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Al grano

EBAU, cuando la vida es un examen

Estudiar, sí; sufrir estudiando, no

Pruebas de la EBAU en Zamora. E. F.

No os agobiéis, de verdad, que no merece la pena; estudiar, sí, pero sin obsesiones. No se acaba el mundo por no hacer el examen soñado, que la Ebau, ya veréis, será una anécdota dentro de unos años, que vuestra vida no va a depender del resultado de las pruebas de evaluación, que hoy iniciáis. Os lo dice uno de una generación, la de los becarios de pueblo, la de los desertores del arado, que dejó jirones de vida por aprobar con nota y mantener la ayuda estatal, en muchos casos imprescindible para seguir estudiando lejos del pueblo, dando la espalda a esa cultura rural que habían alimentado, sin quererlo, padres y abuelos.

He visto adolescentes estudiar a escondidas en la capilla, en el servicio, sentados en la taza del váter

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Entonces, cuando llegaban los exámenes finales, era el apocalipsis emocional. Te la jugabas. El ser o no ser. Allá en la lejanía brumosa de un tiempo apagado, en el colegio menor de los Jesuitas de Zamora, había un grupo de alumnos especializado en luchar contra el sueño con tal de memorizar la lección, de retener casi como el vómito la resolución del problema de Matemáticas. Incluso rompíamos las normas internas marcadas por los curas-directores Prieto y Fuentes, que se negaban a mantener abierta la sala de estudio toda la noche. He visto adolescentes estudiar a escondidas en la capilla, en el servicio, sentados en la taza del váter, con linternas debajo de las sábanas, jugándose el castigo; luchar contra el sueño con una inyección de falso porvenir imaginado.

Y ahí estamos: ocho leyes educativas desde que tenemos democracia

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El aprendizaje es la primera obligación del ser humano, pero nunca debe ser convulso, nunca con sangre. Estudiar sí, pero sin dejar un montón de pelos en la gatera, sin obsesiones. Ya sé, ya sé, que ahora hay muchos padres y madres que me están insultando con los argumentos de que “pues sí, es lo que hace falta decirle ahora a los jóvenes, especialistas en estar en modo de espera, que viven en la inopia..., si para ellos solo existe el móvil...”. Cada uno en su papel. Este artículo está dirigido no a los vagos sino a aquellos que estudian demasiado, que también los hay.

Sabed que los mayores lo que pretendemos es que hagáis lo que nosotros queremos. Y ahí estamos: ocho leyes educativas desde que tenemos democracia. Y ahora, pues eso, unos alabando la meritocracia y otros, lo contrario: pasar de curso aun suspendiendo para evitar el duelo por el fracaso; a ver como separáis el trigo de la paja. Hasta este artículo tiene un poco de trampa: os estoy pidiendo que ante la Ebau estudiéis sin obsesionaros cuando el trabajo ya lo habéis hecho. Pues eso, suerte. Y que la vida no se aprueba ni se suspende en un examen, se vive.

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