Hasta la última mitad del siglo XIX el Valle de Lubián fue un recóndito rincón, perdido entre las Sierras Segundera y Gamoneda y las Portillas del Padornelo y la Canda.

Recóndito, sí; pero no alejado del mundanal ruido, si es que había ruido en aquellos remotos tiempos: era paso obligado entre la Meseta y el sur de Galicia.

Aquel primitivo camino no era más que una vereda jalonada por los pueblecitos de Padornelo, Aciberos, Hedroso, Lubián y, algo más alejados, Chanos y Hedradas, además de algunas ventas. Sin olvidarnos del Santuario de La Tuiza, donde los segadores gallegos, que regresaban de los inmensos trigales de Castilla, dejaban sus hoces como ofrenda a la Virgen.

No es necesario recordar que por esa vereda transitaron, además de los segadores, peregrinos, juglares, titiriteros, cómicos, arrieros, tratantes, serradores, canteros y artesanos con sus fardeles cargados de cultura rezumando por sus costuras.

A finales del siglo XIX fue cuando trazaron la primera carretera, que terminó llamándose Villacastín-Vigo: un camino paralelo al anterior, subiendo y bajando las portillas, retorciéndose dolorosamente sobre sí misma con curvas inverosímiles, a veces sobre el abismo.

Fue el 15 de diciembre de 1.933 cuando el diputado en el Congreso Alejandro Rodríguez Cadarso, médico, catedrático y Rector de la Universidad de Santiago de Compostela dejó su vida, junto a la de su compañero de viaje, en una de esas curvas entre los términos de Las Hedradas y Chanos: la curva de Cadarso. En aquella carretera fueron varias las curvas que tomaron nombre de personas…

Luego vino el Camino de Hierro en la mitad del siglo XX, y empezaron los agujeros para entrar y salir de nuestro valle. El túnel de Padornelo fue durante medio siglo el más largo de España y, probablemente, el que se tragó más vidas de obreros, tanto directamente, como de manera indirecta a través del mal del túnel: la silicosis. Murieron muchos más vecinos que en la guerra. El ferrocarril, con su estación, tuvo un gran impacto para la población a lo largo de cuarenta años, si bien RENFE nunca acertó a diseñar la mejor combinación para la Alta Sanabria: muy bien comunicados con Ourense, y muy mal con Zamora, donde se realizaban las gestiones.

En los años setenta llegó el Plan de Accesos a Galicia, y, salvo Padornelo, nos alejaron de los pueblos la nacional, con un nuevo trazado paralelo y un túnel en cada portilla. Si Lubián había sido un pueblo de parada obligatoria en tránsito entre Madrid y Galicia, con dos fondas y hasta cuatro bares, abierto a todo tipo de culturas, a partir de 1976 se convirtió en un pueblo donde cerraron fondas y bares al desaparecer aquel continuo trasiego de turismos, camiones y autocares. Menos mal que en los ochenta alguien venido de fuera se atrevió a invertir en un área de servicio en Padornelo, recobrando aquellos puestos de trabajo desaparecidos en el municipio diez años antes.

Y llegaron las obras del AVE con sus túneles nuevos, sus viaductos, sus obreros exteriores, sin crear un solo puesto de trabajo en el propio municipio durante la década que viene durando.

Así se explican los 3,2 habitantes por kilómetro cuadrado, teniendo en cuenta que el 75% del territorio es montaña inhabitable, claro. Menos mal que los parques eólicos sí han creado una treintena de puestos de trabajo en operaciones de mantenimiento.

Y aquí seguimos resistiendo.