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Sociedad

El "mejor café de España" en peligro: el legendario Bar Rosi de Benavente se enfrenta al cierre ante la jubilación de su camarero y propietario

El histórico local de El Ferial encara su posible clausura por jubilación y los clientes protestan con pancartas: "No al cierre. Donde bamos"

Parroquianos y clientes del Bar Rosi la pasada semana, manifestándose  con humor contra el cierre del bar.

Parroquianos y clientes del Bar Rosi la pasada semana, manifestándose con humor contra el cierre del bar. / Cedida

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Benavente

Dicen quienes lo frecuentan que Eusebio, el camarero de El Rosi, prepara "el mejor café de toda España". Sin embargo, Eusebio se jubila en agosto, y el propietario de este establecimiento de El Ferial, Miguel Ángel, también. La desazón de parroquianos habituales -trabajadores y jubilados mayormente- les ha llevado a manifestarse contra el fin de la relación con un humor impenitente: "No al cierre. Donde bamos (sic)", han protestado con pancarta incluida.

Lo cierto es que son ya muchos los bares y cafeterías, otrora muy valorados por los benaventanos, que han desaparecido de la oferta local en las dos últimas décadas al punto de que el número de establecimientos hosteleros en Benavente se encuentra bajo mínimos históricos. Muchos de los bares que han cerrado tenían también su balada, que se preserva no sin cierta nostalgia en la memoria local.

El Bar Rosi es uno de esos locales que forman parte del paisaje cotidiano de Benavente desde hace décadas, un lugar donde la «experiencia» ha sido siempre el principal ingrediente de cada café, «el más rico de España», a decir de sus clientes más entregados, que al parecer son unos cuantos.

48 años de trabajo

Los protagonistas de esta historia son Miguel Ángel, el propietario, y Eusebio, un camarero con 48 años de trayectoria profesional. Antes de llegar al Rosi, donde lleva once años, trabajó en La Ría de Vigo. Su figura se ha convertido en un referente para trabajadores, jubilados y habituales que acuden cada mañana a tomar café con el bocadillo.

El Rosi abrió sus puertas en El Ferial el 31 de agosto de 1957. Cumplirá setenta años dentro de dos meses. Si es que antes no echa el cierre, contra lo que se ha revelado con gran sentido del humor su parroquia, que no es ni mucho menos escasa. 

El bar conserva la memoria de una época en la que la azucarera marcaba el ritmo de la ciudad. En aquellos años, las colas de camiones y tractores llegaban «hasta el Rosi para llevar la remolacha», y el local daba de comer bocadillos a los agricultores y transportistas, además de ser punto de encuentro para partidas diarias de cartas y dominó. La tradición de juego sigue viva, con las partidas de dominó «de toda la vida» que aún ocupan las mesas.

La oferta gastronómica de El Rosi se mantiene fiel a su esencia: bocadillos de tortilla con chichas, tortilla normal, chorizo o salchichón casero, además de callos y patatas con carne. No hay una gran variedad de tapas, pero sí una clientela constante que incluye a trabajadores que bajan a media mañana y a empleadas y empleados de los supermercados más cercanos.

Otro grupo de parroquianos con la pancarta contraria al cierre dentro del local.

Otro grupo de parroquianos con la pancarta contraria al cierre dentro del local. / Cedida

El bar también es conocido por su particular humor local. «Si uno entra al Rosi y no recibe algún insulto cariñoso, como cabrón o idiota, no eres de Benavente», explica un parroquiano acérrimo. Una tradición verbal que forma parte del carácter del establecimiento y que sus clientes interpretan como una seña de identidad más que como una ofensa, según explica.

Pero además del ambiente, el café de Eusebio es la nota que marca la preferencia hacia el bar. «Vienen muchos jubilados de la comarca solo por el café. Está muy rico». 

El futuro del Rosi, sin embargo, se encuentra en un momento delicado. Eusebio prevé jubilarse «antes de agosto», y asegura que «lo deja» porque ya ha cumplido el tiempo tras toda una vida de trabajo. Si no se encuentra un camarero «competente», el propietario echará la trapa también por jubilación. Esta es la balada del Bar Rosi, cercana al canto del cisne, para hondo pesar y tristeza de su fiel y mordaz clientela.

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