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V Jornadas Interculturales en Benavente

Conferencia en Benavente de Mahmud Traoré, migrante senegalés: “Si lo hubiera sabido...”

Este carpintero afincado en Sevilla desde 2005 narra su experiencia vital hasta el salto masivo a la valla ceutí y la necesidad de conciencia social

En el centro Mahmud Traoré durante una concentración ante la embajada de Marruecos en Sevilla. | Cedida

“Si lo hubiera sabido”. No volvería a repetir aquel viaje. Visto con perspectiva, Mahmud Traoré asegura ahora que no volvería a realizar aquel viaje de tres años de huida hacia delante, desde su pueblo de Senegal hasta alcanzar Europa. Ese viaje “lo llamamos así, si lo hubiera sabido, no repetiría ese viaje”. Afincado en Sevilla desde 2005, donde trabaja como carpintero y tiene su “familia sevillana” y sus amigos, echa la vista atrás para contar el testimonio de su experiencia vital y los cambios que ha habido desde aquel 29 de septiembre de 2005 en que saltó la valla en Ceuta.

Mahmud Traoré en Sevilla, en un acto reivindicativo. | Cedida

Mahmud estará hoy en Benavente, con motivo de su participación en las V Jornadas Interculturales organizadas por la Concejalía de Bienestar Social del Ayuntamiento benaventano. Se espera su presencia para las 19:30 horas en que abordará la ponencia “Experiencia de migración. Un relato de primera persona”.

Al contar su historia, su experiencia vital, no puede por menos que hablar de la belleza de su aldea natal, Temanto, situada en la frontera entre Guinea Bisau y Senegal. “Temanto significa cruces y verdaderamente es eso. Yo tengo doble nacionalidad, la de Guinea y la de Senegal. Porque mi padre nació en la parte geográfica de Guinea. Pero vivía siempre en Senegal”, explica.

De aquel viaje, el que realizó durante tres años a través del Sahel, el Sáhara, Libia y el Magreb, antes de atravesar la frontera ceutí, asegura que “es una aventura inolvidable. Hoy en día cualquier cosa que soy es gracias a ese viaje. Gracias a él sé donde estoy ahora. Me acuerdo mucho de las fases que pasé. Hay tres momentos que para mí fueron muy nuevos en aquel momento, que yo tenía 19 años, y que no conocía y que me marcaron”.

Se refiere, por un lado a “las cruces del desierto” también “al mal trato, a las vivencias en los países magrebíes”. Explica que “cuando llegamos a Libia fue muy raro, me dio la sensación de que no estábamos en África, el trato ya no era igual. En las fronteras, en otros países, siempre hay daños por parte de la Policía que te van quitando dinero, y otras cosas. Pero una vez que estás con la sociedad civil eres uno más. Pero en Libia ya el color es más oscuro que los demás y ya no estás en tu continente. Fue muy duro porque me siento musulmán y los valores que me han enseñado es que siempre somos hermanos y nos tenemos respeto mutuo. Cuando te tratan así, te choca mucho, algo falla”.

Explica Mahmud que ese “sueño europeo del que siempre me preguntan” no es tal. La mayoría del viaje de los jóvenes africanos se hace en el propio continente, señala. “La gente circula más dentro del propio continente. Yo iba a Costa Marfil y cuando llegamos allí había guerra. Eso es la mala suerte de África y cuando hay una guerra cambias de camino, porque no tienes ganas de volver atrás, y eso hizo que poco a poco terminemos la experiencia magrebí del norte. Una vez que estás en África Norte ya te venden Europa. Ya no hay vuelta atrás. Si tú cruzas el desierto te das cuenta que ya no quieres volver. Por eso lo llamamos el camino “si lo hubiera sabido””.

El salto a la valla

Llega entonces el salto de la valla.

“Cuando se cuenta en los medios de comunicación muchas veces se utilizan términos que parece que los saltos masivos han empezado ahora. Los saltos masivos no son así por la elección nuestra. Es un funcionamiento provocado muchas veces por Marruecos para intentar imponer medidas a la comunidad europea para estar financiados y controlar la frontera”, asegura y añade “somos mercancía de ese rollo. En 2005 la población civil marroquí fueron muy generosos con nosotros. Pero la policía nos rodeaba de bases militares. No podíamos acceder a la población y si tenemos hambre tenemos que buscarnos la vida. Nos venían a molestar de madrugada, como si fuésemos animales. Lo cierto es que hacíamos grupos de tres o cuatro personas para saltar la valla y siempre nos veían ¿cómo es posible que no vean a quinientas personas juntas?”.

Mahmud cree que la complicada situación que se sigue viviendo en la frontera no tiene una solución fácil y esta no pasa por la política. “La política no lo va a cambiar porque es la que lo provoca. Lo que se necesita es un cambio social. La sociedad debe saber cómo somos y lo que pretendemos. En nuestros países africanos hay dificultades políticas. Es un bucle de colonización. No tenemos una independencia política”, señala.

Habla de la colonización para referirse al cambio que se ha producido en su lugar de origen, a la influencia de multinacionales que ha llevado a que los recursos propios no se quedan en el país. “Cuando yo era pequeño una familia compraba arroz y se reían de ella porque el granero estaba siempre lleno. Ahora la mayoría tenemos tierra pero tenemos que mandar dinero para que nuestros familiares compren arroz. Tenemos las marismas donde hay arroz cultivado por nosotros mismos”.

Ahora sobrevive en Sevilla pero habla de su pueblo “multicultural y maravilloso. Es un pueblo abierto y acogedor y muy verde”, dice riéndose.

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