11 de abril de 2018
11.04.2018

El gitano enamorado de Puccini

El historiador y tenor Carlos Fernández rompe el estereotipo del pueblo romaní que hoy celebra actos de conmemoración en la Afonso Henriques

11.04.2018 | 09:55
El gitano enamorado de Puccini
Carlos Fernández canta "Ombra mai fu" de Haendel en la iglesia de San Ildefonso.

Cada vez que escucha "Che gelida manina" de La Bohème, llora. "No es que sea un aria, es que pfff... -resopla- es el aria por excelencia". Confeso enamorado de Puccini y de Haendel, ultima su Trabajo de Fin de Grado sobre la iglesia de Santa María Magdalena. En junio, se graduará en Historia del Arte por la Universidad de Salamanca. El domingo, irá al mercadillo a vender bragas y calcetines en el puesto de sus padres.

Orgulloso de ser gitano, con la bandera del pueblo romaní atada en su muñeca, el joven Carlos Fernández reivindica la igualdad de trato para su comunidad, "la etnia minoritaria más discriminada en todos los países", recuerda. La ventana de su habitación, con vistas a las iglesias de Santa Lucía y de San Cipriano, le permitió interesarse por la Historia del Arte, una disciplina a la que se asomó desde pequeño. "Todos los días me levantaba frente a esas dos iglesias y yo me preguntaba por qué eran las cosas así, por qué habían sucedido así. Cuando salía del colegio por la tarde me iba a la Catedral y me podía pasar toda la tarde mirando cosas sentado en los bancos, a veces me llevaba un bloc para dibujar o apuntar. También me iba a iglesias o museos porque además, como cuando eres pequeño todo es gratis, iba y me aprovechaba", detalla con franqueza.

Inquieto y cotilla, como él mismo se define, su innata curiosidad por todo lo que le rodeaba también le abrió las puertas del conocimiento. "Me decían: Tú quieres estudiar, pues para adelante. No quiso seguir el ejemplo de su hermano Javi, quien abandonó los estudios antes de finalizar la ESO para dedicarse a la venta ambulante como el resto de su familia. "En mi casa no se ha conocido otra cosa", reconoce.

Decidió continuar ampliando su formación, primero en el IES Maestro Haedo rehusando las tentativas de hacer novillos en Olimpiada y después en la Universidad. "Un día en clase en primero de carrera hubo un poco de tensión", rememora. "Estábamos viendo las casas de indianos de Asturias y el profesor dijo que una vez él estaba paseando por una de ellas que estaba abandonada cuando vio una bañera de cobre enorme. Y soltó: Me extrañó mucho que unos gitanos no se la hubieran llevado para venderla. Levanté la mano y dije: Pues hombre, yo soy gitano, estoy aquí y no voy a robar bañeras a casas abandonadas".

Frente a este tipo de situaciones que siguen evidenciando la perpetuación de los estereotipos, al igual que la publicación de este reportaje, con motivo de la celebración hoy del Día del Pueblo Gitano, Carlos asegura que el hecho de haber tenido una formación ha influido sobremanera en su capacidad de reacción: "La educación hace mucho porque el hecho de ser capaz de defenderte con argumentos sólidos te da una capacidad incluso social que no te la da la falta de estudios", manifiesta.

Diferencia entre los valores del pueblo calé como el apego a la familia, el respeto a los ancianos o el simbolismo de la muerte y las cuestionadas tradiciones como la prueba del pañuelo. "Son cosas que conforme la sociedad avanza, tenemos que avanzar con ella", señala. Él lo hizo de forma activa. En 2013, se afilió a Juventudes Socialistas. Ahora es coordinador de Inclusión Social de Juventudes Socialistas de Castilla y León, secretario de Cultura y Turismo del PSOE de Zamora local y vocal en la ejecutiva del PSOE de Castilla y León. "Lo tengo que enumerar porque hay veces que se me olvida", confiesa entre risas.

"Conforme van creciendo te das cuenta de que si quieres cambiar las cosas, tienes que estar en los espacios en los que precisamente se intentan cambiar. Creo que es imprescindible que la población gitana se forme para poder estar precisamente en esos espacios de decisión, bien sean de carácter político o cívico. Pero si a fin de cuentas, son leyes que nos van a afectar y nosotros no estamos ahí para aportar, como se dice en Historia del Arte, es estudiar la historia desde el presente y eso implica la falta de muchos datos y de muchos matices. Luego no es que se fracase pero tampoco se da la solución más adecuada. El día en el que no se necesite un Ministerio de Igualdad, las cosas nos irán muy bien", reflexiona.

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