Algunos comercios de proximidad, los que tienen que ver con sectores que de algún modo u otro, se centran en productos de primera necesidad o, incluso, productos relacionados con el hogar, han logrado no solo mantener la actividad, sino también aumentar sus ventas. Pero se han tenido que adaptar a un nuevo modo de vender que en algunos momentos les ha costado “más de una lágrima”, aseguran.

Uno de los negocios que no han parado por la pandemia por ser “esencial” es la carnicería de los Hermanos Infestas, con dos tiendas en Benavente. Andrés es uno de los cuatro hermanos que llevan casi 40 años con el negocio como tal pero, asegura, el oficio tiene más recorrido ya que se trata de la quinta generación de carniceros. Andrés explica que ha habido distintas etapas, pero esta es una de las más duras. “Tuvimos también un golpe muy fuerte cuando las vacas locas”. En esta ocasión el golpe económico les ha permitido para sacar gastos y pagar a todos los trabajadores, un total de 17. El trabajo se redujo al 60% al principio, según explican, pero han mantenido a todos porque “Hermanos Infestas somos todos”.

La calle Herreros, una de las zonas con más negocios familiares de Benavente. / E. P.

Las ventas bajaron al 50% en un primer momento y “mantener una empresa familiar es un poco difícil”, según explica. Este negocio cuenta con muchos clientes de fuera de Benavente que han seguido comprando en él a pesar de no poder viajar. “Han seguido comprando a través del Whatsapp. Hemos vendido desde La Coruña a Almería. Nunca hemos vendido como hasta ahora”, asegura.

El “boca a boca” ha sido fundamental para ellos. “Cuando estábamos confinados un cliente de Astorga nos dijo que los pastores estaban degollando los corderos y optamos por hacer algo, para que la cadena no se rompa. A través de Facebook hicimos una oferta y logramos sacar hasta 300 corderos a la venta”.

El cierre de bares y restaurantes no les ha afectado mucho puesto que “nosotros lo que vendemos es en el mostrador, el 80%. Pero la restauración nos repercute a todos, por supuesto”.

Javier, padre e hijo, de Cuchillería Javier, tras el mostrador. | E. P.

También han podido mantenerse negocios familiares dedicados a artículos de la casa como “Cuchillería Javier” con una antigüedad que se remonta al año 1937, según explica Javier, el hijo. “Nosotros tenemos clientes de la zona, pero hemos visto una reducción de clientes que vienen de fuera siempre y no han podido acercarse a la ciudad. Hemos perdido clientes del País Vasco o de Madrid que solían venir a comprarnos”. En este negocio venden menaje de cocina, artículos de repostería, cuchillería y “un poco de todo para la cocina”.

Javier asegura que los productos de repostería y cocina han visto un aumento importante el pasado año y “ha habido muchos problemas con falta de stock de algunas fábricas con productos como pequeños electrodomésticos”, asegura. Para ellos, Internet ha sido una balsa de salvación.

De cara a 2021 “estamos funcionando con normalidad” porque hemos incorporado el negocio electrónico que el pasado año aumentó exponencialmente. “Tenemos 3.000 artículos en stock y eso nos ha permitido crecer”.