30 de julio de 2017
30.07.2017
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Luis Mariano Esteban Martín | Miembro de la Asociación por un Acceso a la Universidad en Igualdad

"En el acceso a la universidad se juega con la vocación y capacidad del alumno"

"A las facultades deben ir los mejores en las más óptimas condiciones, y paliar esta situación solo se conseguirá con un examen único"

30.07.2017 | 04:21
El profesor madrileño Luis Mariano Esteban Martín.

No es solo un reto, sino una necesidad. El futuro y la mejora de la educación universitaria pasan por lograr que exista un examen único para todos los aspirantes a cursar una carrera, sin importar su lugar de procedencia. Esta es la lucha de la Asociación por un Acceso a la Universidad en Igualdad, que en los últimos meses está siendo especialmente activa, para "abrir los ojos" a los políticos sobre la necesidad de ese cambio en el sistema educativo. El profesor Luis Mariano Esteban Martín es uno de sus miembros y estará el próximo lunes 7 de agosto en Zamora para compartir experiencias con otros docentes y programar actividades con los miembros de la delegación zamorana de esta agrupación.

-Los últimos problemas de la prueba de Evaluación de Bachillerato para Acceso a la Universidad (EBAU), sustituyendo a la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU), ¿demuestran que ha sido el mismo perro, pero con distinto collar?

-Lo cierto es que ha cambiado muy poco, porque la parte que había más novedosa, sobre las matrices de especificaciones y los estándares de aprendizaje, fueron tan generales que volvieron a dejar en manos de cada una de las comunidades la confección de las pruebas. Por lo tanto, estamos más o menos en lo mismo, con las mismas problemáticas. La cuestión de la EBAU, como ocurría en la PAU, no está en superarla, porque el porcentaje de aprobados es muy alto en todas las comunidades, sino a la hora de hacer las notas de corte en las universidades.

-¿Y se han visto cambios en los propios exámenes?

-Los pruebas tampoco han sufrido grandes modificaciones en el tema de competencias. La ley habla de ellas, pero al final los exámenes siguen siendo muy decimonónicos, con una hoja para responder a unas preguntas.

-Gran parte de la comunidad educativa, entre los que se encuentra, defiende la puesta en marcha de una Selectividad única, ¿cuál es su razonamiento?

-El de que hay un distrito único universitario real. España sigue teniendo un acceso a la universidad donde un estudiante obtiene su nota final y va donde quiere, él elige. Desde la Asociación por un Acceso la Universidad en Igualdad defendemos el examen único porque no parece justo que notas obtenidas mediante procesos distintos acaben convergiendo en el mismo sitio. Es igual que si en una oposición para el cuerpo de Policía Nacional cada comunidad decidiera pesos, alturas y conocimientos diferentes. Ese es el gran problema y defendemos nuestra postura sin hablar de diferentes dificultades. Creemos que no es una cuestión de dificultad, porque depende de cómo vayan preparando a los alumnos. No es que sean más o menos difíciles, pero, por ejemplo, este año el examen de lengua de la EBAU en Canarias se resolvía con dos preguntas y en Castilla y León con siete. Son pruebas totalmente distintas, sin entrar en el grado de dificultad.

-¿Esta situación afecta más allá del ámbito educativo?

-El acceso a la universidad es un problema más serio de lo que la sociedad realmente percibe. En ese acceso estamos jugando con las expectativas, deseos, vocaciones y capacidades de los alumnos, pero también con las familias y su poder adquisitivo. No entrar en una determinada facultad porque esa plaza la ocupa un alumno de otro distrito supone para un grado completo entre 40.000 y 200.000 euros de diferencia.

-¿Y cómo repercute en el profesorado?

-No hay que olvidar que detrás de las pruebas externas los profesores también nos sentimos evaluados. En algunos casos la relación laboral con los centros está muy relacionada con los resultados. Y también está la sociedad, es decir, qué universitarios quiere y necesita. A la universidad deben ir los mejores en las mejores condiciones y creemos que la única manera en la que se puede paliar la situación o reducirla es mediante un examen único. Luego es verdad que serán setecientos correctores distintos, pero se podría llegar a un caso tipo MIR y para un examen competencial no es desdeñable la opción del test, aunque habría que confeccionarlo.

-Esta misma semana, hasta el propio consejero de Educación de la Junta de Castilla y León, Fernando Rey, ha lanzado la propuesta de Selectividad única, ¿podría ser un pequeño paso que los políticos comiencen a hablar de esta posibilidad?

-Es fundamental, porque en definitiva los políticos son los que legislan. Mi conclusión, tras las reuniones que tuvimos desde la plataforma con diferentes grupos políticos en los últimos meses planteándoles el tema, es que no eran conscientes de la gravedad del asunto. Cuando les pusimos encima de la mesa el Informe Manu se quedaron perplejos. Así que es muy importante que algunos políticos lo digan en voz alta y en público.

-¿Cómo afecta la actual EBAU a los alumnos zamoranos y de Castilla y León?

-La situación en Castilla y León es especialmente grave. Los informes PISA y otras pruebas testadas atestiguan el alto grado de estos alumnos. Están sometidos a un sistema educativo exigente, pero después sus notas no les valen para quedarse en su comunidad, teniendo en cuenta además que aquí están unas universidades que son referentes. La situación en Castilla y León es especialmente llamativa, porque tienen que emigrar a otra comunidad y es enormemente frustrante para el alumno, después del gran esfuerzo que se le exige.

-¿Qué le parece que sean estudiantes de otras comunidades los que en muchas ocasiones copen las plazas de las facultades de Castilla y León?

-Hay que ir más allá y pensar que incluso pueden fracasar. Cuando viene de un sistema educativo exigente, al alumno se le prepara para un ritmo de trabajo que es el mismo que se continúa en el caso de una facultad de Castilla y León. Pero si viene de un sistema educativo más laxo y llega a una universidad porque le ha dado la nota media y fracasa, no porque sea más tonto, sino porque no tiene el entrenamiento, es gravísimo y muy frustrante para él.

-¿Las universidades privadas son las principales beneficiadas por esta situación?

-Sin duda, pero también aquellas públicas que nunca tenían que haber existido, después de que en el año 1992 se hicieran las transferencias de las competencias educativas a las comunidades. Fue entonces cuando aparecieron facultades como churros por todo el territorio, sobre todo de letras, que son más baratas de crear.

-¿Una Selectividad única también ayudaría a que se unificara la calidad de la enseñanza en España?

-El informe PISA es absolutamente demoledor, hay comunidades que tienen curso y medio más que otras, con todas las pegas que le pongamos a este tipo de informes. Demuestra que hay un auténtico disparate entre las que puntúan más y menos. Prueba tras prueba se confirma que el sistema educativo español no solo no sea uniforme, sino tremendamente desigual. Un examen único no arreglaría todo, pero contribuiría en algún sentido, porque nos obligaría a todos a tener un objetivo común. No es la panacea pero al menos es un paso.

-¿Qué hace que Castilla y León está siempre a la cabeza de estos informes educativos?

-Creo que le pasa un poco como al País Vasco y Navarra, que han aprendido muy bien a imbricar las nuevas tecnologías en el aula sin abandonar completamente el sistema de origen, de modo que se están trabajando muy bien esas piezas sin el aturullamiento de otras comunidades. Los centros de Castilla y León, sobre todo en el caso de los públicos, han resuelto esto muy bien y sin abandonar lo que es la clase tradicional han ido incorporando las nuevas tecnologías, sin estridencias. Esa es la clave.

-Otro problema actual en los centros, sobre todo en etapas inferiores, es el del acoso en las aulas. ¿Cómo ve esta situación desde su perspectiva de experto en convivencia escolar?

-El mayor problema en este ámbito es el del ciberbullying, Los chavales ya no se pegan en los patios, así que parece que no pasa nada. Pero ahí están las nuevas tecnologías, más difíciles de controlar. Todos hemos sido el gordo, la fea, la alta o el bajito alguna vez en clase, pero era solo las seis horas de colegio. Ahora lo son las 24 horas y los 365 días del año. Porque en Nochebuena un idiota te escribe un whatsapp diciéndote "Hola gafotas, feliz Navidad" y ya te ha amargado las vacaciones.

-¿Qué camino hay que emprender para buscar una solución?

-Desde la escuela es muy complicado, porque no siempre tenemos la concienciación de las familias, que colaboran razonablemente bien cuando les dices que su hijo está sufriendo acoso, pero no tanto cuando es su hijo el posible acosador.

-¿Y el papel de los profesores?

-Ahí tenemos que remangarnos, porque los protocolos de actuación en todas las comunidades frente al acoso son impecables, pero su aplicación es tremenda, porque necesitas que cualquier miembro de la comunidad educativa esté dispuesto a mojarse y abrir el protocolo. Y eso que en principio no supone incriminar a nadie, ya que se abre ante cualquier indicio. Supone ponernos todos en danza, desde los profesores hasta la familia. Hay una cierta falta de compromiso del profesorado para colaborar, somos tremendamente inquisitivos con los comportamientos en nuestra aula, pero tenemos una razonable facilidad para mirar hacia otro lado en todo lo que ocurra fuera de ella. Por ejemplo, podemos echar una bronca descomunal a un alumno por sentarse mal en clase, pero a un corro raro en el patio no nos acercamos. Y eso tiene que cambiar, porque la situación es muy grave y las consecuencias son muy difíciles de reparar.

-¿Un cambio de ley no es la solución?

-No es un problema de legislación, porque los protocolos están claro. Hay que aplicarlos y eso pasa por comprobar lo que yo pueda intuir que está ocurriendo en un pasillo cuando salgo de mi clase, en el patio o en una conversación que he escuchado.

-¿La educación en España tiene que aprender de otros países?

-Podría hacerlo, por ejemplo, de los países anglosajones, donde hay universidades de primera, segunda y tercera y no pasa nada. Nosotros ahora mismo tenemos un sistema educativo donde no estamos dispuestos a admitir eso, a pesar de que los datos sean contumaces y los alumnos que tienen determinadas notas prefieran unas facultades a otras. No estamos dispuestos a admitir que la formación que recibe un alumno en la Universidad de Valladolid, por ejemplo, es mejor que la que recibe en la de La Laguna. Entonces, no hagamos distrito único, pero que los alumnos solo puedan acceder a las universidades de su comunidad. Sería una propuesta que no haría ningún político, porque lo colgarían del palo más alto. Así que, o aceptamos que tenemos un distrito único y jugamos todos con las mismas cartas, o nos planteamos en serio y que cada universidad sea competente para hace su proceso de selección.

-¿Y qué puede enseñar a los sistemas educativos de otros estados?

-Lo que ya estamos ya exportando. En conjunto, nuestros universitarios y estudiantes de Secundaria y Bachillerato tienen una formación muy buena en conocimientos y, de hecho, estamos exportando universitarios por ese motivo. España sigue apostando, aunque cada vez menos, por el tema del conocimiento como un valor. No todo es informática o realizar juegos, sino que tenemos que enseñar a los alumnos a pensar y ahí España sí que funciona bien. Pero lo primero que habría que intentar por todos los medios es que no cambiaran tanto las leyes educativas. Y eso que a pesar de siete reformas en treinta años estamos en lo más alto de informes como el PISA. Pero es que también tenemos grandes profesionales y buena colaboración de las familias. Ahora hay que concienciar a todos para atajar las dificultades que existen.

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