Situación de una de las cruces que piden que se limpien. | E. P.

Enterramiento más antiguo que está documentado en el lugar en 1944. | E. P.

“Abandono y ruina”. Bajo esta valoración describen varios vecinos de Villabrázaro el estado del cementerio antiguo de la localidad, que han colaborado en las últimas semanas en la redacción de un proyecto para la catalogación, planificación, conservación y restauración del antiguo camposanto, ubicado cerca de la iglesia parroquial y que pretenden se convierta en un cementerio jardín. Esperan contar con el apoyo del Obispado para su cesión, el apoyo económico de Ayuntamiento y otras administraciones para sufragar el presupuesto estimado en 7.550 euros y el apoyo vecinal para realizar un trabajo comunitario para su limpieza y restauración.

La iniciativa surge de dos mujeres, Marta Mariño Fernández, licenciada en Historia del Arte, y Cristina Mateos Casado, socióloga y trabajadora social, vinculadas al municipio y que han contado con la colaboración de vecinos que han aportado sus testimonios para poder llevar a cabo el proyecto que pretende recuperar un lugar emblemático y que forma parte de su patrimonio cultural.

Movido por el interés de estos vecinos por la recuperación del camposanto, el grupo de UPL en la oposición de este Ayuntamiento presentará esta semana una moción para elevar a Pleno. El portavoz, Ignacio Morán, que recuerda que el antiguo cementerio está ubicado junto al área recreativa más importante del municipio, explica que “esta construcción aportó un servicio tan valioso a la comunidad y acumula un valor sentimental y etnográfico tan importante que no encuentro palabras para calificar justamente el estado en el que se encuentra. No cabe la menor duda de que contiene y representa el linaje de muchas familias que han vivido o viven en Villabrázaro, que es la historia y la dignidad de todo un pueblo lo que vemos caído y bajo las huellas de la más absoluta desidia y el olvido más ignominioso” y así lo recoge en la moción que presentará al Ayuntamiento y en la que solicita que se promueva, “de manera urgente, una reunión con el Obispado de Astorga para garantizar el mantenimiento, la cesión, permuta, o cambio de titularidad de esta infraestructura”, también que se acometan “con fondos propios o de otras instituciones, las obras necesarias para la rehabilitación integral y puesta en uso de esta pequeña necrópolis” y “que se destine al uso que se indica en la memoria adjunta (un cementerio jardín) u otras similares que demande la ciudadanía”.

El proyecto realizado recoge detalladamente las características del camposanto construido con tapial de barro. “Una de las paredes, la colindante con La Manga, fue reconstruida cuando se urbanizó la zona de ocio, el resto se encuentran en estado de semirruina”. Recoge también que “se seguía un modelo de enterramiento rotatorio, desde el final hacia adelante. Según se entraba a la derecha estaban situados enterramientos infantiles. En la zona central en torno a una cruz de madera según fuentes populares entrevistadas se encontraban los enterramientos de los dos curas, don Juan y don Eutiquiano”. Mientras que en su interior, el patrimonio funerario está constituido por 18 cruces y lápidas de piedra y unos 36 enterramientos con cruces de hierro sin lápidas. Se identifican unos 25 enterramientos más sin rastro de lápida o cruz.

La propuesta de trabajos de recuperación y restauración se concentran en tapias de barro originales que aún se conservan aunque en estado ruinoso; en la sustitución de la puerta de entrada puesto que su estado desaconseja su recuperación; en la limpieza de cruces y lápidas,; así como en actuaciones para vegetación, con la conservación de dos cipreses y un olivo centenario, y senderos.

Además de los trabajos de reconstrucción y restauración proponen la instalación de un placa conmemorativa de los trabajos de recuperación con los principales datos históricos del camposanto; la instalación de dos bancos para exteriores, obras para llevar una toma de agua y la instalación de una fuente de hierro; la instalación de una cruz de madera de amplia envergadura en el centro del cementerio, en torno a las tumbas de los curas enterrados.

Se desconoce con exactitud cuando comenzaron allí los enterramientos pero atendiendo a testimonios vecinales se confirma que se usaba como lugar de enterramiento desde el siglo XIX y hasta 1958.