22 de abril de 2018
22.04.2018
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Ana Romero | Periodista

"En el momento que Felipe VI tenga el más mínimo desliz, será juzgado duramente"

"Su reinado es más complicado que el de su padre, que comenzó con una sociedad dispuesta a pagar el canon que fuera por alcanzar la democracia"

22.04.2018 | 04:39
Ana Romero, con su último libro, "El rey ante el espejo".

De manera objetiva y con el periodismo como motor, Ana Romero presenta la segunda parte de su investigación sobre los Borbones. Si en su primer libro, "Final de partida", Juan Carlos I era el protagonista, en "El rey ante el espejo" pone a Felipe VI bajo la lupa. Dos obras de la editorial La Esfera de los Libros que descubren la cara más humana de los dos últimos reyes de España.

-¿Qué imagen presenta de Felipe VI en su libro?

-Es un rey que se mira al espejo y ve todo lo que tiene alrededor, empezando por una España muy complicada, que se mantiene en un momento excepcional, al que algunos ya han denominado "segunda transición". Y carga con una Corona rodeada de dificultades, que se producen minuto a minuto: desde el conflicto político catalán hasta el papel que juega su padre o la difícil adaptación de su mujer a la Corona. Es el relato de la España actual a la que se enfrenta, con la mochila de su equipo familiar.

-¿Se podría decir que, obviando el golpe de Estado, el actual monarca tiene un reinado más complicado que Juan Carlos I?

-Las comparaciones en historia siempre son fallidas, porque las circunstancias y las personas son diferentes. Pero son inevitables y me atrevería a decir que este reinado es más complicado por todo lo que está viviendo el país. Hay que tener en cuenta que Juan Carlos I empieza su reinado con un deseo generalizado y único en toda la sociedad española de alcanzar la democracia. Los españoles están decididos a pagar el canon que sea, desde aceptar la monarquía o a Carrillo, aunque no les guste. Sin embargo, ahora la sociedad española no está unida mayoritariamente en torno a un solo deseo. El problema es la fragmentación política, territorial, ideológica, económica y generacional. Hay dos millones de españoles fuera de España por trabajo, otros dos que no quieren ser españoles, como es el caso de los independentistas catalanes, cinco millones más que votan una opción política que no quiere la monarquía... todo es un suma y sigue.

-Está claro lo que tiene que aprender de su padre, pero ¿qué errores debe evitar de su progenitor al frente de la Corona?

-La ejemplaridad, sin duda. Tiene que ser ejemplar sí o sí. En el momento en el que se tenga el más mínimo desliz personal o político, será juzgado de manera muy dura e incluso injusta. La monarquía ya no tiene el crédito que se le dio a Juan Carlos I. Un último ejemplo ha sido el vídeo de Pascua, tan dañino, porque hay una persona, la reina Letizia, que no se comporta de manera ejemplar. Por otra parte, está el que una parte muy importante de la sociedad española sienta auténtica antipatía por la reina y el vídeo además confirma estas ideas negativas y estereotipos que tienen en torno a ella.

-¿Se nota en Felipe VI esa educación desde la cuna para recoger el testigo de Juan Carlos I al frente de la Corona?

-Absolutamente, no hay más que ver el citado vídeo. Él es el único que no pierde los papeles en ningún momento. Es el primer rey desde Alfonso XIII que nació en España, en La Zarzuela, allí se crió y se educó para ser rey. Aparte, tiene un carácter que le facilita la labor, que hace que sea más difícil para él no sacar los pies del tiesto.

-Una de las piedras que tiene fastidiando sus pies es la situación en Cataluña. ¿Cómo valora el mensaje que lanzó a la nación a principios de octubre?

-Diría que, más que una piedra, para él es una auténtica roca. Hay una doble vertiente en ese discurso. Por un lado, es lo único que podía hacer, no tenía otra opción, porque si no, estaría en el exilio. Pero tengo dudas sobre su efectividad. Comprendo que no podía hacer otra cosa, porque representa la unidad de España y estaba siendo objeto de chanza. Incluso sus propios seguidores, lo más monárquicos y conservadores, estaban furiosos por la inacción flagrante del rey. Sin embargo, el grueso de la sociedad catalana rechazó el discurso, no solo los independentistas. No les gustó ese discurso tan fiero, firme, directo y sin ningún tipo de concesiones o rama de olivo. En el resto de España tuvo una acogida magnífica como representante de todos los españoles. La efectividad debe medirse en si ha servido para solucionar el problema, pero lo hizo solo para que en ese momento el gobierno interviniera con toda su artillería, metafóricamente hablando. Una cosa es pararlo y otra solucionarlo, algo que todavía no ha ocurrido. Hay un empantanamiento y considero que esa piedra determinará el futuro de su reinado.

-¿Ha sido quizá el caso Noos la prueba más dura en lo que lleva en el trono?

-Ese problema viene de su vertiente familiar, que es muy complicada. En breve se conocerá la decisión del Supremo y se sabrá cuánto tiempo tiene que pasar Iñaki Urdangarin en la cárcel. No hay un país donde haya ocurrido algo así. Es un rey que ya tuvo dificultades al casarse con la primera plebeya divorciada y ahora tendrá un cuñado en la cárcel. No sabemos cómo reaccionará la sociedad ni cuánto tiempo tendrá que pasar hasta que esa familia se recomponga. No creo que volvamos a ver en una foto al rey con la familia Urdangarin Borbón.

-El rey sabía su destino desde la cuna, no así Letizia Ortiz. ¿Ha sabido adaptarse a su nuevo rol?

-Ha sido aplicadísima, porque es una mujer que lucha por la perfección, al menos físicamente. Pone empeño y esfuerzo por alcanzarla, pero, sin embargo, sabiendo que hay una parte de la sociedad con un deseo manifiesto de que tenga problemas y le vaya mal, con ganas de exagerar el estereotipo de la mujer malvada con el marido a sus órdenes, atribuyéndole todo lo malo que ocurre en Palacio, ella no solo no hace nada por evitarlo, sino que contribuye a intensificarlo. La monarquía es una institución especial, con un marcado componente familiar, tiene un componente de empatía y cariño que ella no despierta y no sé cuál es la razón.

-¿No podría haber utilizado su faceta de plebeya en su beneficio?

-Esa condición suya de no ser real es un plus para la monarquía, porque podía darle ese aire fresco y contemporáneo de monarquía del siglo XXI. Así ha ocurrido en Holanda con la reina Máxima o en Dinamarca con Mary Donaldson, carismáticas y simpáticas, que se han ganado el corazón de todos. Pero hay algo que no acaba de conectar entre Letizia y tanto las clases altas como el pueblo llano.

-Y la última guinda de esta situación ha sido el vídeo de Pascua, ¿qué se vio realmente en él?

-El vídeo es Letizia en estado puro, aunque suene muy brusco. Me refiero a que es la reina que se exaspera por una anécdota aparentemente banal, con doña Sofía queriéndose hacer una foto con sus nietas. La reacción fue muy inadecuada en ese lugar y situación. Pero lo peor del vídeo es que reafirma todos esos sentimientos y apreciaciones negativas, estereotipos y la leyenda urbana que se ha formado en torno a la reina. Ella sabe perfectamente la cantidad de enemigos que tiene y las pasiones que levanta, sin embargo, hace muy poco por evitarlo. Yo comparo sus reacciones con las de un animal herido.

-¿Los periodistas que cubren las noticias de la Casa Real cuidan su imagen ante la sociedad?

-Esa protección es cada vez menos efectiva, el periodismo ciudadano lo ha cambiado todo. La prensa española ha podido estar cuarenta años tapando la desordenada vida personal de Juan Carlos I, pero hoy día no se pueden ocultar las vidas de las personas. Se intenta y tiene lógica, porque es la primera institución del Estado, la clave de bóveda del país. Hay muchísimos periodistas que no quieren hacer daño y edulcoran al máximo las crónicas, pero la efectividad es muy pequeña ya. Si quieren aparecer como ejemplares, tienen que serlo. El oficio de rey se ha complicado.

-¿Se podría hacer una serie de televisión a la española como "The Crown", que parece que ha cambiado la visión que muchos tenían sobre la reina Isabel II de Inglaterra?

-Ese es precisamente mi pulso. No hay nada mejor que hacerle ver a los ciudadanos lo difícil que es ser reina. Todos hemos sentido admiración por Isabel II tras ver la serie. No hay nada más efectivo en comunicación que la verdad. Y eso sirve para los políticos y para los reyes. No hay nada más poderoso. Por eso yo en mis libros trato de acercarme a los reyes de una manera lo más real posible, mostrando que detrás de ellos hay personas con su dolor, enfermedades, vicios, problemas, talentos y defectos, como los tenemos todos.

-¿Aprendió eso de Juan Carlos I con su primer libro?

-Descubrí lo que sufrió al final de su reinado, porque estaba enamorado de una mujer inadecuada, Corina, y me llegó al alma. Vi que era un hombre que al final estaba solo y que tenía problemas muy mundanos. Además, hizo algo impresionante, que fue abdicar para salvar la corona, aunque la puso al límite.

-¿Y qué ha descubierto de Felipe VI?

-Nadie puede creerse que Felipe VI sea perfecto. Es un hombre con talento pero también con defectos. Al aproximarnos a las personas de forma real, los ciudadanos lo aprecian más. Acercándonos podemos llegar a ser más compasivos y es lo que intento con estos libros. Los reyes también son humanos.

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