05 de noviembre de 2017
05.11.2017

Adiós a la Panera Social

La concesión de la licencia de derribo agiliza la despedida de este emblemático edificio representante de la arquitectura industrial del primer tercio del siglo XX

05.11.2017 | 03:39
Aspecto exterior de la Panera Social durante los trabajos de derribo.

La fábrica de harinas San Isidro, mejor conocida como la Panera Social, vive sus últimos días en pie después de que el Ayuntamiento de Zamora haya concedido al propietario del inmueble la licencia de derribo pertinente para los futuros planes del promotor. Fiel representante del estilo arquitectónico industrial del primer tercio del siglo XX, la harinera será pronto pasto de los escombros. Durante esta última semana, de hecho, los operarios han comenzado a trabajar en el vaciado del interior para posteriormente derruir completamente el inmueble. El único resquicio que se salvará de lo que este edificio fue en el pasado será el azulejado, que se instalará en la fachada del futuro inmueble a modo de recuerdo. "Menos es nada", apuntan desde el Consistorio.

Las máquinas han entrado ya en la antigua harinera de la avenida de la Feria como preludio de un final triste para este edificio. De nada han valido las reivindicaciones de expertos ni las movilizaciones del Foro Ciudadano para preservar el inmueble. Este colectivo, precisamente, ha propuesto diferentes modos de proteger el edificio: desde incluirlo en el catálogo del Ayuntamiento de Zamora hasta promocionar su declaración como Bien de Interés Cultural (BIC) para mantener en pie el singular edificio proyectado por el arquitecto Gregorio Pérez Arribas en 1921.

La decisión, sin embargo, estaba tomada desde hace tiempo. Hacienda subastó el edificio y un propietario se hizo con él para levantar un bloque de viviendas con una vista privilegiada a la muralla de Zamora. El Ayuntamiento de la capital nunca incluyó este inmueble en su Catálogo de Edificios Protegidos, pese a la insistencia de la Junta de Castilla y León, y ese fue el gran error. Cuando se comenzó a rumorear que el edificio iba a ser derribado, ya era demasiado tarde y el Consistorio tenía las manos atadas, por lo que cualquier posibilidad de salvar la antigua industria cayó en saco roto.

Los operarios trabajan desde hace días en eliminar todo rastro de lo que aquello fue tiempo atrás antes de proceder al derribo total del edificio. Cuando la excavadora dé el primer golpe a la fachada, se estará produciendo un golpe a parte de la historia reciente de la ciudad de Zamora. Esa historia industrial de principios del siglo XX que ha perdurado hasta el día de hoy a través de un inmueble ruinoso del que nunca nadie se ha acordado hasta que, efectivamente, pesaba ya sobre él una pena de muerte inconmutable.

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