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Petavonium, la huella romana que enorgullece al Valle de Vidriales

La historiadora del arte Ruth Martín recorre la historia de Petavonium, desde la llegada de Roma hasta el declive del campamento. Este domingo 30 de agosto se celebrará la última visita teatralizada, que se ha realizado de forma gratuita durante el mes de agosto

Una de las visitas a Petavonium.

Una de las visitas a Petavonium. / E. P.

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“Cuando se habla de la Antigua Roma, es habitual pensar en sus grandes construcciones, en sus legiones y en la expansión de un imperio que llegó a dominar buena parte del mundo conocido. Pero detrás de esa expansión existía una compleja organización militar y administrativa en la que los campamentos desempeñaron un papel fundamental”.

Así lo explica Ruth Martín, historiadora del arte y especialista en tasación de arte, que durante el año 2014 estudió en profundidad el campamento romano de Petavonium, situado en el término de Santibáñez de Vidriales.

La presencia romana en la Península Ibérica comenzó en el año 218 a. C. y, durante los siglos siguientes, Roma fue incorporando progresivamente los distintos territorios y pueblos peninsulares a su dominio. En el noroeste, el final de las guerras cántabras, en el año 19 a. C., llevó al emperador Augusto a mantener un importante contingente militar con el objetivo de consolidar el territorio y garantizar su integración en la administración romana.

En este contexto llegó al valle de Vidriales la Legio X Gemina, que se estableció en las proximidades de Asturica Augusta, en una zona estratégica y de paso natural hacia el norte. Para su asentamiento se construyó un gran recinto rectangular de aproximadamente 17,5 hectáreas, protegido por un doble foso y con las esquinas redondeadas.

Ruth Martín, historiadora del arte.

Ruth Martín, historiadora del arte. / C. F.

Pero alrededor del campamento no solo vivían soldados. “Junto a las tropas era normal que se desplazasen gran cantidad de personas, comerciantes, familias, siervos, prostitutas…”, explica Martín. “Cuando una unidad militar establecía una base permanente, muchas de estas personas terminaban asentándose en sus proximidades, dando lugar a los canabae, que eran asentamientos civiles vinculados a los campamentos”.

A ellos se sumaba la población indígena, en este caso, los astures superati que habitaban el territorio. La convivencia y la llegada progresiva de nuevos pobladores hicieron que aquel asentamiento fuese consolidándose. “A algunos astures los sometían, y a otros no, a los que sometían se mezclaban con la gente de Roma”, señala la historiadora.

De esta manera, la presencia militar terminó generando algo mucho más amplio que un simple recinto para soldados: un núcleo de población que acabaría siendo conocido como Petavonium.

De la Legio X Gemina al Ala II Flavia

Hacia la década de los años 80 d. C. llegó al valle el Ala II Flavia Hispanorum Civium Romanorum, una unidad auxiliar de caballería que estableció su campamento dentro del antiguo recinto de la Legio X Gemina.

“El nuevo campamento era más pequeño, ocupaba unas 4,7 hectáreas. En un primer momento, sus defensas debieron construirse con madera y tierra, aunque a mediados del siglo II d. C. fueron sustituidas por estructuras de piedra o adobe”.

El recinto “estaba protegido por un foso de unos cinco metros de anchura y una muralla de piedra. Tenía además torres defensivas, cuatro puertas principales y dos pequeños portillos”, detalla Martín.

Yacimiento arqueológico Petavonium.

Yacimiento arqueológico Petavonium. / C. F.

En su interior, cuatro grandes vías organizaban el espacio y convergían en las proximidades de los principia, el cuartel general de la unidad. “Junto a ellos se encontraba normalmente el praetorium, que era la residencia del comandante”. El resto del recinto se distribuía entre barracones, establos, almacenes de alimentos o letrinas.

“Las excavaciones arqueológicas han permitido recuperar parte de estas estructuras y una gran cantidad de objetos que nos han ayudado a conocer cómo era la vida cotidiana de los soldados”.

El momento de mayor esplendor

“Cuando terminaron las guerras cántabras fue el mayor esplendor de Petavonium”, explica Martín. La llegada del Ala II Flavia supuso también el momento de mayor desarrollo de Petavonium. La ciudad llegó a convertirse en uno de los principales núcleos del territorio astur.

Aunque todavía existen incógnitas sobre la configuración exacta de la ciudad, los restos arqueológicos permiten plantear cómo pudo organizarse su espacio urbano. “Su eje principal habría coincidido aproximadamente con el trazado de la actual carretera entre Camarzana de Tera y La Bañeza”. La historiadora apunta además que “la zona monumental se situaría en las proximidades del actual cruce entre esta carretera y la vía que comunica San Pedro de la Viña con Rosinos de Vidriales, según esta interpretación”.

La hipótesis se apoya, entre otros elementos, en el hallazgo de dos inscripciones en esa zona. Ambas fueron mandadas realizar por prefectos del Ala, Lucius Versenus Aper y Marcus Aelius Honoratus, y estarían relacionadas con la construcción de unas termas o baños públicos y de un templo dedicado a Hércules.

La ciudad no fue, por tanto, únicamente un espacio asociado a la vida militar. “Había una comunidad civil cada vez más desarrollada, conectada con la economía del territorio romano”.

Los astures y la guerra contra Roma

Antes de la llegada de las legiones, el territorio estaba habitado por comunidades astures con sus propias formas de organización y cultura.

Martín destaca precisamente la importancia de conocer también esa otra parte de la historia. “Los astures tenían una arquitectura verdaderamente avanzada”, señala.

La historiadora recuerda además las referencias de autores clásicos a la resistencia de estas poblaciones. Entre ellas menciona los textos de Plinio el Viejo, donde se recoge la imagen de los astures de la zona como combatientes temidos. “Hay textos clásicos de Plinio el Viejo que decían que bajaban los astures de Arrabalde en forma de cuña a luchar. Eran muy temidos”, explica.

También habla de la resistencia extrema de algunas comunidades ante la conquista romana. “Las mujeres mataban a sus hijos para no someterse a los romanos y también se suicidaban”, señala, en referencia a los relatos transmitidos por las fuentes de textos de Floro, Plinio el Viejo y Estrabón.

La propia arqueología de la zona conserva el recuerdo de aquellos momentos de conflicto. Martín relaciona esta época con la tradición sobre los tesoros ocultados durante las guerras: “Cuando luchaban escondían los tesoros debajo de la tierra, para que no lo cogieran los romanos. Parte de esos tesoros se encuentran ahora en el museo de Zamora, es el conocido como tesoro de Arrabalde”.

Además, “los romanos jugaban con la propaganda para decir que eran la mejor civilización”, apunta Martín. Como ejemplo, explica que las fuentes podían presentar a grandes contingentes de guerreros enemigos: “Decían que bajaban 3.000 astures a la guerra y a lo mejor solo eran 100”.

El final de Petavonium

“La última referencia conocida a la presencia del Ala II Flavia en el valle corresponde a una inscripción fechada en el año 232 d. C., cuando la unidad aparece ya con el nombre de Ala II Flavia Galiana Volusiana, en honor a los emperadores de la época”.

A partir de ese momento, la presencia de la unidad fue perdiendo fuerza hasta desaparecer. “No se conoce con precisión cómo y cuándo se produjo el declive definitivo de Petavonium”. Una de las posibilidades, añade, “es que estuviese directamente relacionado con el abandono del campamento militar”.

Lo que permanece hoy son los restos de aquel enclave y la posibilidad de reconstruir, a través de ellos, un proceso histórico.

Este domingo, la última visita teatralizada

El próximo domingo 30 de agosto será el último día de las visitas teatralizadas en Petavonium, que se han realizado de forma gratuita durante el mes de agosto. La visita dará comienzo a las 11 de la mañana y el punto de inicio será el Centro de Interpretación de los Campamentos Romanos de Petavonium.

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