Tradicional, de siempre, pero con una alta capacidad para adaptarse a los nuevos tiempos. La ganadería es una de las principales actividades económicas del Valle del Tera, y durante muchos años ha luchado por mantenerse en una zona donde la despoblación arrecia conforme pasa el tiempo. A pesar de ello, esta actividad ha conseguido adaptarse y evolucionar para no quedarse atrás y seguir siendo uno de los pilares que aún mantienen viva la esperanza en el Valle.

Arriba, un robot de ordeño. A la izquierda, una explotación ganadera de Sitrama de Tera. | C. G. R.

Muchas son las explotaciones ganaderas que comenzaron hace décadas como un pequeño negocio familiar. Sin embargo, son muy pocas las que, con el paso del tiempo, lejos de disminuir como ha venido haciendo la economía en estas zonas, han crecido de forma abrumadora, hasta puntos, a priori, impensables hace unos años, pero a costa de realizar fuertes inversiones para adaptarse a las nuevas exigencias del mercado.

Cabezas de ganado en Sitrama de Tera. | C. G. R.

Es el caso, por ejemplo de Rafa Pastor con su explotación de ganado bovino en Sitrama de Tera. Las “Cárnicas Pastor de Paz” han trabajado la crianza de terneras durante dos generaciones, desde hace más de veinte años. “Cuando empezamos allá por el año 2000 teníamos naves con capacidad para unas 350 terneras”, comenta Rafa, y añade que “eso no quiere decir que desde el principio estuvieran llenas”. Recuerda, a pesar de que aún era pequeño, que las terneras llegaban en lotes de unas 40 o 50.

Nuevas tecnologías al servicio del sector bovino del Tera

El arduo trabajo que supone mantener esta actividad resulta, sin embargo, gratificante, explica Rafa porque “a pesar de lo duro que es cuidar de tus pequeñas los 365 días del año, tiene como premio estar rodeado de animales y naturaleza en un entorno idílico como es el Valle del Tera”.

Unos años antes, en 1979, a unos escasos ocho kilómetros de distancia, los hermanos García Mayor comenzaron con una pequeña explotación ganadera de menos de 10 cabezas de vacuno.

Actualmente, más de 40 años después, el hijo de uno de los hermanos, David García Vara, cuenta que esas “8 o 10 vacas” se han convertido en “248, de las cuales 120 están en ordeño”. “En el año 2000 mi padre y mi tío hicieron una modificación, crearon una sociedad y también entró mi madre, y ya ordeñarían unas 40 de las 70 que tenían”, explica. “En el 2010 entré yo y ya ampliamos hasta las 80”.

Entre Santa Croya y Sitrama se encuentra Santibáñez de Tera, donde también Miguel Cordero y su familia llevan más de 20 años en el sector. “Cuando empezó la nave, en 1999 con unas 30 vacas de ordeño y ahora estamos con unas cien de ordeño, una doscientas cabezas en total”.

Si bien no todo puede hacerlo una máquina, lo cierto es que los robots y la maquinaria han reducido en gran medida la carga de trabajo de los ganaderos. “Es el segundo día que trabajamos con los robots de ordeño”, explica David. Además de eso, ha adquirido recientemente “un arrimador de comida y otro robot que limpia los pasillos”.

La compra de esta maquinaria supone grandes inversiones, según García, “ de hasta 350.000 euros”. No obstante, a menudo son concedidas ayudas, en función de unos objetivos que se exigen a las ganaderías.

Las principales dificultades por las que atraviesa este sector, aparte de la cada vez más acuciante falta de mano de obra, es la dificultad para extraer rentabilidad porque “sí que es cierto que genéticamente se ha mejorado mucho, pero la industria lechera cada vez achucha más y los márgenes son menores”. En este sentido, afirma Miguel que “el principal problema es el precio de la leche, que no sube”.

A pesar de las dificultades, Rafa afirma que “la trazabilidad de nuestras terneras garantiza que nuestros animales son bien tratados desde que entran en la explotación”. Ello genera que “conseguimos un tipo de carne con un color natural y un índice de grasa apto para el consumo con un sabor único”.

Estas explotaciones cumplen con todos los requisitos medioambientales exigidos para garantizar, además de un buen trato a los animales, una producción sostenible y respetuosa con un entorno con una riqueza natural tan grande como es el Valle del Tera.