Canadá, tierra de aprendizaje

Tres alumnos de La Vaguada comienzan primero de Bachillerato en un instituto de British Columbia gracias a un programa de intercambio de la Junta

08.10.2016 | 02:39
Los tres zamoranos, a las puertas del instituto de British Columbia.

"Desde el momento en el que pisas tierras canadienses, aunque sea en el avión, ya empiezas a ver las diferencias con España: los grandes lagos que parecen no acabar o los bosques de película en los que parece que te vas a encontrar un ser fantástico en cualquier momento. Al llegar a tierra, esa impresión se mantiene y además la vives". Así describe Inés Carmen Pablo su primera impresión al llegar a Canadá, el país que la acoge desde finales de agosto para pasar sus primeras semanas de bachillerato en una inmersión total de educación y de idioma. La zamorana comparte su experiencia junto con dos compañeros del instituto La Vaguada, Ángel Francisco y Marina Álvarez, gracias a un programa de intercambio de estudios de la Junta de Castilla y León.

Tanto la familia de acogida -cuyos hijos les devolverán la visita en abril- como los compañeros del instituto Inmaculata Regional High School de British Columbia, la ciudad que durante estas semanas es su hogar, les han recibido con los brazos abiertos. "Siempre están pendientes de nosotros. A mí me estaban esperando en el aeropuerto con una pancarta de bienvenida", recuerda Ángel Francisco. "Te acogen como uno más de la familia y te ayudan en todo lo que necesites, cualquier problema o cualquier duda. Con los compañeros del instituto pasa lo mismo, desde el primer momento hablan contigo y se ofrecen en todo lo que necesites", agradece Inés Carmen Pablo.

Los tres reconocen que la beca les está ayudando mucho en mejorar su inglés. "A veces se te hace complicado encontrar cierta palabra, pero creo que estoy mejorando en la pronunciación y, sobre todo, estoy cogiendo soltura", subraya Marina Álvarez. "Cuesta mucho acostumbrarse al habla continuo de un idioma que, aunque llevamos muchos años estudiando y manejando, nuestro cerebro no entiende que hemos cambiado completamente, pero poco a poco nos manejamos mejor, hasta el punto de decir todo en inglés aunque estés hablando con un español", revela Inés Carmen Pablo. "Yo no tengo apenas problemas con el inglés y estoy aprendiendo mucho vocabulario, aunque a veces hablan muy rápido y cuesta entenderles. Pero se les pregunta que si pueden repetir y a la segunda ya lo pillas", añade Ángel Francisco.

Y es que si algo destacan de los canadienses es su amabilidad. "No solo te ayudan con cualquier problema, sino que también ayudan a los vecinos y hasta a gente que no conocen", asegura Inés Carmen Pablo. A pesar de ello, apuntan que ha habido algunos aspectos a los que les ha costado acostumbrarse, como los horarios de las comidas y las cenas, mucho más tempranas que en España.

Esta estancia también les está descubriendo nuevas aficiones. En el caso de Ángel Francisco disfruta de las clases de "cross country" que hay tras el instituto y que se basan en correr por caminos en el bosque o las montañas. "Cuando nos vamos a casa, si hace bueno, me voy con los chicos de mi familia y su abuelo en su barco a hacer deportes acuáticos y lo pasamos genial", asegura.

Sobre las diferencias entre la educación canadiense y española, Marina Álvarez afirma que es "total, desde la forma de dar las clases y trabajar hasta el momento de puntuar, no tiene absolutamente nada que ver". En ese sentido, su compañero explica que los exámenes "no cuentan prácticamente nada en la nota de la asignatura, solo un 20% del total", mientras que Inés Carmen Pablo asegura que "desde el momento en el que coges los típicos autobuses amarillos de las películas y te diriges a tu taquilla para coger los libros de las cuatro asignaturas del día, sabes que nada va a ser lo mismo que en España".

Aunque todavía les quedan semanas por aprender y disfrutar -regresan en octubre para incorporarse a sus clases en La Vaguada-, los tres recomiendan con ahínco esta experiencia "sin dudarlo", como subraya Luis Francisco. "Todos los momentos que vives son inolvidables pero además el contacto continuo con una cultura diferente y un idioma distinto es un buen modo de aprender nuevas cosas. Aunque estés un tiempo muy lejos de tu casa, merece muchísimo la pena", añade Inés Carmen Pablo para finalizar.

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