El Valle del Tera fue uno de los pioneros en toda España en disponer de luz eléctrica en sus casas. Concretamente, las localidades de Santibáñez de Tera, Abraveses, Sitrama, Santa Croya y Santa Marta. Y todo ello gracias a una pequeña fábrica de luz situada a unos dos kilómetros del núcleo urbano de Santibáñez, nacida en 1919 bajo el nombre de “Electra Santibañesa, S.A.”.

Aunque la pandemia truncó las esperanzas de la Asociación Cultural Villa de Santibáñez de Tera de conmemorar el primer centenario de la Fábrica de Luz, la ilusión del homenaje se ha mantenido intacta como si nada hubiera ocurrido.

En un acto, en el que no faltaron las mascarillas, y al que acudió cerca de una veintena de vecinos de la localidad, fue descubierta al público una placa con todos los accionistas que la fábrica tuvo a lo largo de su historia, incluido el patrón del pueblo, San Tirso.

Para Agustín Rodríguez, presidente de la Asociación Cultural impulsora del acto, “es un homenaje y un recuerdo a toda aquella gente, que se lo merece”. Asimismo quiso recalcar la importancia que antaño tuvo la fábrica de luz porque “adelantarse 35 años al resto de pueblos de la zona supuso mucho, que hay pueblos de por aquí que hasta los años 50 no tuvieron luz”.

Agustín Rodríguez junto a la foto de Arturo Nieto. | C. G. R. Carlos García

La Electra Santibañesa comenzó su andadura en el año 1919 de la mano del médico Arturo Nieto, que también tiene su lugar destacado en la exposición organizada en el Ayuntamiento de la localidad. Con él, otros 117 accionistas, entre los que se incluyó al propio San Tirso de forma simbólica. Acorde a esa participación, desempeñaron los trabajos personales de construcción reflejados en un minucioso Plan de Trabajo.

Una vez que se terminaron los trabajos de construcción de la fábrica, para los que hizo falta una gran cantidad de mano de obra y unos gastos entonces incalculables, comenzó el tendido de líneas. La primera de las tres que se dispusieron, se trazó paralela al río Tera en dirección a Santa Croya, con un ramal destinado a iluminar a Santa Marta. La segunda línea se destinó a Santibáñez, y la tercera, hacia Abraveses, con un ramal hacia Sitrama.

En cuanto a las instalaciones particulares, se pagaba por bombillas, es decir, según las bujías de las que dispusieran. Esto, según explican desde la Asociación, dio lugar a la picaresca como “pinchar” el cable y hacer derivaciones ilegales, así como compartir bombillas en habitaciones, practicando huecos entre las mismas.

A pesar de las no pocas limitaciones técnicas propias de la época en la que se emprendió este entonces faraónico proyecto, el beneficio que generó para todo el Valle supuso todo un hito histórico, puesto que no solo suponía un gran avance sobre el resto de pueblos de la zona, sino de toda España.

Por ello, Santibáñez de Tera ha querido ofrecer este particular homenaje de gratitud a todos sus antepasados que otrora dieron todo de sí para iluminar las casas de sus convecinos y rescatar del olvido una parte de la historia que, aunque pueda haber pasado desapercibida, tiene una importancia incalculable en el desarrollo del Valle del Tera.

Dos jóvenes tras descubrir la placa conmemorativa. | C. G. R. Carlos García

Aunque escondida entre arboladas y caminos, ajada y ya víctima del olvido y el paso del tiempo, la Fábrica de Luz sigue en pie y puede visitarse como parte de las rutas senderistas de Santibáñez. Tanto es así, que en un primer momento llegó a plantearse este lugar como el elegido para mostrar la exposición. No obstante, tuvo que optarse por el consistorio santibañés dado el mal estado de las instalaciones.

Los pueblos crecerán o poco a poco irán cayendo en el olvido, pero pase lo que pase una gran parte de lo que hoy es el Valle del Tera, se le debe a la Electra Santibañesa y aquellos 117 emprendedores que se embarcaron en un proyecto tan ambicioso en una época complicada.

Lo cierto es que podrán pasar otros cien o doscientos años y cambiar todo a su alrededor, pero si algo no cambiará nunca es la gratitud de todos los habitantes de la zona, y especialmente, de Santibáñez de Tera que hacen, sin el menor ápice de duda, que el Doctor Arturo Nieto y hasta el propio San Tirso se sientan orgullosos de sus paisanos.