09 de abril de 2018
09.04.2018

Oportunidad bajo cero

María Palacios, alumna del colegio Corazón de María, disfruta de una beca de la Fundación Amancio Ortega para estudiar este curso en un instituto de Canadá

14.04.2018 | 00:28

María Palacios es una de los cuatro zamoranos que disfrutan este curso de una beca de la Fundación Amancio Ortega, que les permite estudiar 1º de Bachillerato en un instituto al otro lado del Atlántico. En su caso particular, ha cambiado las aulas del Corazón de María por las de Fernie Secondary School, un centro escolar en la localidad de Fernie, en Canadá. "Es una pequeña ciudad de unos 6.000 habitantes", describe la zamorana, a quien le gusta no estar en una gran urbe. "En el colegio no somos muchos estudiantes, así que es fácil conocer a todo el mundo. Con respecto al Corazón de María, hay pocas diferencias reseñables, pero algo que me gusta mucho de aquí es que en todas las clases estoy con gente diferente y somos nosotros los que nos movemos. Los profesores tienen sus propias clases", explica.

Sobre su experiencia educativa, reconoce que apenas tiene que estudiar. "Es una gran diferencia con respecto al sistema de España. Ni siquiera tengo una mesa de estudio en mi habitación. Estoy aprendiendo muchísimas cosas, pero la mayoría de ellas no las necesito estudiar", apunta. Con clases más relajadas, "donde se puede beber agua o comer algún snack" y profesores muy cercanos, este sistema se divide en dos semestres, con cuatro asignaturas cada uno. "Si las que te dan en un principio no te gustan, puedes cambiar. Estoy cursando materias que nadie se imaginaría en España, como cocina, o guitarra, en las que aprendo mucho y de una manera muy divertida", pone como ejemplos.

A lo que también está sacando mucho rendimiento es a la inmersión total en el idioma. "Al principio, cuando iba a pagar en algún sitio, me preguntaban de dónde era por mi acento. Ahora ya ni me lo preguntan. Noto que pienso e incluso sueño en inglés, así que espero ser totalmente bilingüe en junio", bromea.

Además del instituto, a esa inmersión también le ayuda su convivencia con la familia de acogida, sobre la que agradece haber tenido tanta suerte. "Nos llevamos muy bien y nos tenemos mucho cariño. Además, durante el primer semestre he tenido una hermana alemana, que ya ha regresado a su país, y ahora ha venido una chica japonesa, así que espero aprender mucho sobre su cultura", desea.

El estar quince estudiantes extranjeros cursando en el mismo instituto ha ayudado aún más en su integración. "Aquí están más que acostumbrado a tener alumnos internacionales y no te hablan a no ser que tú les hables, pero una vez que sales de la zona de confort y empiezas la conversación, son todos muy majos. Creo que la clave está en ser bueno con ellos, porque también serán amigables contigo", revela.

Además de las clases del instituto, esta zamorana está aprovechando para realizar más actividades, desde volleyball hasta voluntariado en un club de gimnasia, ya que en Zamora practica rítmica. "Con la beca necesitamos hacer horas de voluntariado así que los lunes acudo dos horas a ayudar como una profesora más", explica. En la actualidad también está integrada en el equipo de esquí del colegio, con sus entrenamientos cada domingo.

Con todas estas actividades, apenas le ha dado tiempo a echar de menos Zamora. "No se me ha hecho difícil este cambio, creo que soy una persona bastante independiente, y aunque a veces me pare a pensar en mi familia y amigos, soy muy feliz aquí", valora. Aunque todavía le quedan unos meses por delante, esta zamorana reconoce que la oportunidad de estudiar en Canadá le está haciendo crecer como persona. "No solo estoy mejorando mi inglés como segunda lengua, también estoy aprendiendo un montón sobre otra cultura, otro estilo de vida. Me está dando maravillosas personas que, con un poco de suerte, las llevaré para siempre en mi corazón y con las que, afortunadamente, me volveré a cruzar en mi camino", desea.

Bajo su punto de vista, es una oportunidad "increíble" que recomienda. "Me acuerdo cuando le dije a mi madre que quizá un año era mucho tiempo, pero que podía intentarlo. Quién me iba a decir entonces que iba a estar a 8.000 kilómetros de mi familia, y tan feliz", finaliza.

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