Brime de Sog, un pueblo con dos barrios y con un "pueblo gemelo" a 14 kilómetros
En Brime de Sog confluyen historia y naturaleza: la calzada romana, la iglesia con su Virgen de Secos y las lagunas que sirven de refugio a diversas especies.

Poza de las Eras
Javier Sainz
Existen en el Valle de Vidriales dos localidades homónimas, distantes entre sí unos 14 kilómetros, en las cuales, para diferenciarlas, hay que citar sus apellidos. Una es Brime de Urz, situada en la banda oriental y la otra Brime de Sog, ubicada a occidente. Sobre ellas intriga su nombre tan sonoro, que en diversos estudios de Topografía hacen derivar del vocablo latino "vimen-viminis", cuyo significado es el de mimbrera. Ahora, atendiendo a sus apellidos, el de "Urz" queda claro, pues las urces son los brezos. En cuanto a "Sog", al parecer, es equivalente a sabugo, árbol de poca talla más conocido en la actualidad como saúco.
Nosotros, en esta ocasión, vamos a acudir a la segunda de esas poblaciones, a Brime de Sog, cuyo apelativo, por lo antes señalado, se correspondería con "mimbrera del saúco". Dista tres kilómetros de Santibáñez de Vidriales, su centro comarcal, y unos 35 desde Benavente. Para llegar desde Zamora hay que recorrer 78, accediendo por Tábara y Camarzana.
El casco urbano local está formado por dos barrios separados entre sí un largo trecho. Sobre ellos se señala que fueron núcleos independientes, cuyos concejos debieron unirse relativamente tarde, pues en el siglo XVIII aún se mencionan por separado. El distrito ubicado más hacia el oeste es el que se denominó Brime, actual Barrio de Arriba, por donde ahora atraviesa la carretera. El otro, el Barrio de Abajo, fue Sog.
Atendiendo a la historia, preciso es saber que por el término local cruza la calzada romana que enlazó Braga con Astorga, la cual aparece designada como Vía XVII en el Itinerario de Antonino. Llega aquí procedente de San Juanico el Nuevo, toca el Barrio de Abajo y enfila hacia Santibáñez. Este tramo queda entre las antiguas "mansiones" de Veniatia y Petavonium.
Las modernas pistas de concentración parcelaria la han aprovechado en parte, pero aún es fácil de seguir. Para su visualización existen diversos hitos, colocados no hace demasiados años. Avanzando hasta la Edad Media, las citas escritas más antiguas que se conocen sobre la actual localidad son las que nombran a Sog. Están fechadas en el año 1209, recogidas en los documentos del Monasterio de Nogales, en un diploma que certifica el deslinde de San Pedro de Ceque, adquirido en esos años por la señalada abadía. A su vez, Brime se nombra en el 1372 en expedientes del convento de Santo Domingo de Benavente.
En 1446 ambos lugares ya pertenecían a Alonso de Pimentel, III conde benaventano y en su poder se mantuvieron hasta la extinción de los señoríos del siglo XIX. Ya en tiempos relativamente próximos, en 1907, acaecieron graves sucesos que perturbaron la paz y sosiego del pueblo. Los obreros locales afiliados al sindicato Sociedad Obrera roturaron y sembraron por su cuenta las praderas comunales, sorteándolas entre ellos. Fueron denunciados por el alcalde, generándose una gran tensión. El juicio se celebró en 1910 y terminó con la absolución de los acusados, ya que el fiscal retiró los cargos. Para reconducir la situación señalada, en 1908, se fundó aquí la Sociedad de socorros mutuos católico-obrera, promovida por el obispo de Astorga Julián García de Diego. Su objetivo fue el bien moral y material de los obreros.
El Barrio de Arriba (Brime)
El Barrio de Arriba es el núcleo con mayor vitalidad en nuestros días. Ya señalamos que por él cruza la carretera que llega desde Santibáñez, contando con una bifurcación cuyos ramales se dirigen, uno, hacia Uña de Quintana y otro, a San Pedro de Ceque. En la propia travesía se abre la plaza de San Pedro, la cual viene a ser el principal espacio público local. Posee un espacio central libre, rodeado por pequeños jardines, sombreados con arbolillos ornamentales. A pocos pasos se emplaza el ayuntamiento. Ocupa un edificio de nueva construcción, de dos plantas, con un pequeño soportal en la inferior y con el habitual balcón del que cuelgan las banderas en la alta. Realzando la propia fachada se exhibe el blasón municipal. Muestra dos particiones, separadas por una línea diagonal. La superior aparece ocupada por una fuente abovedada y la otra presenta un haz de espigas y un racimo de uvas. Si la gavilla y las uvas evocan la dedicación agraria de los vecinos, el señalado venero representa a los dos distritos, pues en cada uno de ellos existe un manantial de ese tipo.

Iglesia. / J. S.
La fuente perteneciente al Barrio de Arriba se emplaza en una posición marginal, en la llamada travesía de San Juan, al sureste de las casas, bien cerca de las huertas. Está formada por un pozo cuadrado, techado con una bóveda de cañón apuntado y con un arco de esa misma forma como acceso. Toda ella está construida con mampostería de piezas desiguales, pero bien encajadas. Restaurada con esmero, han instalado recientemente una verja protectora, colocada para evitar accidentes. Ya no mana agua en su interior, pues hace unas décadas realizaron un sondeo en las proximidades que captó los caudales. Ahora vierten éstos en un pilón situado a pocos pasos, para acumularse después en una inmediata y amplia poza.
A orillas del camino de enlace entre los dos barrios, con el fin de servir a ambos distritos, hallamos en primer lugar la sede de las escuelas. Es un edificio funcional, bien mantenido, dotado de unos árboles y jardinillos por delante. Parte de sus estancias se reutilizan en nuestros tiempos como consultorio médico y como tanatorio.
La iglesia, casa de la Virgen de los Secos
Un poco más adelante, subida sobre solares prominentes, se localiza la iglesia, consagrada a Nuestra Señora de la Asunción. Junto a ella se emplaza el cementerio local. El actual edificio fue rehecho casi por entero alrededor de 1950, aprovechando ciertas partes del recinto anterior. Presenta una planta de cruz latina, con un cuerpo octogonal, a modo de cimborrio, en el centro del crucero. Todo se construyó con la habitual mampostería de la comarca, tramada con bloques de cuarcitas y esquistos un tanto desiguales. Las ventanas aparecen remarcadas con ladrillo, formando huecos geminados, muy gratos estéticamente. La puerta se abre hacia el sur, al amparo de un pórtico constituido por arcos rebajados apoyados en columnas de cemento. La estructura antigua conservada más evidente es la espadaña, recia y poderosa, dotada de tres amplios vanos para las campanas y un remate angular muy esbelto.
Tras acceder al interior, admiramos el primor con el que todo se mantiene. Las miradas se centran enseguida sobre el retablo principal, restaurado con esmero. Es una obra barroca, dotada de cuatro columnas salomónicas, frisos complejos y tableros cuajados de hojarasca. En su nicho central se entroniza la imagen de la Virgen de Secos, considerada copatrona y a la que se le dispensa una intensa devoción. Es una escultura tosca pero venerable, tallada probablemente en el siglo XIV. Muestra a la Madre de Dios sedente, sujetando a su hijo sobre su rodilla izquierda. Sus rostros se muestran inexpresivos, hieráticos. La madre porta la simbólica manzana y el niño la bola del mundo. Completan el retablo dos amplios lienzos colocados en las calles laterales. En el de la izquierda se representa a San José y en el otro a la Anunciación. En el ático se halla un crucifijo sobrepuesto a otra composición pintada.

Virgen de los Secos. / J. S.
Sobre esta efigie de la Virgen de Secos relatan una leyenda. Señalan que se apareció en un pago situado junto a la raya con Santibáñez, posiblemente un antiguo desolado. Como el lugar del hallazgo era equidistante de los dos pueblos, ambos disputaron por su posesión. Tras llegar al final a un acuerdo, los de Brime consiguieron traer la figura mariana a su iglesia, cediendo los terrenos a la localidad vecina. Debido a ello, alardean que se quedaron con la protección sobrenatural de la Reina de los Cielos frente a la materialidad egoísta de los otros. Muy atractiva es la fiesta que le dedican en el mes de mayo. En la procesión, animada con la compañía musical de dulzainas y tamboriles, llegan hasta la plaza del Barrio de Abajo, donde realizan una parada, para retornar después al templo mayor.
El Barrio de Abajo (Sog)
Ese citado Barrio de Abajo posee en nuestros tiempos menor vitalidad que el otro. En su centro se abre una amplia plaza rotulada como de San Roque. Esa dedicación se debe a la existencia en ella de una ermita consagrada al santo protector frente a las pestes. Ese oratorio aún se conserva, aunque secularizado, aprovechado como tenada. Cuenta con planta rectangular a la que se agrega el anejo que fue su sacristía. Como materiales constructivos utilizaron mampostería en el basamento de los muros, siendo de arcilla todo lo demás. El tapial fue el material básico empleado secularmente en la arquitectura tradicional de toda la zona. Aún perduran este barrio diversas casas alzadas con él. Poseen una coloración muy rojiza, con una apariencia de solidez y firmeza, no exenta de acusada rusticidad.

Plaza de San Roque. / J. S.
Asimismo descuella la fuente, abovedada al igual que la otra, aunque de menor tamaño. Como compensación, ésta de aquí resulta más galana, ya que posee un arco de medio punto generado con dovelas bien cinceladas, al que se le agrega una especie de chambrana externa. A su vez dispone de una especie de pretil formado por una losa rectangular. También aquí han colocado una cancela metálica protectora. La realización de un sondeo a pocos pasos ha robado el manantial. Esa perforación proporciona agua sana y fresca en abundancia.

Fuente abovedada del Barrio de Abajo. / J. S.
En los espacios contiguos con este Barrio de Abajo se sitúan un conjunto de varias lagunas que añaden un atractivo singular. Se las denomina pozas, de las Eras, de Huerta Abajo, de la Vega, de Quintanilla, del Negrillo… Hubo más, pero fueron drenadas. Las mayores miden entre dos y tres hectáreas, presentando alrededor un cerco de vegetación palustre, formado por juncos, espadañas y carrizos, al que se agregan algunos árboles. Sus aguas se conservan a lo largo de todo el año, sirviendo de refugio a numerosas ranas, que al parecer han sido diezmadas tras haber introducido el cangrejo americano. También las aves acuáticas las frecuentan. La existencia de estos depósitos se debe a la precaria escorrentía del terreno, dada su horizontalidad. Un lecho artificial, casi recto, denominado "Desagüe de Ambas Aguas", ejerce como drenaje, el cual desemboca en el arroyo de la Almucera.
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