Pregón de Semana Santa
El viaje por la Pasión benaventana de César Salvador Gallego
Del Domingo de Ramos al Domingo de Gloria: el vicario episcopal para la Delegación de Misión Samaritana hilvana en su pregón toda la Semana Santa de Benavente

César Salvador Gallego, durante su pregón de la Semana Santa de Benavente en San Juan del Mercado. / J. A. G.
El vicario episcopal para la Delegación de Misión Samaritana y antiguo párroco de San Juan del Mercado, Cesár Salvador Gallego, ha desgranado esta noche en su antigua iglesia, paso a paso, el sentido litúrgico y procesional de la Semana Santa benaventana, en un pregón que ha devenido en un viaje a través de vivencias y símbolos de la Pasión local.
"No tiene ya las llagas de los clavos…". Con estos versos del poema Al Resucitado, de la Nobel de Literatura chilena, Gabriela Mistral, comenzó Salvador Gallego su pregón en San Juan del Mercado. El vicario episcopal para la Delegación de Misión Samaritana, que fue durante catorce años párroco de este templo, abrió su intervención evocando la Resurrección como meta última de la fe cristiana, citando incluso a San Pablo para subrayar que "si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra predicación".
El pregonero agradeció la invitación de la Junta Pro Semana Santa y recordó con emoción los años vividos en Benavente, donde acumuló experiencias que, según explicó, el tiempo ha purificado y que hoy le permiten ofrecer una mirada profunda sobre la celebración. El pregón repasó con detalle los actos que anteceden a la Semana Santa. Salvador Gallego destacó la presentación del cartel anunciador —este año dedicado a la Virgen de las Angustias en el momento de la caída del manto— y el traslado del Cristo de los Afligidos desde la ermita de la Soledad a San Juan, una imagen del siglo XIV que actúa como primer recordatorio de la proximidad de los días santos. También evocó el preámbulo lírico-musical, antaño celebrado en el Hospital de la Piedad y hoy en San Juan del Mercado, donde se unen tradición, literatura y música sacra.

César Salvador Gallego, durante su alocución en San Juan del Mercado. / J. A. G.
Entonces dio rienda suelta a su viaje vivencial por la Semana Santa benaventana desde el Domingo de Ramos al Domingo de Gloria, en un periplo por todas las procesiones locales. Describió el Domingo de Ramos como el gran anticipo de la Pasión, con las calles llenas de palmas, laureles y olivos. Recordó la diversidad de personajes del Evangelio —desde los discípulos hasta Judas, pasando por Pilato, Herodes o la muchedumbre— para subrayar que nadie permaneció indiferente ante el drama de Jesús. El día concluye con la oración por los difuntos en la ermita de la Soledad y el tradicional "sol y sombra".
El Lunes Santo, continuó, abre el triduo al Santísimo Cristo de la Salud, tres jornadas de súplica y arrepentimiento ante una imagen del siglo XVI que, tras el último día, recorre en silencio las calles de Benavente. Salvador Gallego evocó el poema de Federico García Lorca para describir ese silencio "ondulado" que acompaña la procesión, rota únicamente en la plaza mayor por el canto "Sube el Nazareno".

El comienzo del pregón de César Salvador Gallego en San Juan del Mercado. / J. A. G.
Sobre el Martes Santo y la Procesión de las Tinieblas, el pregonero recordó que esta procesión nació como un traslado de pasos hacia San Juan y Santa María. El momento más esperado, explicó, es la venia de la Virgen de la Soledad ante Jesús con la Cruz, un gesto que aporta luz en medio de la oscuridad. Las tinieblas, dijo, representan el pecado, el miedo y el odio, que serán vencidos por la Resurrección.
Para el vicario episcopal, el Jueves Santo, siguiente jalón en el recorrido por la Semana Santa benaventana, fue descrito como uno de los días "que brillan más que el sol". Salvador Gallego enumeró con detalle cinco rasgos del amor de Jesús: extremo, servicial, entregado, creador de comunión y perdurable. Subrayó la relación entre la vivencia de la Eucaristía y la fortaleza de la fe, y recordó la Procesión de la Vera Cruz, que anuncia que Cristo será condenado. La Virgen de la Soledad, al final del cortejo, encarna el dolor de la madre ante el sufrimiento del hijo.
Viernes Santo
La cruz como signo de salvación, es el símbolo del Vienres Santo. El pregonero describió la cruz como instrumento de tortura y humillación, recordando el abandono de los discípulos y el grito de Jesús: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?". Explicó que, pese a su dureza, la cruz es para los cristianos signo de victoria y amor. Detalló la Procesión del Encuentro, con la Virgen Dolorosa y el Nazareno recorriendo la ciudad, y la Procesión del Santo Entierro, que anuncia la muerte de Cristo aunque solo sea "apariencia" de derrota.
El pregón culminó con la celebración de la Pascua, definida como una alegría profunda y resistente, una "alegría que no muere" comparable a la de los árboles que vuelven a brotar tras ser cortados. Salvador Gallego invitó a agradecer el don de la fe y recordó que la Resurrección es el centro de la vida cristiana. La procesión del Domingo de Resurrección, con el encuentro entre Cristo y su Madre ya vestida de blanco, simboliza la victoria de la vida.

El broche musical a la cargo de la pianista Marta Fernández y la soprano Susana Barrientos. / J. A. G.
Tras el pregón, el público asistió a un Concierto Lírico Musical a cargo de la soprano Susana Barrientos Rodriguez y la pianista Marta Fernández Lagawe, que pusieron el broche artístico a la jornada.
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