Zamoranos en el mundo

Zamoranos en el mundo: Y París abrió sus puertas

María Soledad Martín de la Pietra emigró en los años sesenta desde Fontanillas de Castro para vivir en la que considera "la ciudad más bonita del mundo"

04.11.2016 | 13:57

Confiesa que nunca se imaginó vivir fuera de España, pero la zamorana María Soledad Martín de la Pietra tuvo que dejar su Fontanillas de Castro natal cuanto tenía 17 años "porque el país no estaba bien económicamente, aunque en el pueblo éramos muy felices". Sus padres, agricultores, decidieron dar este doloroso paso para ofrecer un futuro a sus hijos. Primero emigró el cabeza de familia y, seis meses más tarde, la madre con sus hijos. Corría el año 1965 y el destino elegido fue París, donde ya residía un primo de su padre.

Sobre ese primer choque cultural, todavía tiene muy presente no solo la dificultad con el idioma "sino las lloreras que me echaba cada noche, porque había dejado mi felicidad en un pequeño pueblo para estar perdida en una gran ciudad".

El trabajo no tardó en llegar para echar una mano a la economía doméstica. "Al principio trabajamos para familias acomodadas, que eran amables y con mucha educación. Yo, un poco más tarde, comencé en un pequeño hotel de dos estrellas y después pasé a otro más grande", recuerda la zamorana, quien todavía acude cada mañana a ese establecimiento. "La situación de los jóvenes españoles que vienen aquí a buscarse un futuro es totalmente diferente a la nuestra. Ellos tienen muchas más ventajas. Quien llega a París, encuentra trabajo", compara.

Si no se visualizaba viviendo en otro país que no fuera España cuando era niña, menos aún se imaginaba que terminaría casándose con un extranjero "ni que mis hijos fueran a ser de fuera", reconoce.

Y es que el amor le llegó cuando su marido entró como turista italiano con un grupo de amigos en el hotel donde ella trabajaba. "Él es de la provincia de Chieti, cerca de Roma, donde solemos pasar dos o tres meses al año", explica. Esa mezcla de culturas le ha hecho dominar a la perfección el francés y el italiano, lo que le ha ayudado en su trabajo.

Boda en la tierra

Precisamente uno de sus viajes de vuelta a casa, en 1972, fue para celebrar la boda en Fontanillas de Castro con Felice del Vecchio. "A la ceremonia vino también la familia de mi marido, que estaba mucho mejor económicamente que nosotros", recuerda. De esa unión han nacido dos hijos, ya casados y una chica. "Todos ellos saben que tienen sangre española, y hablan perfectamente los tres idiomas, además de conocer la cultura de mi país y de Italia", subraya con orgullo.

Medio siglo después de su primer viaje a Francia, considera al país vecino como su hogar. "Los franceses tienen fama de fríos, pero yo, que tengo muchos amigos aquí, no veo nada de eso. Es gente formidable", defiende, al tiempo que apunta que a todos ellos les habla de la historia y costumbres de Zamora, porque, a pesar de los años, no olvida sus raíces. "París es la capital más bella del mundo, pero España es mi país y a Zamora voy siempre que puedo, porque es la ciudad más bonita de España", describe. Además, comenta que los franceses están enamorados de su tierra. "Prefieren a los españoles que a los italianos, les encanta nuestra forma de ser y nuestro clima. Yo me siento muy afortunada de poder vivir entre estos tres países maravillosos", agradece.

La distancia no le ha hecho perder tampoco el interés por lo pasa más debajo de los Pirineos. "Estoy al corriente de la actualidad en España a través de la televisión y de los periódicos", asegura. Lo que más envidia en este sentido de los franceses "es que se rebelan contra el Gobierno cuando las cosas no funcionan. Y hacen muy bien", sentencia.

Ambiente tenso

Como una ciudadana francesa más ha vivido el terror de los últimos atentados en su país de acogida por los radicales. "El ambiente que se respira es muy tenso todavía. Estamos todos muy atentos y París está muy vigilado, a menudo te cruzas con policías y militares. La verdad es que no se puede entrar en ninguna parte sin pasar por el detector de metales. Incluso yo, cada mañana, cuando entro a trabajar a mi hotel", lamenta.

Actualmente, María Soledad Martín es la única de su familia que se ha afincado definitivamente en París. "Francia es mi residencia, aquí están mis hijos y mis nietos, todos casados con francesas", justifica.

Sus padres y sus hermanas, quienes contrajeron matrimonio con españoles, realizaron el camino de regreso. "Yo me he quedado por mi familia, aquí está mi vida, pero siempre tengo presente la mítica canción de Juanito Valderrama, que dice aquello de adiós mi España querida, dentro de mi alma te llevo metida", finaliza.

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