autonomías del vía lenta (143) a rápida (151) «no era nada». Ambos coinciden en que el número de comunidades es «demasiado», pero también en la dificultad de volver atrás en un país con la historia de España. «Sí volviéramos atrás, habría que hacer lo mismo», observa Demetrio Madrid, convencido de que el proceso, aunque «no fuera perfecto, sí fue acertado», para quien hubiera sido «peor» que los legisladores hubieran cerrado un mapa sin contar con los ciudadanos y hubieran integrado, «sin duda», a «La Rioja, de soltera Logroño, y Cantabria, de soltera Santander», con Castilla y León. En este sentido, Martín Villa remacha: «La política no es siempre racional y debe tener en cuenta otros factores».

Pero el estado autonómico se ha revelado útil para el país. «No es la mejor, ni la peor, es la solución», sentencia el primer presidente de la Junta, que subraya que en ese momento había que refundar el Estado y el modelo centralista «no era posible», más con una Constitución a favor de la descentralización.

Comparten que el actual modelo es «muy parecido» a un federalismo y esto es más una cuestión nominalista ante la descentralización de competencias y en la necesidad de introducir reformas en la Constitución, pero el exministro se niega a que se hable sólo del Título VIII (De la organización territorial del Estado) para «contentar al separatismo catalán» y subraya que los temas fundamentales ya están en la Carta Magna, aunque sí se decanta por legislar sobre la llamada regeneración política.

Demetrio Madrid defiende la inclusión en la Constitución de todas las comunidades con «nombre y apellido», la reforma del Senado como verdadera cámara de representación territorial - «eso sí», apunta el exministro-, la lealtad institucional y una serie de derechos sociales, como el derecho al trabajo o a la vivienda. 

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