31 de enero de 2016
31.01.2016

Contra las barreras arquitectónicas

Villageriz, uno de los municipios más despoblados de España, aprovecha el derrumbe del Consistorio para su rehabilitación y acabar con las trabas que impedían el acceso de los mayores

31.01.2016 | 00:06

Villageriz, uno de los pueblos que recibe más horas de sol, goza a la vez del privilegio, o más bien la desgracia, de ser uno de los municipios más despoblados de España. De los más despoblados y de los más envejecidos. Sus 45 habitantes asentados a las laderas de un macizo paleozoico, de la Sierra de Carpurias, donde el mirador excepcional del Valle de Vidriales se confunde en ocasiones con un cielo lleno de nubes, forman ya un grupo de mujeres y hombres necesitados de cayados. Al igual que ocurre en la mayoría de las localidades de la provincia, algunas de ellas cuentan con un censo poblacional más reducido y envejecido pero como municipio, Villageriz es ya un estandarte.

Muchos de los encorvados cuerpos, a duras penas una treintena son los que residen habitualmente, y que han superado décadas y décadas de azarosos trabajos, precisan ya de accesos sin barreras porque aunque sus pies se deslizan por las enfiladas calles de este pueblo con reminiscencia árabe que fuera construido sobre la ladera de la Sierra, tienen dificultad para acceder a las dependencias municipales para que la secretaria les atienda u otros servicios que precisen. Descienden desde las casas del altozano pero se encuentran llenos de trabas para acceder hasta su Ayuntamiento, hasta la planta superior.

Coincidiendo con las recientes y abundantes precipitaciones de lluvia, el edificio de la Casa Consistorial hacía resentir a Carpurias, porque el derrumbe de una parte de sus muros dejaba en evidencia la fragilidad de la vetusta construcción.

El Ayuntamiento aprovecha ahora para rehabilitar la casona de la plaza de los Silos con el fin de permitir que los vecinos dispongan de unas dependencias sin barreras arquitectónicas. Vamos, que para acudir al Ayuntamiento no tengan que volver a subir las estrechas y empinadas escaleras. Y eso los que a duras penas podían hacerlo, porque a los más dificultados desde la planta superior se bajaban los papeles hasta la puerta o, incluso se llevaban a la casa.

El joven alcalde, Valentín Gando, no quiere que sus convecinos tengan que subir más las escaleras y, por ello, ha decidido, tras la retirada de escombros, que en la parte del inmueble derruido y en el patio de la casona, se construyan unas dependencias "para que el ayuntamiento sea accesible a todos". Así estará todo accesible a los vecinos mayores. El salón multiusos y el consultorio médico que ya lo estaban, pero a partir de ahora lo estarán también las dependencias propias del Consistorio.

Y las obras se van a realizar con la financiación de los Planes de la Diputación que a este pequeño Ayuntamiento le corresponden casi 30.000 euros. Una cantidad fija de 18.000 euros por constituir un municipio propio y otros 40 euros por cada uno de sus 45 habitantes. Así han establecido el reparto en la institución provincial para el bienio 2016-2017.

Este Villageriz de Vidriales no es otro que el coronado a su espalda por "los molinos de viento", los aerogeneradores del parque "Las Labradas" que vienen cada año a nutrir puntualmente y de forma generosa las arcas del pequeño municipio. Una generosidad que le permite prescindir de algunos tributos a los vecinos y atender necesidades de mejora de infraestructuras básicas.

Eso si, su población se ha hecho mayor, se ha envejecido como la que más de España y de la ya envejecida población de los municipios de la provincia. Porque su crecimiento vegetativo es nulo y su tasa de envejecimiento llega al 76% de 65 años, la más alta de Castilla y León. Porque 3 de cada 4 registrados en el censo ya están cerca de ser septuagenarios y eso que recientemente y como informaba este periódico, el pasado noviembre, a Villageriz le venía a insuflar vida la llegada de una niña con una familia de un país centroeuropeo. Desde entonces el autobús ya no pasa de largo como hasta hace una década, ahora llega hasta el pueblo, porque la niña tiene que acudir a la escuela y los mayores al Centro de Salud en Santibáñez o para acudir a Benavente.

Y a partir de ahora sus habitantes tendrán menos barreras y Carpurias, a la vez que se resiente, se muestra agradecida.

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