2020 ha sido el año sin procesiones de Semana Santa en la calle, palabras mayores en Zamora, que tiene en su Semana de Pasión el evento más importante del año. La pandemia de coronavirus obligó a la suspensión de los desfiles.

Desde la época de la II República, en los años 30 del siglo XX, la ciudad no había vuelto a cancelar estas celebraciones. En aquella ocasión lo hizo por razones políticas.

Ya en 1932, los desfiles estuvieron en el aire y en 1933, la Junta de Cofradías optó por suspenderlos definitivamente. En 1936, la Junta de Cofradías determinó que “el momento no era el más adecuado para las celebraciones de culto externo”, y las procesiones se cancelaron. Ese año de 1936, en la primavera previa a la Guerra Civil, fue el último en el que se suspendió la Pasión de Zamora.

La Semana Santa de 2020 pasará a la historia por la cancelación de las procesiones y la limitación de los actos litúrgicos, que se celebraron sin público y algunos se pudieron seguir desde casa a través de la retransmisión por Internet y redes sociales.

El precedente más próximo de esta situación anómala se remonta a 1936, meses antes de la Guerra Civil. Desde entonces, el gran acontecimiento siempre se había celebrado.

La noticia cayó como un jarro de agua fría en Zamora y los zamoranos pasaron esa época en sus casas, sin la visita de los familiares que vuelven en esas fechas, sin que los pasos salieran de sus sedes e iglesias y con la paralización de la economía.

Fue el 13 de marzo cuando las cofradías y la Junta Pro Semana Santa comunicaron la suspensión de las actividades de la Pasión por la pandemia de coronavirus. Lo hicieron público a través de un comunicado conjunto de las juntas de cofradías de Semana Santa de Castilla y León ante las extraordinarias circunstancias y atendiendo a las indicaciones de las autoridades sanitarias y eclesiásticas.

Ha sido un año atípico y extraño para las dieciséis cofradías de la ciudad, para toda la Semana Santa de la provincia y para todos los zamoranos, entre ellos los miles de cofrades que asistieron primero a la suspensión de los actos previos a la celebración, como ritos de entrada, entregas de medallas a los nuevos hermanos, asambleas y certámenes de bandas, y después todas las actividades públicas previstas para la Semana de Pasión.

La prioridad fue la salud, según mostraba el mensaje de la Junta Pro Semana Santa: “En Dios nuestro señor confiamos y a él rogamos que proteja la salud de todos sus hijos y a su santa madre imploramos que interceda por nosotros para que la normalidad llegue cuanto antes porque eso será signo de que esta terrible pandemia ha sido superada”.

Algunas hermandades y cofradías optaron por retransmitir a través de las nuevas tecnologías algunos de sus actos celebrados a puerta cerrada, como el Vía Crucis de la Penitente Hermandad de Jesús Yacente en la iglesia de Santa María la Nueva, la liturgia de Viernes de Dolores de la Hermandad del Santísimo Cristo del Espíritu Santo, el novenario de Nuestra Madre de las Angustias y los Martes de Cuaresma de las Siete Palabras.

Durante esas fechas clave en la ciudad, lucieron los reposteros de las cofradías en los balcones del Ayuntamiento como un gesto simbólico y de ánimo, pero también surgieron iniciativas como la de los músicos de la Banda de Zamora, que interpretaron composiciones de Semana Santa desde sus casas, mientras semanasanteros hicieron sonar marchas, pusieron velas o decoraron los balcones.

La Tercera Caída interpretó “La muerte no es el final” desde casa, Luz y Vida honró a sus muertos con un centro de flores en el cementerio, hosteleros repartieron sopas de ajos a los sanitarios en la madrugada del Viernes Santo y en los hogares los zamoranos, confinados, degustaron el Domingo de Resurrección el Dos y Pingada.