Demografía
Elena Martín, socióloga: "Mantener vivos nuestros pueblos no es solo una cuestión económica, sino también social"
La investigadora, que ha estudidado el fenómeno de la despoblación en Los Valles, asevera que "los jóvenes no nos vamos por desinterés, sino por falta de oportunidades"

Elena Martín, socióloga. / C. F.
En los últimos años, el concepto de la llamada "España vaciada" ha cobrado especial relevancia en gran parte del territorio nacional. Zamora es una de las provincias que mejor refleja esta realidad, con una pérdida constante de población que afecta especialmente a comarcas como Benavente y Los Valles, donde el envejecimiento, la falta de oportunidades y el éxodo juvenil aceleran un problema que amenaza el futuro del medio rural.
La socióloga Elena Martín, graduada por la Universidad de Salamanca, que ha estudiado en profundidad el caso de Benavente y su comarca, define la situación como "catastrófica".
Entre las principales causas, Martín destaca la escasez de oportunidades laborales, la marcha de los jóvenes para cursar estudios universitarios o encontrar empleo, el progresivo envejecimiento de la población y la transformación del modelo económico. "La agricultura, tradicional motor económico de la comarca, ha ido perdiendo peso en las últimas décadas, reduciendo las posibilidades de empleo y favoreciendo la emigración hacia las ciudades".
Sin embargo, la despoblación rural tiene consecuencias que van más allá de la pérdida de habitantes. Sus efectos repercuten directamente en la vida cotidiana de quienes permanecen en el territorio. La disminución de población provoca el cierre o la reducción de servicios médicos, educativos, financieros y comerciales, mientras que el abandono del territorio favorece el crecimiento del sotobosque y aumenta el riesgo de incendios forestales. A ello se suma una progresiva pérdida de identidad cultural y un incremento de las desigualdades entre el medio rural y el urbano.
"Aunque nuestros derechos son los mismos que los de cualquier ciudadano, la escasez de población hace que muchas administraciones y empresas reduzcan la inversión en estos territorios, al considerar que mantener determinados servicios resulta menos rentable o eficiente", explica. En su opinión, se genera así un "círculo vicioso": al disminuir la población, se recortan servicios, y esa falta de servicios hace que vivir en estos municipios sea cada vez más difícil, lo que empuja a más personas, especialmente jóvenes, a marcharse.
Uno de los ejemplos más representativos de esta situación se encuentra en el Valle de Vidriales. Según explica Martín, las visitas del médico a los pueblos de la zona se han reducido de dos días a la semana a uno, lo que perjudica especialmente a las personas mayores, que en muchas ocasiones se ven obligadas a desplazarse a otros municipios y dependen de familiares con vehículo para hacerlo.
Lo mismo ocurre con el servicio de autobús. "En lugar de reforzar las conexiones con Benavente, principal núcleo de servicios de la zona, el número de frecuencias se ha reducido. Si antes existían dos servicios diarios, actualmente solo queda uno". Esto provoca que personas mayores, estudiantes o vecinos que necesitan acudir al hospital, realizar trámites administrativos o acceder a otros servicios básicos encuentren cada vez más dificultades para desplazarse.
Para la especialista, esta situación contribuye a aumentar las desigualdades territoriales y a reforzar la sensación de aislamiento que sufren muchos municipios.
La socióloga señala cómo esta pérdida de servicios públicos y privados alimenta todavía más la despoblación. A medida que disminuye la población, desaparecen colegios, consultorios médicos, oficinas bancarias, pequeños comercios o líneas de transporte. Pero, al mismo tiempo, esa falta de servicios convierte al medio rural en un lugar cada vez menos atractivo para vivir. "Una pareja joven que quiera formar una familia difícilmente elegirá establecerse en un municipio donde no exista un colegio cercano, apenas haya transporte público o sea necesario recorrer varios kilómetros para acceder a un centro de salud".
Además del impacto económico y social, Martín advierte del riesgo de perder una parte importante del patrimonio cultural de la comarca. "La despoblación no solo implica perder habitantes, sino también perder parte de nuestra identidad, nuestras tradiciones y el arraigo que caracteriza a la comarca de Benavente y Los Valles".
Pese al complejo escenario, considera que todavía existen oportunidades para revitalizar el medio rural. El desarrollo del teletrabajo, el emprendimiento, la innovación en la agricultura y la ganadería, el comercio de proximidad o el turismo rural pueden convertirse en herramientas para atraer población y generar empleo, siempre que vayan acompañadas de infraestructuras adecuadas y unos servicios públicos de calidad.
Mantener vivos los pueblos, explica, no es únicamente una cuestión económica. También supone garantizar que las personas mayores puedan seguir viviendo cerca de sus familias y de sus raíces, con acceso a una atención sanitaria adecuada, transporte y servicios básicos. "Mantener vivos nuestros pueblos no es solo una cuestión económica, sino también social. Significa garantizar que las personas mayores puedan seguir viviendo de forma digna en su entorno".
No obstante, Elena Martín rechaza uno de los tópicos más repetidos sobre la despoblación: que los jóvenes abandonan los pueblos por falta de interés. "Muchas veces se dice que los jóvenes no quieren quedarse en los pueblos, pero la realidad es que, en muchos casos, simplemente no tienen las oportunidades necesarias para hacerlo. Es mi caso y el de la gran mayoría de mis amigos de mi misma edad", sostiene.
En este sentido, considera que las administraciones públicas desempeñan un papel decisivo. Durante años, explica, gran parte de las inversiones se han concentrado en las ciudades mientras muchas zonas rurales perdían progresivamente servicios esenciales. Para frenar la despoblación, defiende que es necesario impulsar políticas que favorezcan el emprendimiento rural, facilitar ayudas para quienes quieran crear una empresa o incorporarse al sector agrario, mejorar el acceso a la vivienda, garantizar un transporte público digno, ampliar la cobertura digital y reforzar servicios como la sanidad y la educación.
Solo así, concluye, el medio rural podrá competir en igualdad de oportunidades con las ciudades. "Los jóvenes no se marchan porque no quieran vivir en sus pueblos, sino porque sienten que allí no pueden desarrollar el futuro que desean. Si las instituciones apuestan de verdad por el medio rural, muchos elegirían quedarse o regresar".
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